2026: el año que nos recordará el significado de la palabra «aciago»

En Venezuela pero también en Chile, Bolivia o Argentina, en Ucrania o en el lejanísimo Oriente y sin duda en Gaza -aunque no serán esos los únicos lugares en que se harán sentir-, se aproximan los días aegyptiācus, los «días egipcios», los días que en recuerdo de las Diez Plagas que asolaron a Egipto, dieron origen, en la antigüedad, a la palabra «aciago». .

Aciago es lo que ya estaba maldito, el castigo que nos llega por alguna razón que no conocemos pero que posiblemente merecimos. Eso simbolizaban las plagas de Egipto para los antiguos (las moscas, el agua transformada en sangre, la enfermedad, la muerte de inocentes). Ese es el origen de esa palabra que buscamos evitar pero que quizás escucharemos con frecuencia el próximo año.

Mucho habrá de pasar en 2026 que muchos considerarán -o consideraremos- un castigo.

Chile y Argentina

En Chile, como en todas partes, votan las personas adultas. Precisamente las que cabe suponer que saben lo que hacen. Y si como anticipábamos en nuestra última nota una semana antes de las elecciones de primera vuelta, en la segunda la izquierda quedara reducida a sus guarismos históricos cercanos -o menores- al 40%, y si la derecha se lleva el 60% de las preferencias – o más- será porque eso es lo que la gente quiere. Por aciago que resulte.

Podremos ver todavía algún vaivén si el 14 de diciembre el 20% que no ha optado por unos u otros se inclina hacia aquí o hacia allá, pero el resultado será el mismo. Chile añora lo peor de sí mismo.

Y dado que los deseos profundos de buena parte de su electorado no parecen ir más allá de que los inmigrantes venezolanos y haitianos desaparezcan tragados por el desierto o se vuelvan a sus infiernos personales por donde llegaron, lo que decidan no será otra cosa que mezquindad democratizada.

Después, un hombre blanco que antes era peligroso pero ahora quiere ser bueno, les traerá la satisfacción que Boric y su elenco de progresistas desapasionados fueron incapaces de encontrar -aunque tampoco parece que se hayan esforzado mucho en la búsqueda.

Tendrán 4 años para disfrutar las mieles de la amargura y el destino nos dirá si les gusta.

De Argentina y de su destino aciago hemos hablado más de la cuenta desde que finalizando 2023 más de la mitad de sus electores decidiera dejar el futuro en las manos de una piara de desalmados encabezada por un truhán desagradable. Ya fue suficiente. No hay por qué hablar mucho más.

Como pudimos ver hace pocas semanas, las promesas, los dólares y/o las amenazas de Donald Trump han logrado afirmar a Javier Milei en su rol de flautista de Hamelin que guía a los niños hacia un barranco. Y por ahora sólo queda ver cómo caen.

Mientras tanto, la corrupción galopa, la resignación cunde, se multiplican los emprendedores que no emprenden nada, la oposición se desvanece entre lágrimas de cocodrilo, y lo aciago se cierne sobre ese berenjenal sin remedio. Duele. Aunque ya deberíamos estar curados de espanto.

Bolivia, Ecuador y Honduras

Hemos hablado poco de Bolivia este año, es cierto, aunque a mediados de julio pudimos expresar nuestra perplejidad ante lo que Evo Morles y Luis Arce demolerían en agosto mientras se afanaban por sacarse los ojos con manotazos de ahogado. Allí, como sucede últimamente en todos lados, la única barrera a la llegada de la ultraderecha al poder ha sido la propia derecha. Porque la izquierda, cuando no fracasa estrepitosamente, lo intenta, o lo simula. Y se disuelve.

No nos hemos explayado demasiado acerca de Ecuador porque ya nos habíamos equivocado en febrero al pensar que alguien insustancial y con aspecto de malcriado, como Rafael Noboa, sería incapaz de ganar las elecciones que se celebraron en abril.

Está el hijo de millonarios bananeros en donde la ciudadanía quiso colocarlo y aunque ahora le hayan dicho que no a las reformas constitucionales con las que deseaba entrar en la historia entregando el país atado de pies y manos, lo seguirá intentando. Y posiblemente lo logre porque ese es el sino aciago de estos tiempos -como acabamos de ver en la desgraciada Honduras.

Eso nos ha quedado de los principales procesos eleccionarios que han tenido lugar en 2025 en nuestra América. Y si en algún momento creímos que estábamos dejando atrás la condición de backyard del imperio, tendremos que acostumbrarnos a que cada vez que despertamos el dinosaurio está ahí. Por voluntad popular casi siempre.

Venezuela

En este repaso de lo que nos espera cuando dentro de pocos días brindemos por un futuro mejor, no podemos evitar preguntarnos si será hoy, o será mañana, o si habrán fijado fecha para Navidad o para Año Nuevo.

¿Cuándo decidirá EEUU que sus buques no pueden seguir conjugando el verbo hesitar frente a las costas de Venezuela como si no se atrevieran? ¿Cuánto poderío militar están dispuestos a dilapidar destruyendo pequeñas lanchas y mostrándolas al mundo como si matar a 80 desgraciados en dos meses fuera lo único que son capaces de hacer? La baba, es evidente, se les cae. ¿Cuándo darán ese malpaso sin retorno?

Las elecciones venezolanas no fueron este año sino en 2024, pero como nunca quedó claro si las habían perdido ambos contendores o habían triunfado los dos, nos permitimos hacer de cuenta que aún no sabemos el resultado, porque después de todo ¿a quién le importa? Todos sabemos que el interés de los que amenazan con bombardear el Palacio de Miraflores no está en la democracia sino en el petróleo, como ha estado siempre.

Entonces ¿Será esta vez? ¿Habrá una «extracción» limpia de Maduro como quieren o simulan creer los pusilánimes que en nuestra América siempre miran con buenos ojos todo lo que hieda a occidental y a rule of law, o habrá una nueva guerra de esas que los EEUU saben prolongar más de lo debido y de las cuales se retiran una vez que el aciago saldo de muertos comienza a ser desfavorable?

¿Qué harán Brasil y Colombia con el conflicto en sus fronteras y con los desplazados y los migrantes buscando cobijo y exudando rabia? ¿Qué haremos los demás con los platos rotos? ¿Tendremos vergüenza?

Los días aciagos que vendrán

El 16 de agosto de este año, cuando en DIÁLOGOS intentábamos comentar lo poco que había trascendido de la reunión cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin celebrada el día anterior en la Base Elmendorf-Richardson en Anchorage, Alaska, nos preguntábamos si detrás de escena habría ya quienes estuvieran trazando líneas punteadas sobre el globo terráqueo delimitando las zonas de influencia del nuevo orden multipolar. O tri-hegemónico, que eso es lo bueno que tiene todo nuevo orden: todavía le podemos dar el nombre que mejor nos acomode.

Menos de cutro meses después todo lleva a pensar que nuestras sospechas no estaban demasiado alejados de la realidad. 

La Casa Blanca, con los back and forth que exigen los malos tragos, haciendo lo posible para que sus súbditos europeos no se desmadren ni se caigan de espadas del susto, y tratando de asegurar los negocios que aún son posibles, está entregando Ucrania. O lo que quedará de ella cuando la OTAN se resigne a que han perdido la guerra.

¡Y deberían entregarla ya! Haciéndolo de algún modo que para Rusia resulte provechoso si quieren evitar que durante el invierno se prepare el cerco a Odesa y la primavera encuentre a las viejas y monumentales escalinatas Primorsky embanderadas en rojo azul y blanco para recibir a los vencedores.

Nos referiremos a eso en nuestra última nota de este año, en memoria de los marineros del Potemkin y de aquel cochecito de bebé que daba tumbos en el inicio de la Revolución.

Pero volvamos al hoy y a quienes -suponemos- trazan en las sombras las nuevas fronteras del mundo, porque hemos presenciado, casi en simultáneo, la abstención de China y Rusia en la votación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que pone definitivamente a Gaza a merced de los contractors, el plan de 28 puntos de la Casa Blanca para la capitulación de Ucrania que aún Europa se resiste a digerir, la llegada del portaviones Gerald Ford al Caribe (que pronto será bautizado como American Sea), y los increíbles traspiés de la Primera Ministra de Japón, que nunca calculó que quedaría tan sola cuando despertó las iras de China.

Demasiadas coincidencias para no ser el fruto de un acuerdo.

Demasiadas coincidencias que podrían estar indicando que, en lo que a nosotros respecta, los dados que hasta ayer estaban en el aire ya han caído. 2026 quizás nos muestre el significado profundo de la palabra aciago sin necesidad alguna de recordar antiguas plagas.

 

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online