¿Quién es y qué propone el candidato presidencial del Pacto Histórico?

A quienes siguen DIÁLOGOS no se les escapa que si viviéramos en Colombia y tuviéramos que votar este 31 de mayo, no tendríamos ninguna duda. Votaríamos por la fórmula presidencial del Pacto Histórico, conformada por el hoy senador Iván Cepeda y la también senadora indígena Aída Quilcué, que cuenta con el apoyo del actual presidente Gustavo Petro y de organizaciones campesinas y comunidades indígenas de todo el territorio colombiano. .

 

La coalición de izquierda que ambos representan ya se impuso en las elecciones al Congreso con 4,4 millones de sufragios, lo que le aseguró una primera minoría de 25 escaños en el Senado de la República y una representación regional que totaliza 39 escaños en la Cámara de Representantes.

Sin embargo, a pesar de que se descuenta que Pacto Histórico será la fuerza más votada en la primera vuelta que se celebrará en unos días, todo hace pensar que para asegurar un nuevo período presidencial 2026-230, habrá un balotage y que éste se celebrará el 21 de junio.

Esta semana, nos ha parecido oportuno presentar una semblanza del filósofo, escritor y especialista en Derecho Internacional Humanitario Iván Cepeda, y para ello hemos tomado la introducción de una extensa e interesante entrevista que le realizara, Mateo García Agudelo, subdirector del periódico El Tiempo, el 26 de abril de este mismo año.

 

El candidato presidencial que lidera las encuestas tuvo una infancia agitada; sus padres tuvieron que exiliarse en Praga cuando tenía apenas tres años; pasó su adolescencia en Ciudad Kennedy. Estudió filosofía en Bulgaria, y recuerda que los líderes comunistas, con la tragedia de Chernóbil, pedían sus alimentos del extranjero para no tener que lidiar con la radiactividad. Y lo desilusionaron. Volvió a Colombia. Vio desde un bus el cuerpo de su padre cuando lo asesinaron. Conoció a Gustavo Petro a mediados de los años noventa, cuando el hoy presidente estaba exiliado en Bruselas. Esta es la historia de un hombre que dice que siente un rechazo innato a la violencia, adora a sus tres perras y le gustaría no tener tantos guardaespaldas. 

Iván Cepeda Castro (Bogotá, 24 de octubre de 1962) no improvisa. Piensa cada palabra antes de hablar. Es considerado un gran orador, pero en esta campaña presidencial ha decidido escribir cada uno de los discursos que luego lee en plaza pública. Se levanta a las 4 de la mañana el día de la manifestación para escribir. Evita que el fervor de las masas lo lleve a hacer promesas que no se cumplirán y que se altere el rigor de su programa político. En esta campaña como candidato del Pacto Histórico lleva más de 60 discursos en diferentes regiones del país. Son la base de su plan de gobierno, que tiene más de 433 páginas.

El senador del Pacto Histórico es el líder en intención de voto para llegar a la Casa de Nariño según todas las encuestas que se conocen desde noviembre, luego de imponerse en la consulta interna de la izquierda. Su vida ha sido la política.
Es hijo de Manuel Cepeda y Yira Castro, dos reconocidos líderes comunistas que, desde muy niño, en el exilio, según cuenta, le enseñaron el compromiso con la gente y la crítica a la realidad.
A los 3 años llegó a vivir a La Habana y luego se trasladó con sus padres a Praga, en ese entonces Checoslovaquia. Al regresar al país, casi una década después, la familia Cepeda Castro se radicó en Kennedy, en el sur de Bogotá, donde la realidad del barrio, de la mano de las conversaciones en su casa y la imagen del golpe militar a Salvador Allende, lo activaron políticamente.
A los 13 años ya era un dirigente estudiantil y miembro de las Juventudes Comunistas. A los 19, luego de la muerte de su madre a causa de una enfermedad incurable, se fue a estudiar filosofía a Bulgaria, donde conoció de primera mano el modelo económico y social por el que lucharon sus papás.
Allí vivió de cerca la caída del llamado «socialismo real» y esos ideales con los que creció fueron cambiando y se volvió crítico del sistema. Regresó a Colombia. Se retiró del Partido Comunista, llegó a la Alianza Democrática M-19 y apoyó la candidatura de Bernardo Jaramillo Ossa, el dirigente de la UP, que fue asesinado en 1990 y que no era parte del “ala dura” de la izquierda. Esa decisión, la de unirse con Jaramillo Ossa, le generó varias discusiones con su padre, uno de los principales líderes del Partido Comunista.
Su vida se partió en dos el 9 de agosto de 1994. Ese día, mientras iba en un bus rumbo a la Universidad Javeriana, donde era profesor de filosofía, se encontró con el carro de su padre. En un primer momento pensó que se trataba de un accidente vial. La escena, sin embargo, era el epílogo del asesinato del entonces senador a manos de paramilitares.

Ante la falta de garantías judiciales, él mismo emprendió una lucha por conocer la verdad, que terminó en una condena contra el Estado. Su trabajo con las víctimas lo llevó en 2010 a la Cámara de Representantes, y en 2014, al Senado, en donde permaneció durante 3 períodos completos: 2014/2018; 2018/2022 y 2022/2026.

Tiempos de campaña

Extracto de UYPRESS – Agencia Uruguaya de Noticias

Cepeda centra su campaña en torno al concepto de «revolución ética». Afirma que la degradación moral del mundo es el resultado del modelo neoliberal, que transforma al ser humano en una mercancía, genera enormes dinámicas de corrupción en los estados y crea la posibilidad de que la violencia sea el único medio para resolver los conflictos. «Si eliminamos la pobreza, reducimos las desigualdades y desarrollamos económicamente los territorios aislados, podremos crear una economía agrícola próspera que respete mejor la naturaleza», dice.

Este defensor de los derechos humanos siempre busca resolver los conflictos por la vía de la conciliación. En 2012 fue nombrado facilitador del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, que se firmó en 2016. A partir de 2015 también se convirtió en mediador de las conversaciones de paz con el ELN, trabajo que sigue realizando con el gobierno de Gustavo Petro.

Los enfrentamientos entre las disidencias de las FARC y el ELN, que se prolongan desde 2025 en el Catatumbo, en la frontera con Venezuela, han provocado cerca de 80 muertos y más de 100.000 desplazados. Iván Cepeda considera que el papel de los pueblos indígenas es esencial, ya que son los primeros en sufrir el conflicto, junto con los campesinos y los afrocolombianos. «Llevamos 30 años dialogando con el ELN. Es hora de llegar a un acuerdo. Una vez en la presidencia del país, continuaremos con la política del actual presidente, pero corrigiendo algunos errores. Mi trabajo no se limitará a acciones puntuales, exigiré resultados con una política social fuerte por parte del Estado. La negociación determina no solo la construcción de la paz, sino también, y fundamentalmente, la transformación de los territorios. Mi programa no tiene otros objetivos, pero para lograrlo se necesitan varias condiciones. Una de ellas es la eliminación de la pobreza y las desigualdades».

Petro ha denunciado con firmeza la intervención militar estadounidense del 3 de enero en Venezuela. Según Cepeda, quienes reducen lo ocurrido en Venezuela al derrocamiento de un dictador ignoran de mala fe los verdaderos peligros a los que se enfrentan los pueblos hoy en día. El candidato a la presidencia de Colombia subraya que hay que preservar América Latina como zona de paz: «El mundo es testigo de la enorme fractura del orden internacional, del sistema de seguridad y paz en la región. Observamos el surgimiento de una doctrina muy peligrosa según la cual Estados Unidos domina el hemisferio occidental, decidiendo el destino de los pueblos, incluso el de los presidentes. Con el único objetivo de apropiarse de las riquezas de una nación, considerando que le pertenecen».

«Colombia ha sido durante décadas el laboratorio y la plataforma de la injerencia política, militar y económica, como el bombardeo con napalm contra las poblaciones campesinas en Villa Rica, en Tolima, en los años 60, el genocidio perpetrado contra la gloriosa Unión Patriótica, la práctica de la tortura, las desapariciones forzadas, la guerra psicológica, la financiación del paramilitarismo y sus masacres por parte de las multinacionales. ¿Vamos a permitir un nuevo capítulo de esta historia? Necesitamos forjar un gran movimiento mundial para enfrentarnos y derrotar a la extrema derecha, que se ha convertido en una internacional neofascista», afirma.

En cuanto al narcotráfico, Cepeda considera que el remedio aplicado por Estados Unidos para combatir las drogas es, en realidad, la enfermedad. Según el senador, la intervención del FBI y la DEA, la agencia antidrogas estadounidense, es una forma de prolongar una estrategia neoimperialista en América Latina. «Esta ‘guerra contra las drogas’ pervierte las instituciones. Estados Unidos ha inventado un sistema judicial que permite llegar a acuerdos para proporcionar información que se supone que conducirá a la captura de otros narcotraficantes. Se establecen alianzas entre algunos narcotraficantes para luchar contra otros. ¿Qué ocurre después? Surgen otros. Y ese no es el camino».

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