El misil que cae sobre la primavera de Teherán, finaciará el que enlute el verano de Kiev

Los sistemas complejos hacen imposible que quienes no son capaces de comprender la compejidad, los intervengan acertadamente. Eso precisamente lo que intentamos trasmitir en nuestro Editorial de esta misma edición.
En esta nota, Alberto Miranda nos ubica frente a un efecto no buscado pero ahora evidente del ataque del 28/2. La estupidez se aferra a la maldad. .

 

La consecuencia de segundo orden del bombardeo a Irán que nadie quiere ver.

El Urals es la mezcla de crudo que exporta Rusia, es el equivalente al Brent pero el Brent es global y el Urals es sólo ruso. Es su petróleo de referencia, el del Volga y Siberia. Cada vez que alguien en el telediario de Antena 3 dice «el precio del petróleo ruso se desploma» está hablando del Urals, aunque no lo sepa, que suele ser el caso.
Es digamos, el grifo que, junto con el gas, llena una parte crucial de las arcas del Kremlin. No la mayor parte, Rusia no es Arabia Saudí, pero sí la más sensible. Porque lo que el petróleo aporta a Rusia es lo que en Cuba aporta el turismo: divisa extranjera. Es lo que alimenta las reservas, es lo que permite financiar importaciones de componentes militares; es muy importante para Moscú.
Cuando el Urals cae por debajo del umbral presupuestario, el déficit se dispara y el Fondo Nacional de Bienestar se queda vacío. Cuando sube, las arcas públicas respiran.
Si usted quiere saber si las sanciones energéticas de la UE a Rusia funcionan, no pierda el tiempo leyendo comunicados de Bruselas. Mire el precio del Urals. Es el único indicador que no miente, porque es un precio de mercado y los mercados son muchas cosas pero mentirosos no son.

El torniquete económico

Europa llevaba dos años aplicando a Rusia un torniquete económico. Sanciones, topes de precio, toda la artillería disponible. Bruselas hizo lo único que sabe hacer: regulación, burocracia, presión lenta. Y por una vez en la vida, el resultado era visible. El Urals estaba cotizando en la zona de los 55 dólares el barril, según la referencia que se tome, algunas fuentes lo situaban incluso por debajo de 40 en el punto de embarque. Los ingresos fiscales de Rusia por petróleo en enero de 2026 cayeron a unos 4.700 millones de dólares, el nivel más bajo desde finales de 2022. En enero y febrero, el Tesoro ruso ya había agotado el 91% del déficit presupuestario previsto para todo el año. El presupuesto de 2026 asumía un Urals a 59 dólares de media. No daba.
El mercado global de petróleo había entrado en superávit. La AIE preveía un excedente de más de 4 millones de barriles diarios. La demanda se enfriaba por la guerra arancelaria de Trump y la desaceleración global. OPEP+ recortaba producción. Es decir: las sanciones europeas a Rusia estaban funcionando, sí, pero contaban con el viento a favor de un ciclo de precios bajos. Parte de la asfixia era el torniquete; parte era la propia inercia del momento.
El caso es que la economía rusa se estaba resintiendo casi tanto como la europea.

Y entonces Trump bombardeó Irán

¿Qué pasa cuando bombardeas al país que controla el Estrecho de Ormuz, el principal cuello de botella del planeta, un chokepoint por donde pasa un 20% del petróleo mundial? Pasa exactamente lo que cualquiera podría predecir: el estrecho se cierra, no con una armada, sino con drones baratos y primas de seguros por las nubes, que es mucho más elegante y mucho más difícil de resolver, y el precio del petróleo se dispara. ¿Todo el petróleo? Todo. ¿También el ruso? También.
El Urals ha subido a más de 90 dólares. En India, con costes de transporte incluidos, ha tocado los 99. Según el Financial Times, la subida genera hasta 150 millones de dólares diarios de ingresos adicionales para el presupuesto ruso. No solo por encima de los 59 dólares que el propio Kremlin necesitaba para cuadrar las cuentas. Muy por encima. Lo suficiente para que el déficit fiscal que asfixiaba a Rusia en febrero se convierta, si los precios se mantienen unos meses, en un colchón inesperado.
Léanlo otra vez, porque merece una segunda lectura: la guerra que Trump está perdiendo contra Irán está financiando la guerra de desgaste de Putin contra Ucrania. El país que lidera la OTAN ha dinamitado, con sus propios misiles, la estrategia económica de la OTAN para asfixiar a Rusia.

Una «mente brillante»

Además, Irán está jugando un cierre selectivo del estrecho: deja pasar a Turquía, India, Pakistán, pero bloquea a aliados occidentales. Eso introduce una asimetría que beneficia parcialmente a los clientes de Rusia.
Lo bonito de esto es que nadie lo planificó. Nadie se sentó en una sala y dijo «vamos a financiar a Putin». Esa es precisamente la gracia de los sistemas complejos: no necesitan conspiración. Solo necesitan que alguien actúe sin entender el sistema sobre el que está actuando.
¿Y Europa?
Pues Europa lleva dos años de disciplina económica. Dos años pagando la factura energética con su propia recesión. Dos años resistiendo: con industrias alemanas cerrando, con facturas del gas que triplican las de antes de la guerra, con ciudadanos apretándose el cinturón. Dos años, incluso, tras un sabotaje contra su principal suministro energético ejecutado, probablemente, por un aliado. Y, aun así, dos años en los que Alemania ha sostenido públicamente que la voladura del Nord Stream fue obra de Rusia mientras sonreía para la foto junto a Zelenski. Todo eso Europa.
Y como si te dan una colleja y no respondes, al día siguiente te llevas otra colleja, pues resulta que el gran aliado transatlántico, el líder del mundo libre, el que siempre pide más compromiso en las cumbres, el del 5%, acaba de volar el torniquete que te obligó a ponerle a Rusia con un misil de crucero sobre Teherán. No por maldad. Por algo mucho peor: por no haber pensado en ello. O, si lo pensó, por haber decidido que Europa no entraba en la ecuación y era sacrificable su esfuerzo, por pusilánime.

La clave

Y esto, precisamente esto, revela una carencia que debería preocuparnos más que cualquier misil: no hay analistas profesionales de sistemas complejos en los gobiernos, en las altas instancias militares, en las administraciones públicas. No hablo de politólogos, tertulianos o generales retirados, que también aportan. Hablo de especialistas cuyo trabajo consista en anticipar dinámicas. Profesionales formados para pensar varios movimientos por delante, capaces de evaluar una decisión no sólo por lo que resuelve en el corto plazo y en forma lineal, sino por las cadenas de efectos que pone en marcha. Profesionales que sepan modelar bucles de retroalimentación, consecuencias de segundo y tercer orden, incentivos cruzados entre actores que ni siquiera se sientan en la misma mesa.
Si alguien con esa formación hubiera estado en la sala cuando se planificó el bombardeo de Irán, habría levantado la mano y habría dicho: «Señores, el precio del Urals.»
Alberto J. Miranda – Director Ejecutivo del Instituto Beatriz Galindos
Empresario en el sector de la formación privada y en la creación y gestión de proyectos educativos.
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