Un cuento de hadas: el Sha, Farah Diba y el primer golpe de Estado de la CIA

El periodismo suele dejarse dominar por el ritmo atropellado de la actualidad y pasar por alto los antecedentes históricos o las biografías apasionantes de los temas que aborda.

En el inicio de lo que leemos a diario acerca de la insensatez de Donald Trump, Irán, el petróleo, o el integrismo islámico, hubo también una historia de perlas, espionaje, asesinatos y elegancia. .

 

Estoy pensando en el mes de agosto de 1953. Quizá sea ese el momento de la historia Estados Unidos en que abandona su sentimiento de joven ex colonia, comprometida con las naciones que luchan por sacudirse a sus metrópolis, para comenzar a comportarse como un estado imperialista. Ese mes se produciría en Irán el primer golpe de Estado ideado por la CIA contra un presidente nacionalista con profundos sentimientos democráticos y de justicia.

La obra “Todos los hombres del sha. Un golpe de Estado norteamericano en las raíces del terror en Oriente Próximo” (Debate, 2005) relata de forma trepidante esos años en la historia de Irán. Con los oportunos precedentes históricos para conocer ese país y su cultura. Su autor, el veterano corresponsal del New York Times Stephen Kinzer, desvela el papel de la cultura chiíta y el islam en el pueblo iraní, los diferentes gobiernos que tuvo el país, los intentos de crear un poder legislativo y el choque brutal por el control de sus reservas petroleras con el imperio británico. Es en ese combate por la dignidad y soberanía de Irán donde surge la figura de Mossadegh, el líder nacionalista que llevará a Irán bajo su gobierno hacia la nacionalización de su petróleo y logrará despertar la admiración de su pueblo.

Una trama de espionaje e intrigas que nos irá descubriendo cómo Estados Unidos, poco a poco, va tomando el relevo del imperio británico en la toma del control de gobiernos y recursos naturales de países empobrecidos.

Pero quizás lo más asombroso es descubrir cómo esas intrigas para desestabilizar y derrocar un gobierno en los años cincuenta, son idénticas a las de hoy. Regar con dólares a líderes tribales y agitadores profesionales para poner en marcha movilizaciones, manifestaciones y disturbios, comprar a directores de periódicos para sembrar mentiras con las que calumniar a un gobierno, sobornar a políticos para votar según sus intereses, corromper a militares para buscar la adhesión de sectores del ejército y de la policía a la causa de subversión.

Métodos que se inauguran en Irán, mediante la que se llamó Operan Ayáx, y que se repitieron tan solo un año después en Guatemala, seguirán con Chile, Congo, Vietnam, Afganistán, Siria, Libia… y ya no pararán hasta hoy, donde se siguen utilizando, por ejemplo, contra Rusia, China (Hong Kong), Venezuela o Cuba. Y de nuevo en Irán.

Siempre el mismo patrón: intoxicación en medios de comunicación, creación de una estructura de agentes al servicio de la administración norteamericana y sus planes, sobornos a políticos sumisos locales, desestabilización mediante lumpen local e intervención mediante grupos armados del país previamente corrompidos. Todo muy aderezado con dólares, los que haga falta. Y si todo falla, intervención militar directa, con la complicidad de la Unión Europea, por supuesto.

Gracias a Estados Unidos, Oriente Medio en general e Irán en particular, truncó su avance hacia la democracia y el desarrollo para sumirse en varias décadas de ominosa y sangrienta dictadura del sha Muhammad Reza, un criminal y cobarde déspota aclamado por occidente durante su reinado. Una dictadura que sería finalmente derrocada por una revolución islámica en 1979. Fue entonces cuando los norteamericanos pudieron observar el odio hacia ellos del pueblo iraní y la opinión pública empezó a enterarse del golpe que la CIA gestó y ejecutó más de 35 años atrás.

Sería Bill Clinton, cuarenta y siete años después, quien reconoció oficialmente la implicación de su país: “En 1953, Estados Unidos desempeñó un papel significativo en la orquestación del derrocamiento del popular primer ministro de Irán, Muhammad Mossadegh”, afirmó. “La administración Eisenhower creyó que sus acciones estaban justificadas por motivos estratégicos. Sin embargo, el golpe fue, de modo claro, un retroceso para el desarrollo político de Irán. Y ahora resulta fácil entender por qué muchos iraníes siguen ofendidos por esa intervención de Estados Unidos en sus asuntos internos”. Pero como bien dice el autor, “la operación Ayax enseñó a los tiranos y aspirantes a tiranos de la región que los gobiernos más poderosos del mundo estarían dispuestos a tolerar la opresión sin límites mientras los regímenes opresores fueran amigos de Occidente y de las compañías petroleras occidentales”.

El sha Reza murió en el exilio, pero también con la impunidad. En 1980, su esposa y fiel acompañante durante las décadas de sus sangriento gobierno, la emperatriz Farah Diba continuaba ocupando las páginas de la revista Hola en España, aclamada por su elegancia y riqueza.

Y por si eso no fuera poco, su hijo aparece ahora como alternativa para “democratizar” Irán.

Y quizá para ir ayudando en todo aquí tenemos este titular de la revista Hola del pasado 17 de enero: Un vestido de Yves Saint Laurent, el mayor diamante rosa del mundo y 300 kilos de hortensia: recordamos la boda del último Sha de Persia y Farah Diba”.

Es curioso que Estados Unidos puso como emperador mediante un golpe de Estado al Sha de Persia hace 85 años y ahora quiera poner a su hijo diciendo que eso es la democracia.

 


 

Publicado originalmente en GLOBALTER

Pascual Serrano Jiménez.
Periodista y ensayista español​. Colabora con varios medios españoles y latinoamericanos abordando medios de comunicación y política internacional.​
Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”
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