Irán, el Caribe, Ucrania y Munich. Cuatro escenarios de una guerra contra el tiempo (1)

Mientras entramos en el 5º año de la guerra en Ucrania, más de la tercera parte del poder aéreo estadounidense se concentra en el Golfo de Omán y en el Mediterráneo oriental. Cuba intentará no ser Venezuela. Y Marco Rubio, en Munich, fue ovacionado de pie por anunciar un nuevo Imperio Occidental sin el lastre de la piedad o la vergüenza. ¡Bienvenidos a una guerra contra el tiempo! .

Ucrania: el desastre sin fin

Hay temas de los que ya hemos hablado en Diálogos bastante más de lo conveniente. Ucrania es un ejemplo.

Lo que pensábamos hace 4 años acerca del origen de la guerra y la responsabilidad que le cupo a la OTAN y a la administración Biden en su inevitabilidad, quedó plasmado en nuestras páginas desde el primer día del conflicto. No lo ocultamos y nos costó algunos amigos.

Podríamos habernos equivocado cuando anticipábamos en qué terminaría la aventura que había comenzado en 2014, en el Maidán. Pensábamos que Ucrania sufriría no sólo una derrota militar sino que el desplome demográfico y que el hundimiento de su economía en la negrura de las deudas y «esfuerzo bélico» la colocaría al borde de su inviabilidad como nación independiente. Y esa es la cruda realidad.

Lejos quedaron aquellos días del «as long as it takes» repetido como un mantra hasta el hartazgo; lejos quedaron los pujos guerreros de Justin Trudeau y Chrystia Freeland -por citar sólo a dos de aquellos infaltables visitantes de una Kiev que hace dos años todavía tenía esperanzas, neonazis tatuados, y electricidad.

Sin embargo, y si bien a lo largo de todos estos años la actitud entre necia y miserable del liderazgo europeo resultaba particularmente difícil de entender, hay algo que ya hoy es evidente. Han dado -o creen estar dispuestos a dar- un paso más.

Si en algún momento EEUU pudo fantasear con la balcanización de Rusia en cuatro o cinco entidades independientes, enemistadas y guerreando entre sí, y fácilmente domesticables, el empecinamiento de la Unión Europea hoy es de una naturaleza diferente.

Quien los humilla casi a diario les ha encomendado quebrar -en Rusia; en el corazón de Eurasia- las espaldas de China. A cambio de eso, como veremos luego, les prometen no dejarlos fuera del festín. Aunque ni Kaja Kalas le ha encontrado el cómo, ni Emmanuel Macron o Keir Starmer conocen el camino.

De todos modos y aunque tiene su gracia, para un país que ya ha perdido casi un 25% de su población (en especial sus mujeres en edad reproductiva) y que ha sufrido tanto, que quienes les juran amistad eterna los sigan empujando hacia el desastre, debe ser terrible -aunque parezcan estar acostumbrados.

Para el mundo, sin embargo, el peligro de nuclearización en este primer y sangriento escenario de una guerra que se anuncia global, no podría ser mayor.

Irán, Alejandro, y el nudo gordiano

Irán no es solamente una teocracia que a quienes no creemos en esas cosas nos puede caer pesada. Y por supuesto, no es la única ni la peor. También es una nación milenaria, enorme, compleja, inmensamente rica en hidrocarburos y gas, y culta. Que desde 1953 (cuando la CIA y el M16 de la Corona Británica derrocaron al Primer Ministro Mohammad Mossaddegh y reinstalaron en el trono al Sha Reza Pahlavi y a su corte de corruptos y asesinos), no ha tenido concierto ni paz duradera.

Pero no sólo interesa qué es Irán, sino sobre todo importa dónde está.

Irán se extiende desde las estribaciones meridionales del Cáucaso y el Mar Caspio (la frontera física entre Europa del Este y Asia), hasta el Océano Índico. Y ocupa todo el margen noreste del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, por lo que tiene el virtual control del Estrecho de Ormuz, por donde pasan diariamente, en su camino hacia el este y hacia Europa 20.000.000 de barriles de petróleo. El 20% de la producción mundial. Es entonces el eslabón imprescindible de la integración euroasiática y un hito crucial de la nueva Ruta de la Seda.

Que el Pentágono planee hacer con Irán lo que hizo con Siria ahora que las fronteras imaginarias de Sión se mueven hacia el este, no es descabellado. Desde los antiguos textos bíblicos hasta el inefable embajador de los EEUU en Israel Michael Huckabee están convencidos de que ese ha sido el plan de Dios desde el inicio de los tiempos. Y con Dios, en especial el que opera desde las páginas del Antiguo Testamento, no se discute.

Para el grueso de los analistas, lo inaceptables que son las condiciones que EEUU está planteando en las negociaciones referidas al enriquecimiento de uranio y al alcance de sus misiles, sumadas al volumen de las fuerzas que han acumulado en los dos últimos meses tanto en el Golfo Pérsico como en el Maditerráneo, sólo pueden explicarse si la decisión de atacar a Irán ya estuviera tomada.

Lo que es imposible prever es qué pasará si lo hacen.

1) Porque Irán no es Venezuela ni es Siria (véase en el mapa la protección que las cadenas montañosas y los desiertos le prestan a la capital del país). 2) Porque las bases militares que los EEUU tienen en la margen occidental del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán quedarían al alcance de los misiles iraníes en cuestión de minutos. 3) Porque la desintegración de Irán supondría para China un revés demasiado duro como para que la oberven lacónicamente y sin decir una palabra. 4) Porque implicaría para Rusia que se abra una zona de inestabilidad étnica, religiosa y política precisamente en su bajo vientre. Y 4) porque si hubiera una guerra de varias semanas o varios meses, la interrupción del flujo de petróleo a través del Estecho de Ormuz sería para la economía mundial -y especialmente para las economía de la India y de China- un factor de riesgo demasiado alto.

Y no hablemos de los muertos.

Donald Trump en su laberinto

No muy lejos de lo que es actualmente Irán, en Anatolia, se encontraba la ciudad frigia de Gordium. Cuenta la leyenda que cuando en el 333 antes de Cristo, Alejandro de Macedonia llegó hasta allí con sus tropas, le presentaron un famoso nudo que nadie había podido desatar hasta entonces. Los hombres sabios de la época aseguraban que quien pudiera hacerlo sería el conquistador de toda Asia.

Se dice que Alejandro, luego llamado el Magno, que por entonces tenía 23 años y estaba en el pico de su valor y de su arrojo, sin bajar de su caballo desenvainó la espada y cortó el nudo de un sólo golpe. Y desde entonces «cortar el nudo gordiano» se utiliza como metáfora de la solución de un problema utilizando mecanismos inesperados y drásticos.

No podemos saber si Donald Trump conoce esta vieja historia. Podemos sí pensar que la idea de cortar el nudo gordiano que Irán representa en la región y de ese modo obliterar las vías de comunicación terrestre de China con Europa y de India con Rusia, desangrando de paso a los BRICS, debería seducirlo.

Para alguien capaz de hacer dorar todos los marcos y los candelabros de la Oficina Oval como si todos los días fueran Navidad… para un hombre que gasta sus ocios jugando al golf, diciendo sandeces, y coleccionando a su alrededor a toda una troupe de mujeres con rostros artificialmente tersos y miradas realmente torvas, la posibilidad de olvidar por un momento el laberinto en el que se ha metido y superar al mayor estaratega de la Historia no debe ser algo desdeñable.

Pero quizás alguien se acercará y le susurrará al oído el final de aquella historia.

Alejandro murió 10 años después en la flor de la edad, en medio de una orgía un poco infame con sus generales, sin haber conquistado Asia Y sin haber podido llegar siquiera a las fronteras de la India o de la China.

Su guerra -y la de su país, porque no es sólo él el único loco de esta malhadada historia-, además de ser múltiple y desaforada, es una guerra en contra del tiempo y la decadencia. Y en esas guerras, por lo general, todos pierden.

Quizás lo entienda y esta vez no meta las patas en la fuente.

Nos hemos extendido más de la cuenta, por lo que llegaremos a lo anunciado en el título (el Caribe, la vocación cubana por dar sorpresas, y la ensoñación grandiosa de Marco Rubio en Munich) en la segunda parte de esta nota. La acompañeremos además con una nueva sección de DIÁLOGOS: Charlas de café con la IA.

 

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online