La historia personal del nuevo alcalde de Nueva York ,Zohran Mamdani (joven, inmigrante, musulmán de origen indio nacido en Uganda, y socialista) ha generado curiosidad.. y las iras de Trump. Pero ¿a quién podría importarle conocer las vidas de su extraordinaria madre o de su ubicuo padre? ¡A nosotros, por supuesto! .
Una de los elementos de la campaña de Zohran Mandani que más ha llamado la atención y que seguramente ha influído más en el éxito logradoa, ha sido el multilingualismo.
No el uso de alguna palabra suelta para agradecer o despedirse, como hacen con mayor o menor torpeza -y hasta patetismo- todos los candidatos o candidatas que en los EEUU o en Canadá quieren congraciarse con un cierto público, sino la elaboración de mensajes de varios minutos en los que se detallaban sus principales propuestas en varios de los muchos idiomas que se hablan en entornos de tanta complejidad demográfica.
Como destaca Rashif Raza en su nota para The Conversation: Zohran Mamdani’s win shows how multilingualism bridges divides in diverse democracies, ese salto constante entre idiomas tanto en sus mensajes audiovisuales como en la propaganda impresa, fue un elemento clave para la «comprensión emocional» de sus propuestas.
«He repeated his call for affordability and fairness in Arabic, Bangla, Urdu-Hindi, and Spanish. His campaign videos and flyers mixed languages the way people do in everyday life, switching easily between English and the languages of home.
This was about more than translation; it was about recognition and connection with people».
Ese uso de varios idiomas y otro elemento destacable de su campaña: la escucha activa y la deliberación en lugar de la trasmisión vertical de los mensajes, no parece ser sólo una estrategia electoral. Zohran Momdani ha vivido en sociedades, geografías y paisajes humanos diferentes y en un hogar en el que convivían idiomas, religiones, tradiciones culturales e intereses intelectuales muy diversos.
Por esa razón nos ha parecido interesante acercarnos a su familia de origen. No es algo que hagamos con frecuencia cuando abordamos una personalidad del mundo de la política, pero en este caso, dejarnos llevar por la curiosidad puede valer la pena.
Mira Nair – Arte y compromiso social
La madre de Zohram Mamdani, Mira Nair, fue la primera directora india en ganar un León de Oro en el Festival de Cine de Venecia por “Monsoon Wedding” en 2001, pero ya se había dado a conocer cuando su ópera prima en el cine de ficción Salaam Bombay! de 1998, obtuvo más de 25 premios internacionales, incluyendo la Cámara de Oro en el Festival de Cine de Cannes y una nominación al Óscar a la Mejor Película Extranjera. Aún antes, en 1991, su documental Mississippi Masala había obtenido tres premios en el Festival de Cine de Venecia, incluyendo el de Mejor Guion.
Mira nació en 1957 en Rourkela, una ciudad industrial de la India, en el seno de una familia hindú, de clase media, de origen punjabi, y en su primera infancia, como muchas niñas de su clase, concurrió a colegios cristianos.
Durante su adolescencia vivió en Bhubaneswar, conocida como la Ciudad de los Templos, un enclave cultural en el confluyen las identidades hindú , budista y jainista, lo que la acostumbró a adaptarse a entornos culturales e idiomáticos diferentes, y a los dieciséis años, participó como actriz en un grupo de teatro callejero de denuncia en Calcuta, lo que moldeó la conciencia social que luego caracterizó su obra.
Estudió sociología en la Universidad de Delhi y en 1976, a los 19 años, tras rechazar una beca para continuar sus estudios en Cambridge por el recelo que le merecía Inglaterra como potencia colonial, obtuvo una beca en Harvard, en donde se graduó tres años después en Estudios Visuales y Ambientales. Esa singular combinación de sociología, artes visuales y estudios cinematográficos creó la combinación que marcó su estilo narrativo, que combinó siempre el análisis cultural con la creatividad visual.
Mira Nair comenzó su experiencia cinematográfica en 1979 dedicándose de lleno al género documental y abordando temáticas como el racismo y la inmigración en los EEUU o la situación de las mujeres y los niños en su país de origen, hasta que en 1983, tras el estreno de India Cabaret y después de haber convivido durante 4 meses con las bailarinas que protagonizaban el film, llegó a la conclusión de que la profundidad emocional de sus personajes requería un tratamiento que sólo podría alcanzar si se adentraba en otros modelos narrativos.
Así, Nair y su amiga Sooni Taraporevala escribieron juntas “Salaam Bombay!” estrenada en 1985, basada en sus observaciones de niños y jóvenes que viven en la calle, en la que trabajó con personajes reales, en una amalgama de ficción y realidad que aunque no fue un éxito de público, obtuvo 25 premios en festivales internacionales como Cannes o Venecia y una nominación al Oscar.
Pronto llegaría el éxito de público con «Mississippi Masala«, que abordó las relaciones interraciales en el sur profundo de Estados Unidos y fue ovacionada de pie en el Festival de Cine de Sundance de 1992, ganando tres premios en el Festival de Venecia, y años después, en 2001 alcanzó el definitivo reconocimiento con «Monsoon Wedding«.
Ese film, descrito por el crítico Roger Ebert como «una de esas películas alegres que trasciende las fronteras nacionales y celebra la naturaleza humana universal» toma como excusa una fiesta de bodas punjabí para explorar, con un presupuesto mínimo y un alarde de imaginación y capacidad técnica, la dinámica familiar, los matrimonios concertados y la transición de la India entre la tradición y la globalización. Monsoon Weding convirtió a Mira Nair en la primera mujer en ganar el León de Oro en el Festival de Venecia… y le permitió recaudar 30 millones de dólares en todo el mundo.
El reconocimiento internacional y lo recaudado por sus films le permitieron a Mira Nair emprender iniciativas de contenido social y cultural en la India y en África. En 1998, utilizó las ganancias de «Salaam Bombay!» para fundar el Salaam Baalak Trust, que apoya a niños de la calle en India, y en 2005, utilizó parte de las ganancias de Monsoon Weding para fundar el Maisha Film Lab en Uganda, que impulsa el desarrollo de cineastas emergentes de África Oriental bajo la consigna de «si no contamos nuestras propias historias, nadie más lo hará», que más adelante se transformó en: «Si no cuentas tu historia, alguien de Hollywood la contará».
Como dato adicional pero no menos importante, en julio de 2013, Nair rechazó una invitación al Festival Internacional de Cine de Haifa como «invitada de honor» en protesta por las políticas de Israel hacia Palestina . En aquel momento manifestó: «Iré a Israel cuando caigan los muros. Iré a Israel cuando termine la ocupación… Iré a Israel cuando el Estado no privilegie una religión sobre otra. Iré a Israel cuando termine el apartheid».
En 1977, Mira Nair había conocido a su primer marido, el fotógrafo Mitch Epstein, mientras cursaba clases de fotografía en la Universidad de Harvard. Él era su profesor y se casaron en 1981 en la India, en una boda tradicional punjabi a pesar de que Epstein era «un chico judío de Massachusetts». Estuvieron juntos doce años, ocho de ellos casados. Se divorciaron alrededor de 1989, el mismo año en que Mira conoció a Mahmood Mamdani.
Mahmood Mamdani. Diáspora y multiculturalidad
En marzo de 1989, mientras filmaba Mississippi Masala, Nair conoció a su segundo esposo, el antropólogo y analista político marxista Mahmood Mamdani. Había leído su libro De ciudadano a refugiado, sobre sus experiencias durante la expulsión de los asiáticos de Uganda bajo el regimen de Idi Amin, y tras su casamiento Nair se mudó con él al campus de la Universidad de Makerere, donde Mahmood impartía clases. Se casaron en 1991 y su hijo, Zohran Mamdani nació en Kampala, Uganda, ese mismo año.
Mahmood Mamdani nació en 1946 en Bombay, India, un año antes del fin del Raj británico. Se crio en Kampala, Uganda, como parte de la diáspora india en el sudeste africano. Sus padres, un matrimonio musulmán gujarati, habían nacido en el territorio británico de Tanganica (actual Tanzania). La pareja se mudó a Bombay mientras su padre estudiaba allí, pero luego la familia regresó a Dar es Salaam, Tanganica, cuando Mamdani tenía dos años, y se trasladó a Uganda cuando había cumplido seis.
En aquella época, Uganda estaba segregada racialmente, incluso en lo que respecta a las viviendas, las escuelas, las mezquitas y las zonas de juego infantiles. Mahmud creció hablando gujarati, urdu y suajili y comenzó a estudiar inglés en sexto grado.
Mamdani fue uno de los 23 estudiantes ugandeses que formaron parte del llamado Puente Aéreo Kennedy, un programa de becas financiado por Estados Unidos que le posibilitó estudiar en la Universidad de Pittsburgh, en la que se graduó en Ciencias Políticas en 1968, pero tres años antes, en 1965, ya había participado en los viajes a Mongomery, Alabama, organizados por el Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC) para protestar contra la segregación racial. Durante esa marcha fue detenido y encarcelado y fue en ese período que se acercó a la obra de Karl Marx, lo que luego profundizó cuando realizó su doctorado en Harvard, que obtuvo en 1974.
Mamdani había regresado a Uganda a principios de 1972, contratado por la Universidad Makerere en Kampala mientras realizaba su investigación doctoral, pero fue expulsado ese mismo año junto a la mayoría de los asiáticos, por lo que debió asilarse en un campo de refugiados en el Reino Unido.
A mediados de 1973, dejó Inglaterra, comenzó a trabajar en la Universidad de Dar es Salaam en Tanzania y regresó a Uganda tras el derrocamiento de Amin después de la guerra entre los dos países. Entre 1980 a 1993, trabajó nuevamente para la Universidad de Makerere y en 1984, mientras asistía a una conferencia en Dakar, Senegal, se convirtió en apátrida después de que el gobierno de Milton Obote le revocara la ciudadanía ugandesa debido a sus críticas a las políticas del gobierno. Regresó a Dar es Salaam y tras la segunda deposición de Obote, en 1986, Mamdani regresó a Uganda en donde tres años después conoció a Mira Nair.
Durante la década de los 90 Mamdani fue profesor visitante y dirigió cátedras de Estudios Africanos en la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sud África, en el Museo y Biblioteca Nehru, de Nueva Delhi y en la Universidad de Princeton en los EEUU, y finalmente, a partir de 1999, en la Universidad de Columbia en donde aún continua su labor docente y de investigación en temas vinculados al colonialismo y el poscolonialismo.
Los fantasmas de Donald Trump
Cuando uno recorre someramente como hemos hecho aquí las vidas de Mira Nair y Mahmud Mamdani, se hace evidente que el estudio, la migración, los múltiples idiomas, la búsqueda permanente, la inter-religiosidad, el conflicto con lo establecido, el buen gusto, la alegría de vivir, África, la India, el movimiento por los Derechos Civiles en EEUU, el interés por conocer y por mostrar, la generosidad, y la preocupación por los demás, han sido y siguen siendo una constante.
Y ese despliegue impresionante de transculturalidad permite comprender el desconcierto y la rabia de Donald Trump cuando ve que la mitad de la población de «su ciudad» -la ciudad en la que él y su padre hicieron fortuna fomentando el encarecimiento de las viviendas y el sufrimiento ajeno-, ha elegido a Zohram Mamdani como alcalde.
Que esté casado con Rama Duwaji, una ilustradora y ceramista nacida en Texas pero en una familia siria de Damasco -también musulmana-, que para colmo ha dedicado su obra en los últimos años a generar conciencia acerca del genocidio en Palestina, sobre los ataques israelíes en el Líbano, y sobre las víctimas de la Guerra Civil en Sudán, sólo puede aumentar ese malestar.
Es imposible saber si Mamdani podrá llevar adelente una buena gestión en Nueva York o si podrá insuflar en el Partido Demócrata algo de la decencia y el interés por la justicia que ya no tiene, pero saber que él y sus padres forman parte de los fantasmas con los que Trump seguramente se desvela, no deja de ser satisfactorio.
