Desde 2016 en adelante, pero particularmente tras la pandemia, el movimiento feminista ha continuado fortaleciéndose pero enfrenta un creciente embate que, desde las ultraderechas y el conservadurismo más rancio cuestiona sus principios básicos, amenaza los derechos alcanzados, y aviva odios y resentimientos patriarcales que parecían superados. .
A continuación presentamos las Conclusiones de un extenso trabajo: La agenda antifeminista de la extrema derecha latinoamericana publicado en marzo por la Revista Tricontinental en el que se analizan las diferentes vertientes religiosas y políticas desde las que se atacan a las mujeres y sus agendas, y de qué modo eso se imbrica con las políticas de negación de la diversidad, la igualdad, y la justicia social.
El resurgimiento contemporáneo de las fuerzas conservadoras y de la ultraderecha debe entenderse como una reconfiguración profunda de las disputas por el orden social. Su ofensiva contra las mujeres, las disidencias sexo genéricas y los feminismos constituye un dispositivo estratégico en la restauración de jerarquías de género, raza y clase que sostienen su proyecto de reorganización aún más autoritaria del capitalismo. Lejos de ser un conjunto de posiciones “culturales”, la cruzada anti-género opera como tecnología política de masas, capaz de articular frustraciones sociales, descontentos económicos y ansiedades identitarias producidas por décadas de neoliberalismo. En este sentido, la agenda anti-género funciona como cemento ideológico en la construcción de las nuevas derechas radicalizadas, estableciendo enemigos internos, deslegitimando conquistas democratizadoras y erosionando las bases institucionales de la igualdad.
Luego de una década de estancamiento económico en América Latina, el proyecto político neoliberal se relanza articulado al resurgimiento de las fuerzas conservadoras, y deslinda la responsabilidad de su propio fracaso sobre los feminismos y las disidencias sexuales, en tanto actores movilizados internacionalmente que expresan posiciones antisistema y que han demostrado eficacia en la interpelación de las nuevas generaciones. Esta renovada complicidad del capitalismo en crisis y el patriarcado cuenta con los esfuerzos de organizaciones transnacionales y constituye un punto de unidad con un claro protagonismo de los fundamentalismos religiosos que coinciden en el objetivo de reclamar el campo de la moral y la familia conservadoras para sí.
Su accionar logra instalar un clima de polarización social –especialmente a través de las redes sociales– que dificulta la ampliación de derechos, apelando al miedo y la desinformación como herramientas de movilización. De este modo, se une a los actores transnacionales en la batalla de ideas que no solo disputan el terreno cultural y religioso, sino que también configuran dinámicas políticas a escala continental en contra de la igualdad de género y los derechos de las personas de las diversidades sexo genéricas.
El impacto político de la agenda anti-derechos se manifiesta en la capacidad de incidir en debates legislativos, en retrocesos institucionales y en procesos electorales. Han conseguido frenar o ralentizar proyectos de ley sobre educación sexual, aborto legal y cuotas de género. También han entorpecido o detenido políticas educativas inclusivas y obstaculizado la ampliación de derechos sexuales y reproductivos en distintos países, incluidos todos los analizados aquí. Influyeron en la desaparición o reducción de los presupuestos de los organismos dedicados a los derechos de las mujeres y a la igualdad de género. Han tenido incidencia en la elección de presidentes al menos en Brasil, Argentina, Ecuador y Costa Rica.
Sin embargo, la expansión de estas derechas no avanza sobre un terreno vacío: encuentra una sociedad atravesada por un ciclo de movilización feminista que elaboró imaginarios políticos construidos en procesos de movilización callejera, amplió lenguajes de derechos e instaló una crítica radical de la violencia estructural. La reacción conservadora también expresa, por tanto, el reconocimiento tácito de la potencia política de estos movimientos. Los ataques dirigidos a desfinanciar políticas de igualdad, criminalizar identidades y desarticular redes comunitarias buscan precisamente desmontar las infraestructuras sociales de la reproducción de la vida que los feminismos han visibilizado y fortalecido.
Así, la disputa actual se juega en un terreno más profundo: la definición misma del proyecto civilizatorio. Mientras las ultraderechas impulsan una restauración autoritaria que recentra la familia heterosexual, la subordinación de género, la destrucción del estado garantista y un orden productivo excluyente, los feminismos del Sur Global —con su énfasis en la reproducción social, la justicia material y la autonomía colectiva— proponen una reorganización de la vida social centrada en la vida por oposición a la acumulación capitalista. El desenlace de esta confrontación no está dado; pero su resultado tendrá efectos duraderos sobre la capacidad de las mayorías para imaginar y construir futuros emancipatorios frente a la crisis múltiple que atravesamos.
https://thetricontinental.org/es/dossier-agenda-derecha-contra-mujeres/
