Donald Trump deambulando sin rumbo: ir a China por lana y volver transquilado

«Muchos van por lana y vuelven trasquilados». Ese antiquísimo refrán castellano que de acuerdo a la RAE alude «a quien fue a ofender y volvió ofendido, a quien busca más de lo que tiene y se queda sin lo que poseía, o a quien ha sufrido una pérdida o un perjuicio en lo que creía ganar o sacar beneficio», aplica como ningún otro a lo que ha sucedido en este segundo viaje de Donald Trump a China. .

 

Recordemos en este brevísimo párrafo la glamorosa visita de Donald y una Melania todavía poseedora de algunos encantos a Peking en 2017. Fue espléndida. Y Vogue no nos deja mentir.

Pero si hacemos un repaso de los incumplimientos por parte de los EEUU a lo acordado entre ambos países en aquella oportunidad, llegaremos a la conclusión de que tanto el recibimiento frío que las autoridades chinas le tenían reservado, como las advertencias que recibieron él y quienes lo acompañaban, tienen una entidad que trasciende lo anecdótico y aconseja no dejarlas caer en saco roto.

No parece que la visita haya estado precedida por conversaciones ni acuerdos previos. No hay indicios de que los miembros de su comitiva hayan podido realizar avances significativos ni que ese haya sido el motivo de su presencia en Peking. No llegó Trump con las cartas que había confiado tener en sus manos.

Y aunque Xi Jinping lo trató con deferencia, que haya sacado a relucir la Trampa de Tucídides, que haya comparado sutilmente los 5.000 años de historia China con los 250 años de vida independiente de los EEUU, y la realidad -que lo golpea en Medio Oriente-, han sido motivo suficiente como para que este hombre, tan ocupado siempre en pensar en el lucimiento de sí mismo, haya podido preguntarse más de una vez ¿qué hago yo aquí?

«Pero ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias?», le dice la sobrina a Don Quijote en el Capítulo VII, cuando ya loco de atar decide salir a la ventura por segunda vez, «¿No será mejor estarse pacífico en su casa, y no irse por el mundo a buscar más problemas de los que ya tiene, sin considerar que muchos van por lana y vuelven trasquilados?»

Donald Trump no tuvo sobrina, ni ama de llaves, ni un cura y un barbero amigos que hicieran el intento de volverlo a la cordura, y se podría decir en su disculpa que está rodeado de personajes como su hijo, Pete Hegseth, Stephen Miller o Marco Rubio, que siendo peores y más ignorantes que él, no hacen otra cosa que llevarlo por mala senda hacia las trampas que el destino le tiene preparadas, pero vayamos por partes, porque el camino es largo…

Parte 1 – Una trampa de Tucídides aún tendida en Ucrania

Mucho se ha dicho en la prensa en estos días acerca de la sorpresa de que Xi Jimping, apenas iniciado su discurso de bienvenida le haya recordado al Presidente de los EEUU la necesidad de que su país evite caer en lo que en geopolítica se suele denominar Trampa de Tucídides.

Y la sorpresa está motivada en que mencionar esa concepto es aludir demasiado directamente a la posibilidad de que se desate una guerra entre ambos países. Y no una guerra cualquiera, sino una que amenaza con ser devastadora.

En Diálogos, ya nos hemos referido extensamente a ese concepto, a su origen y a su actualidad, en dos notas que publicamos al inicio de la guerra en Ucrania: Biden, la Unión Europea y Ucrania en la Trampa de Tucídides (del 22 de febrero de 2022, una semana antes de la entrada de las fuerzas rusas a territorio ucraniano) y Nueva visita a la Trampa de Tucídides. Las miserias de la guerra, del 3 de abril de aquel mismo año.

En la primera de aquellas publicaciones, después de recordar la guerra que enfrentó a Atenas con Esparta, relatada por el historiador Tucídides hace 2500 años anotábamos:

«El politólogo estadounidense Graham T. Allison acuñó el término Trampa de Tucídides en 2012 para describir la tendencia hacia la guerra que se verifica cuando una potencia emergente desafía el estatus de una potencia dominante, y lo desarrolló luego en su libro Destined for War, de 2017, en el que advirtió que “China y Estados Unidos están en un curso de colisión que presagia una guerra”. 

Y le demos o no crédito a su oscuro presagio, lo cierto es que en las nieves de las llanuras ucranianas, la Trampa de Tucídides de nuestra época está ya tendida«.

Parecía obvio en aquel momento que el esfuerzo de los EEUU por extender las fronteras de la OTAN hacia el este implicaba no sólo desafiar la seguridad y la integridad territorial de Rusia, sino que significaba una estocada dirigida a las espaldas de China.

Por esa razón -y porque hoy es evidente que el ataque de los EEUU e Israel a Irán de inicios de este año van en la misma dirección-, no puede sorprendernos que Xi Jimping haya hecho uso de esa metáfora para dejar en claro que entiende hacia dónde se dirigen los EEUU cuando con diferentes excusas atacan las fuentes de donde China obtiene la energía que mueve todo su andamiaje industrial y tecnológico.

Pero lo intersante es que esta no ha sido la primera vez que menciona la Trampa de Tucídides, aunque el modo en que lo hace ha tenido algunas modificaciones en las que vale la pena reparar.

Parte 2 – La trampa y sus metamorfosis

Años de confianza y rules-based order

La primera referencia de Xi a la Trampa de Tucídides que los medios registran, fue la negación -un poco ingenua- de su existencia. Se produjo en Seattle, en septiembre de 2015, durante la presidencia de Barak Obama. En aquel momento dijo: “There is no such thing as the so-called Thucydides Trap.”

Era su sexta visita al país. La política estadounidense, y la del Partido Demócrata en particular, comenzaban a dar indicios de la imprevisibilidad y la agresividad que habían permanecido durante algunos años disimuladas tras la sonrisa cool de Obama y el progressive charm de su familia.

Se hacía inevitable el recuerdo de lo presagiado por Graham Allison tan solo tres años antes, pero eran tiempos de confianza en la globalización, el libre comercio y el «rules-based order«.

El imperio -a pesar de la sombra ominosa de Hillary- aún parecía estar timoneado por gente medianamente honesta. Y cuerda.

Años de amenazas y agravios

La segunda referencia de Xi Jimping a la Trampa de Tucídides ocurrió en octubre de 2023 durante un encuentro con el lider de la bancada mayoritaria en el Senado, el demócrata Chuck Schumer, y muchísima agua había corrido ya bajo los puentes desde aquel lejanísimo 2015.

Obama ya había demostrado en Libia y luego en Siria el mismo apetito por el petróleo que sus antecesores republicanos, y con relación a China se había propuesto llevar adelante un giro geopolítco de «engagement coupled with containment» que llamó «Pivot to Asia«. En buen romance, el establecimiento de un cerco comercial y el fortalecimiento de las bases miltares en lo que desde la Segunda Guerra Mundial se llama «la primera línea de contención»: Corea del Sur, Japón, Taiwán, Filipinas en Indonesia.

Durante la primera administración Trump (y a sólo 6 meses de aquella encantadora visita de 2017), se había desatado en contra de China una virtual guerra arancelaria y se había comenzado a prohibir la venta de chips avanzados para contener su desarrollo. Se había producido en Canadá la detención de Meng Huanzu, hija del fundador de Huawei. Trump y su banda MAGA de negadores de la realidad habían acusado a China de haber creado el virus del Covid 19 y la red 5G para destruir el mundo libre.

Luego, ya con Biden al mando y con su America is Back orgulloso y prematuramente senil, buques de guerra estadounidenses, canadienses y británicos atravesaban periódicamente el Estrecho de Taiwán con la excusa de asegurar una libre navegación que no había estado nunca amenazada. Y Nancy Pelosi, en un movimiento que quebrantaba todo el protocolo acordado entre los EEUU y China desde hacía tres décadas, había viajado a Taiwán en lo que ella misma definió como un «unwavering commitment to supporting Taiwan’s vibrant democracy».

En aquella oportunidad, en Diálogos comentamos la visita de Nancy Pelosi en una nota titulada Bailando en la cornisa de la historia. La catorce horas de Nancy en Taiwán y posiblemente no nos equivocábamos, porque pocos meses después, durante su encuentro con Schumer, el paciente Xi ya había variado el tono.

De la negación ¿ingenua? de la existencia de la Trampa de Tucídides en 2015, pasó a afirmar en 2023, que caer en ella no era necesariamente inevitable.

 “The ‘Thucydides’ Trap’ -dijo en aquella oportunidad- is not inevitable, and Planet Earth is vast enough to accommodate the respective development and common prosperity of China and the United States.”

Parte 3 – La trampa tendida en Irán

Si el ataque de los ejércitos de los EEUU e Israel que se desató la noche del 28 de febrero sobre Irán hubiera alcanzado los objetivos buscados además de asesinar a un lider religioso y a 156 niñas. Y si además se hubieran alcanzado en el plazo que Benjamín Netayahu, el Mossad y los hombres de confianza del la Casa Blanca habían prometido. Y si el pueblo iraní se hubiera levantado en contra de su gobierno, los Ayatolas y la Guardia Islámica. Y si hubiera tenido lugar el soñado «regime change». Y si un nuevo Sha gobernara un país roto, partido entre chíítas, suníes y kurdos. Y si los misiles que estaban escondidos bajo tierra hubieran sido menos. Y si hubieran sido menos efectivos. Y si en las primera horas no hubieran quedado 13 bases estadounidenses casi destruidas. Y si los gobernantes europeos llamados a colaborar no fueran una piara de cobardes resentidos. Y si el Estecho de Ormuz estuviera abierto como había estado siempre. Y si el petróleo fluyera ya -como el venezolano-, bajo estricto control de sus nuevos dueños, el viaje a China de Donald Trump, previsto para el 31 de marzo, no sólo se habría realizado en la fecha anunciada, sino que habría sido otro.

Incluso cabe pensar que hasta Melania habría sido otra vez de la partida y estaríamos hablando ahora de algunos de los espléndidos vestidos bordados que habría lucido en el Zhongnanhai, o en su visita al Templo del Cielo, o tomando el té, o yendo a la ópera en Peking.

Donald Trump, si se hubieran cumplido todos esos «si» que no se cumplieron, habría ido a China por lana, no habría tenido que suspender el viaje un mes y medio, y no habría vuelto como volvió, trasquilado.

Le hubiera podido decir a Xi Jimping «todo el Golfo Pérsico y todo su petróleo y su gas y sus derivados son míos. Y no sólo Europa tendrá que comprármelos si los quiere, sino que a ti te los venderé por cuentagotas, y al precio que a mi y a mis amigos nos guste. Las Guerras de Opio y los 100 Años que siguieron fueron apenas un antecedente de lo que está por venir».

En lugar de eso, su visita a China fue un deambular en el sentido estricto del término: ir de un lado a otro sin objetivo cierto. Un deambular, para colmo, humillado. No por su anfitrión, que lo trató bastante bien dadas las circunstancias, sino por su propia realidad de torpezas, senectud y fracasos.

Parte 4 – La pregunta sin respuesta

Si todo hubiera ocurrido como no ocurrió, si el poderío estadounidense no hubiera dado un traspié de ciego en Oriente Medio y estuviera en posición de seguir reclamando el liderazgo que a todas luces ha perdido o está a punto de perder, Xi Jinping no le habría preguntado a Donald Trump, impasible pero demostrando urgencia en que se le responda -y que se le responda seriamente-:

«The world has come to another crossroads. Can China and the U.S. overcome the so-called ‘Thucydides Trap’ and create a new paradigm of major-country relations?”

Esa pregunta (y esta tercera vez que China le habla a los EEUU directamente y en la cara del peligro que representan para el mundo), es la clave que nos permite entrever el resultado incierto de este viaje.

Se les dijo: tienen (tenemos; tiene el mundo) una oportunidad. No otra oportunidad, sino quizás la última.

Pero la pregunta, por lo que hemos visto, ha quedado sin respuesta. Y lo peor es que nadie podría decir qué harán a partir de ahora.

Pocos días antes del Viaje de Donald Trump a China, Robert Kagan, un neoconservador de cuidado de quien hablaremos en nuestra próxima edición, escribía en The Atlantic una sorprendente columna de opinió titulada «Jaque mate en Irán, Washington no podrá revertir o controlar las consecuencias de perder esta guerra» en la que afirmaba:

«It’s hard to think of a time when the United States suffered a total defeat in a conflict, a setback so decisive that the strategic loss could be neither repaired nor ignored. The calamitous losses suffered at Pearl Harbor, the Philippines, and throughout the Western Pacific in the first months of World War II were eventually reversed. The defeats in Vietnam and Afghanistan were costly but did not do lasting damage to America’s overall position in the world, because they were far from the main theaters of global competition. The initial failure in Iraq was mitigated by a shift in strategy that ultimately left Iraq relatively stable and unthreatening to its neighbors and kept the United States dominant in the region.

Defeat in the present confrontation with Iran will be of an entirely different character. It can neither be repaired nor ignored. There will be no return to the status quo ante, no ultimate American triumph that will undo or overcome the harm done».

A lo largo de toda su nota Robert Kagan detalla cada uno de los aspectos en los que los EEUU han sufrido una derrota abrumadora de la que, afirma, le será imposible recuperarse… pero lo interesante, como todo lo bueno, llega sobre el final.

Su propuesta -la única que según él tendría sentido- es escalar la guerra hasta obtener una rendición definitiva que le permita a los EEUU recuperar el prestigio perdido frente a propios y extraños, ocupando Irán e instalando allí un nuevo gobierno.

“US should engage in a full-scale ground and naval war to remove the current Iranian regime, and then to occupy Iran until a new government can take hold.”

No se dan tregua. No dan nada por perdido. Una vez que han dado la dentellada, quieren más.

Así las cosas y habiendo quedado tantas preguntas sin respuesta, cabe que nos hagamos nosotros mismos una pregunta ¿Donald Trump y los suyos, habiendo vuelto de China sin lana y trasquilados, podrán sobreponerse a la humillación y la vergüenza sin buscar -a tontas y a locas- la forma de causar más daño? Todo hace pensar que no.

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online