Tragedia y farsa de un imperio en busca de lo que no es suyo (2)

En esta ilustración de William Allen Rogers de 1904, inspirada en un episodio de Los Viajes de Gulliver, Theodore Roosevelt es un gigante orgulloso, que avanza a través del Caribe con el gran garrote que caracterizó su política internacional y con un cuchillo desnudo y una enorme pistola en su cintura. Es una imagen impresionante, pero veámosla en mayor detalle. .

En las orillas de ese mar Caribe que para nuestro personaje es apenas un charco, vemos los países que aquel año están siendo visitados por las cañoneras que arrastra el Presidente de los EEUU detrás suyo. Los países son Venezuela, Panamá, México, Cuba y Santo Domingo. Los buques de guerra tienen nombres que no dejan lugar a dudas sobre cuál es su función: The Receiver, Debt Collector y Sheriff. Desde el horizonte llega una bandada de buitres.

Roosevelt y su mundo

Como hemos visto en notas anteriores, a cosecuencia del bloqueo naval a Venezuela por parte de varias potencias europeas en 1902, y tras el papel de «mediador» cumplido por EEUU -que le garantizó luego hacerse con el control de su deuda y su comercio- el Presidente Theodore Roosevelt -que había comandado las fuerzas que intervinieron en Cuba en 1898, el hombre que recomendaba el uso de un «gran garrote» en las relaciones internacionales, y uno de los personajes de la historia norteamericana más admirados por Donald Trump-, vio llegado el momento de realizar una «puesta al día» de lo que hasta ese momento había sido una Doctrina elocuente pero poco eficaz.

Así, en el Roosevelt Corollary -en medio de la conocida monserga acerca de Dios y de la responsablidad que depositó en los EEUU para asegurar la Ley y el Orden en su hemisferio-,- quedó establecido que los EEUU tienen el derecho a intervenir como un international police power en los países latinoamericanos cuando sus propios intereses se ven afectados, o cada vez que esos países demuestren que no saben gobernarse a si mismos como la nación que los tienen bajo su tutela les indica.

Vale la pena repasar algunos de sus párrafos, que harán innecesarios nuestros comentarios.

Chronic wrongdoing, or an impotence which results in a general loosening of the ties of civilized society, may in America, as elsewhere, ultimately require intervention by some civilized nation, and in the Western Hemisphere the adherence of the United States to the Monroe Doctrine may force the United States, however reluctantly, in flagrant cases of such wrongdoing or impotence, to the exercise of an international police power.

Our interests and those of our southern neighbors are in reality identical. They have great natural riches, and if within their borders the reign of law and justice obtains, prosperity is sure to come to them. While they thus obey the primary laws of civilized society they may rest assured that they will be treated by us in a spirit of cordial and helpful sympathy.

We would interfere with them only in the last resort, and then only if it became evident that their inability or unwillingness to do justice at home and abroad had violated the rights of the United States or had invited foreign aggression to the detriment of the entire body of American nations.

It is a mere truism to say that every nation, whether in America or anywhere else, which desires to maintain its freedom, its independence, must ultimately realize that the right of such independence can not be separated from the responsibility of making good use of it.

In asserting the Monroe Doctrine, in taking such steps as we have taken in regard to Cuba, Venezuela, and Panama, and in endeavoring to circumscribe the theatre of war in the Far East, and to secure the open door in China, we have acted in our own interest as well as in the interest of humanity at large.

Detalles al margen

En aquellos años de inicios del Siglo XX el interés esencial de los EEUU estaba focalizado en controlar con mano firme cuanto acontecía en su «patio trasero», con especial énfasis en el Caribe. De ahí que en el Corolario Roosevelt se hiciera expresa alusión a Cuba -invadida 4 años antes-, a Venezuela -intervenida en 1902-, y a Panamá,- un territorio cuya separación violenta de Colombia en 1903, le permitió a los EEUU construir «su» Canal-.

No puede sorprendernos, porque conocemos cuáles han sido los intereses norteamericanos en «su» hemisferio desde siempre, que las great natural riches de los southern neighbors aparezcan mencionadas explícitamente como algo a preservar de influencias extra-hemisféricas. Se trata de la misma obsesión que vertebra el America First de nuestros días.

Pero vale además tomar nota de dos cuestiones que aparecen en aquel documento, y que también nos remiten al presente.

La primera es la mención al theatre of war in the Far East (una alusión a la brutal guerra filipino-estadounidense librada entre 1899 y 1902 y que finalizó con la ocupación de las islas, independizadas recién en 1946. Importa recordar que Filipinas, Japón y Taiwán constituyen en la actualidad el llamado Primer Cordón de Islas de Contención que en la doctrina militar estadounidense está destinado a impedir la expansión de China.

La segunda por supuesto, es la referencia a la propia China, que había iniciado tras las Guerras del Opio el período conocido como los 100 Años de Humillación, y a la que, tras el levantamiento de los Boxers de 1901, se le exigía mantener las «open doors» al comercio, lo que en buen romance significaba aceptar todas las condiciones injustas que le fueran impuestas.

Consignamos estos detalles al margen porque ponen en evidencia que los temas que eran conflictivos y centrales en aquel documento de 1904, son centrales y conflictivos -por diferentes o por los mismos motivos- también hoy. Lo que nos estaría indicando que no han sido nunca bien resueltos.

Trump y su mundo

Aquel era el mundo del Corolario Roosevelt. Un mundo que presenciaba el rápido ascenso de los EEUU desde un rol de modesta potencia regional al de primera potencia global -lo que ocurriría en apenas medio siglo.

Que Donald Trump aspire hoy a mirarse en el espejo de su admirado Theodore Roosevelt pude resultar comprensible, pero no deja de ser una bravata anacrónica, no sólo por las diferencias abismales en las biografías de ambos personajes, sino porque lo que fue ascenso incontenible y despiadado a principios del Siglo XX, hoy está muy cerca de ser añoranza por la grandiosidad perdida y repliegue forzado.

El mundo del Corolario Trump y el de los actores involucrados en la 2025 National Security Strategy, es, a diferencia de aquel de 1904, mucho más amplio. Pero comienza a mostrar que es, por amplio, inabarcable.

Hay en el nuevo documento comentarios muy interesantes -y patéticamente despreciativos- acerca de Europa y su futuro, que obviamente han sido un balde de agua fría para los únicos aliados medianamente poderosos y confiables que el imperio aún conserva. Hay varios párrafos en los que se tienen en cuenta ¡cuando no! las riquezas de África, pero sólo como bienes de los cuales apropiarse. Se habla de Asia porque en Asia está hoy el centro del mundo, aunque de China, -como es natural- ya no se pretende que abra sus puertas al comercio, sino que se aspira a que las cierre.

Hay sobre todo una diferencia sustancial en el lenguaje. No hay en el Corolario Trump ningún atisbo de moralidad que intente disfrazar la defensa de los intereses estadounidenses como protección de la Democracia. No hay ninguna referencia a la City on a Hill, al Beacon of Freedom, a la defensa de los derechos de las minorías, o naderías woke por el estilo.

En el nuevo Corolario nada es tibio. La voluntad de dominio no está atenuada por ningún tipo de decencia discursiva. Tiene una llaneza casi ponográfica que deja muy atrás a su primera versión.

Sin embargo también se constatan entre el Corolario de la tragedia original y el Corolario de la farsa trumpeana similitudes de importancia, en especial en el papel central que ocupan el Caribe y América Latina como «proveedores forzados» de todo aquello que para los EEUU resulte imprescindible: el espacio vital, los pasajes interoceánicos, los recursos minerales y alimenticios, los futuros aliados que tendrán el papel de proxies cuando se les ordene.

Son estas similitudes las que más nos importarán en la tercera parte de esta nota, no sólo porque son las que nos afectarán directamente sino porque dejan en evidencia un retroceso de los EEUU hacia el único refugio que considera seguro.

El patio trasero. El gallinero plagado de buitres deseosos de ser serviles. El backyard de los Milei, los Kast, los Noboa, los Uribe o los Bolsonaro. El escondrijo seguro donde EEUU se cobijará de las amenazas del multilateralismo y la decadencia, y desde el cual, como la serpiente de las fábulas, escupirá veneno.

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online