Otra semana de Epic Fury. El fantasma de Iwo Jima y la huída de Trump hacia adelante

¿Lo sabremos el viernes 27 de marzo? Durante la noche previa y durante la madrugada, se habrán estado entornando ventanas de oportunidad que ya estaban cerradas. Finalizará una tregua de cinco días que nunca se produjo. Habrán terminado antes de iniciarse los acuerdos que nadie creyó que se estuvieran realizando. Ese día Trump estará más cerca que nunca de un hospicio, pero su país y el mundo ¿le permitirán seguir jugando? .

 

Se dice… al menos se dijo hasta ayer, miércoles 25 de marzo: «A former CIA officer confirms the US is deploying its most elite kill squads to the Middle East. Delta Force, SEAL Team 6, and the 75th Ranger Regiment are all moving into position right now. They are preparing for a massive ground invasion in Kharg.»

Quedémonos por ahora con eso que no sabemos si es o no cierto -y que si fuera cierto sería el inicio de una pesadilla- y retrocedamos apenas 72 horas, porque para resumir lo que ha sido esta semana deberemos ir hacia adelante y hacia atrás.

El lunes 23 por la mañana, minutos antes de que el presidente de los EEUU publicara en su red social que su ultimatum de 48 horas -ya vencido- se prolongaba por otros cinco días porque se estaban llevando adelante negociaciones muy constructivas con Iran, se produjeron una serie de operaciones bursátiles sorprendentes. Alrededor de las 6.50 AM  hubo una masiva compra en los futuros del S&P 500 por valor de 1.500 millones de dólares y, simultáneamente, una venta de futuros de petróleo por unos 192 millones de dólares.

Todo lleva a pensar que quienes realizaron esas operaciones que produjeron ganancias exhorbitantes en cuestión de minutos, ya conocían el contenido de los anuncios. Y si así fuera, podrían formar parte del círculo más estrecho del presidente estadounidense. Por otra parte, dado que la «calma en los mercados» que se produjo tras la sorpresa inicial sólo duró lo que un lirio y los precios del crudo y el gas volvieron a subir en cuanto Irán negó que existieran esas negociaciones, las sospechas se hacieron inevitables.

Dicho lo anterior… ¿a quién puede importarle que dos o tres especuladores financieros bien ubicados y con moral no muy límpida hayan hecho su agosto esa mañana aprovechando una información de la que sólo ellos disponían? El capitalismo, en el fondo, consiste en eso. En que algunos sepan cómo ganar mientras otros pierden, especialmente en tiempos de aguas turbulentas y pánicos bursátiles Y ya sabemos que eso siempre será mejor que el socialismo, que empobrece, embrutece y mata.

Pero bromas a un lado, si se contrasta lo que esa madrugada embolsaron cuatro especuladores inmobiliarios que ahora ofician de señores de la guerra con los costos reales del conflicto, lo que nos hayan hecho perder no es nada. Habrá sido un pequeño negocio más, entre tantos otros que posibilita la guerra -que para eso está.

Más allá de los negocios

Si vale la pena haber traido a cuento ese caso -del que se habló durante cuatro o cinco horas pero ya todos hemos olvidado- es para tomarlo como ejemplo de algo que nos podría dar una mejor comprensión de lo que pasará a partir del viernes 27.

Porque no es cierto que los EEUU e Israel no tuvieran un objetivo claro de lo que deseaban hacer el 28 de febrero cuando lanzaron su ataque conjunto contra Irán.

El problema que llevó a esta guerra en la que Donald Trump parece estar atrapado y con pocas salidas que no impliquen una huída desesperada hacia adelante y/o hacia la nada, no es de defecto sino de exceso.

No hay un objetivo porque hay muchísimos. Objetivos geopolíticos, objetivos de política interna de cada uno de los países implicados, objetivos económicos y financieros… Y son tantos y tan variados que repasarlos suscintamente llevaría todo el resto de esta nota.

Uno de esos objetivos -vale recordarlo- es de larga data e impicaría ponerle el punto final a la Clean Break Doctrine que ya en 1996 estableció la necesidad del cambio de regimen y la atomización en tribus y etnias de Irak, Siria, Líbano, Irán, Libia, Sudán y Somalia. De los siete resta sólo Irán en pie.

El plazo original que se habían planteado los círculos neo-conservadores de Israel y EEUU era de 5 años, pero ya sabemos que siempre surgen imprevistos y ¿qué podría darle mayor gloria al narcisista que patina de dorado cada florero de la Casa Blanca que terminar antes de las elecciones de medio término -¡y sin bajas!- lo que sus antecesores: Clinton, Bush, Obama, y Joe Biden fueron incapaces de concluir en casi tres décadas?

Lo de «sin bajas» puede parecer absurdo, pero desde el primer minuto de la guerra ese parece ser un imperativo moral acatado por toda la prensa.

Aparte de eso, que sería lo esencial, está lo contingente. Apropiarse del petróleo y el gas iraní como se apropiaron del de Venezuela. Desmembrar al único poder regional capaz de impedir que Israel sodomice toda la región reconquistando lo que Dios hace 3000 años decidió que fuera suyo. Obliterar los flujos de energía desde Rusia a la India y re-editar así en el sudeste asiático la  dependencia en la que sumieron a Europa a partir de la guerra de Ucrania. Cortar las vías de comercio terrestre entre el este y el oeste de Eurasia. Asegurar el control del Estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb, pero al mismo tiempo redireccionar los fluojos de energía que llegan a Europa para que necesariamente deban pasar a través de Israel (en este caso, territorio propio). Impedir que el comercio del petróleo se realice en otra moneda que no sea el dolar. Demostrarle a los dos bloques regionales que Irán integra (BRICS y ASEAN) -y con ellos al mundo-, que no valen nada. Que el mundo entero es Cuba.

Ante tanta desmesura podemos preguntarnos, como lo hace el ex-embajador británico en Medio Oriente Craig Murray en una nota que publicamos en esta misma edición:

«What if Trump’s apparently chaotic thought processes and intuitive decision making are all a blind, a charade? What if we are really witnessing, in the Middle East and more widely, a carefully constructed plan with very definite objectives? Has Trump in fact “planned each charted course, each careful step along the byway”, while flinging the chaff of apparent chaos?»

Posiblemente Craig Murray esté en lo cierto y si uno analiza la consistencia interna de todo ese paquete, no hay nada que parezca haber sido dejado al azar. Se trata de una Christmas Wishlist que lo tiene todo. Quizás más de lo que la realidad aconseja ambicionar.

Boots on the ground y bolsas negras

Como ya se ha hecho evidente, si alguien alentó la idea de que descabezando al régimen iraní se desataría en pocos días una revolución popular y feminista que instalaría al hijo del Sha y Fara Dibah en su trono de amatistas y de sangre, se equivocó. Y quien haya supuesto que podría rendir a un país de 1.000.000 de kilómetros cuadrados y 90 millones de habitantes desde el aire, con todos «nuestros muchachos» a salvo, con Israel entretenido asesinando con fósforo blanco civiles en el Líbano, y sin arriegar nada, no estuvo tampoco muy acertado.

Las cosas nunca suceden de ese modo e Irán, que ha sido capaz de desarrollar una resistencia con la que nadie soñaba (con o sin ayuda -eso lo iremos viendo), está colocando en jaque al mundo.

Ese mundo, que todavía hace lo posible por mantener el conflicto encapasulado en una entelequia a la que llamamos Medio Oriente, no podrá ajustarse a los nuevos precios del petróleo sin experimentar una crisis profuna, y sentirá pronto la escasez de todo lo que se produce globalmente con sus derivados, desde los medicamentos que se fabrican en India para todo el planeta, hasta los fertilizantes que deberán utilizarse en el Hemisferio Norte en esta primavera.

También habrá que contar, cuando se pase raya, los años que llevará reconstruir las refinerías y los oleductos que hoy se han transformado en humaredas negras y lluvias ácidas, o lo que le pasaría a las poblaciones de las petromonarquías del Golfo si Irán decidiera hacer volar por los aires las plantas de desalización que permiten que ni los jeques, ni los camellos, ni los turistas, ni los inmigrantes semiesclavizados que trabajan para todos ellos, mueran de sed.

The Economist acaba de exponer sin rodeos las «cuatro malas opciones» de Estados Unidos para la guerra en Irán.

1) Negociar, una opción obvia pero que es, paradójicamente, el escenario en el que EEUU experimentará mayores dificultades ya que Irán no puede confiar en lo que acuerde con quienes lo atacaron dos veces en menos de 7 meses mientras fingían estar negociando. Ni el Plan de 15 puntos presentado por EEUU, ni el de 5 puntos presentado por Irán, parecen estar diseñados para otra cosa que para buscar el aplazamiento de las conversaciones.

2) Una declaración unilateral de victoria que le permita a Donald Trump retirarse a tiempo del pantano en el que está, pero que dejaría a Irán bloqueando el Estrecho de Ormuz, con sus existencias de uranio enriquecido intactas, y con la sensación global de que los EEUU han sido derrotados.

3) Continuar con varias semanas más de ataques aéreos, que podrían provocar ataques iraníes contra infraestructura crítica en el Golfo y harían inevitable que la crisis energética afectara a todo el planeta. Por poner aquí sólo un ejemplo de cosas que podrían tener un efecto diferente al deseado por los EEUU: ¿deberá ser China quien socorra a Taiwan si los petroleros detenidos en Ormuz no llegan a tiempo?

4) Intensificar el conflicto, incluyendo desembarcos anfibios en alguna de las islas del Golfo, lo que acarrearía un peligro aún mayor: la prolongación sine die de la guerra, un incremento de los daños de la crisis a nivel global, y la posibilidad de que pronto CNN muestre a «nuestros muchachos» de regreso, dentro de las tan temidas bolsas negras.

El sex appeal del fantasma de Iwo Jima

Por ahora, la Casa Blanca parece estar inclinándose por una extraña mezcla del primer y el cuarto punto. Con JD Vance en sustitución de los dos agentes inmobiliarios que hasta la semana pasada fingían negociar, y el anuncio de un inminente desembarco de varios miles de marines y paracaidistas que el Pentágono y Fox News -que no le va en zaga en saña sensacionalista- ya están comparando con el asalto de las tropas estadounidenses a Iwo Jima en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial

En Iwo Jima o Isla del Azufre, un islote volcánico reseco, agrietado y pestilente de 30 km2 situado a 1200 km de la costa de Japón, se enfrentaron 70.000 marines estadounidenses y 21.000 soldados japoneses que la defendían.  Murieron entre febrero y marzo de 1945 20.600 japoneses (400 fueron recogidos heridos del campo de batalla), y algo menos de 7.000 infantes de marina estadounidenses. Los japoneses sabían, desde antes de comenzar el combate, que eran inferiores en número y que carecían del armamento adecuado. Pero sabían además que la guerra estaba ya perdida.

Las banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, dos producciones de Clint Eastwood de 2006 nos dieron en su momento una visión estremecedora de lo que fue aquella carnicería.

En contraste con la ubicación geográfica de Iwo Jima y con el momento de la guerra en el que se desarrolló aquella hecatombe, las dos opciones que la prensa maneja como posibles lugares de desembarco, las islas de Kargh y Qeshm, están demasiado cerca de la costa continental, lo que haría imposible que las fuerzas que eventualmente se hicieran de su control, lo mantuvieran. Pero además, no estamos sobre el fin de una guerra como en 1945, sino exactamente en su punto de partida.

Y por supuesto, no atacarán las islas del Golfo 70.000 efectivos sino, al parecer y según adelantan los entendidos, 7.000 «elite kill squads».

Como adelanta Harrison Mann en su columna de Responsible Statecraft Seizing Iran’s «crown jewel» would be a suicide mission:

Kharg is a pitch tailor-made for Trump: A daring made-for TV assault to “take the oil” combines Trump’s penchants for military spectacle and seizing natural resources, most recently on display in Venezuela. Most importantly, unlike other proposals including raiding nuclear sites, Kharg supposedly promises the total victory Trump expected when he started this war. All he has to do is take an island smaller than Manhattan south of Trump Tower.

It won’t work.

The tactical picture is even worse. For the troops unlucky enough to receive orders to take Kharg, the operation would land somewhere between a suicide mission and a self-imposed hostage crisis.

El fantasma de Iwo Jima, ¿quién podría negarlo? tiene un innegable sex appeal en el imaginario norteamericano.

Ese sex appeal se inició con aquella famosa foto de cinco soldados sosteniendo el mástil de una bandera -que hoy sabemos que no fue mucho más que un montaje afortunado que romantizó y le aportó épica visual a la matanza-, y continuó con una larga serie de producciones de Holywood que la tomaron como ejemplo del poderío y el empuje de America, por lo que emular aquel mito sangriento quizás sea una tentación que Donald Trump simplemente no podrá resistir.

After Kharg: Glory!, le susurran quizás sus asesores, Melania o sus propios fantasmas al oído.

Todo indica que no debería hacerlo, pero ¿se podrá confiar en su salud mental o en la de quienes lo han acompañado hasta aquí en esta aventura con demasiados objetivos pero empapada en hubris, envuelta en religión y fasedades, y sobre todo sin sentido?

Crucemos los dedos para que la cuarta semana de Epic Fury no termine con mas desgracias.

 

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online