El Museo Canadiense de DDHH se decide, por fin, a abordar la Nakba

Aunque declara su compromiso con las luchas contra toda injusticia, el Museo Canadiense de Derechos Humanos se ha negado empecinadamente a reconocer las sufridas por la población palestina. La exposición anunciada para el verano de 2026 —Palestina Desarraigada: Nakba Pasado y Presente— marca un cambio de rumbo significativo para una institución que a menudo ha sido criticada por su silencio. .

 

La omisión de la historia palestina en el museo se remonta a antes de su inauguración en Winnipeg en 2014, cuando Rana Abdulla, defensora de la comunidad palestino-canadiense, presentó, sin éxito, sugerencias acerca de la inclusión de ese tema entre los que se abordan en sus salas.

Tras años de constantes reclamos por parte de la comunidad palestina de Winnipeg y de todo Canadá, y en medio de tanta tragedia y de lo que una comisión de investigación de la ONU ha calificado de violencia genocida en Gaza, el reciente anuncio supone una notable buena noticia.

Este hecho también es sorprendente porque el museo, el primero federal de Canadá ubicado fuera de la capital del país, históricamente ha tenido dificultades con el legado vivo del colonialismo de asentamiento en Canadá, un tema clave en los debates sobre Palestina.

Antes de su construcción, el museo fue criticado por no proporcionar fondos suficientes para una excavación completa del patrimonio arqueológico en el sitio sagrado indígena donde se ubica. Hasta que se revirtió esta postura en 2019, el museo se había resistido a utilizar la palabra genocidio para describir la experiencia de los pueblos indígenas de Canadá.

Dándole un nombre el despojo

Que el Museo prepare una exposición especialmente dedicada al despojo masivo de la población palestina ocurrido con la fundación del Estado de Israel en 1948 —un evento conocido como la Nakba (en árabe, «la catástrofe»)— se destaca como una medida ética y educativamente responsable. También señala la profundidad de los cambios promovidos por Isha Khan, quien se incorporó a la dirección del Museo en 2020, después que se denunciaran las dificultades de la institución para presentar un mensaje responsable y coherente sobre los derechos humanos.

A pesar de su reciente reconocimiento del Estado palestino, el gobierno canadiense se ha resistido repetidamente a las peticiones de reconocer oficialmente la Nakba y, por extensión, el Día de la Nakba. La Nakba tampoco ha tenido cabida en los planes de estudio de las escuelas canadienses.

Por lo tanto, la exposición sobre la Nakba del CMHR representa un importante reposicionamiento en relación con estas preocupantes carencias de la política nacional. Por supuesto, desconocemos en detalle las características que tendrá la exposición, pero sabemos que incluirá historias orales, arte y artefactos. A juzgar por el título, mencionar la Nakba es sumamente trascendental y permite profundizar en la constelación de términos —despojo, limpieza étnica, colonialismo de asentamiento, ocupación y genocidio— que la rodean.

Por otro lado, la palabra «desarraigo» para describir lo sucedido a 750.000 palestinos en 1948 es, aunque quizás demasiado sutil, bastante precisa.

Memoria del Holocausto y negacionismo de la Nakba

Como era de esperar, varios grupos proisraelíes han condenado el anuncio de la exposición por parte del museo en declaraciones que coinciden con la tendencia al negacionismo de la Nakba en el discurso que les es habitual.

Lo que sustenta esta tendencia, implícita o explícitamente, es la narrativa sionista que considera el Holocausto como justificación definitiva para la fundación del Estado de Israel.

En consecuencia, reconocer la Nakba introduce un rival inaceptable del Holocausto en términos de sufrimiento y recuerdo, así como un factor de complejidad que convierte la fundación del Estado de Israel en algo más que una redención irreprochable del genocidio nazi contra los judíos.

Atender la Nakba requiere que veamos la creación de Israel como una escalada radical —y violenta— de un proyecto de colonialismo de asentamiento que, para 1948, ya llevaba varias décadas en marcha, tras haber cobrado un impulso decisivo bajo los auspicios del colonialismo británico a partir de la Declaración Balfour de 1917.

Esta historia merece ser reconocida, ante todo por el bien de los palestinos que viven dentro y fuera de Palestina y que siguen padeciendo las consecuencias de la Nakba. La ignorancia histórica y la amnesia son perjudiciales para el bienestar de una sociedad y por otra parte el CMHR cuenta con una extensa galería permanente dedicada al Holocausto.

Esta nueva exposición también podría ayudarnos a considerar cómo se pueden pensar el Holocausto y la Nakba de forma constructiva. Esta reflexión conjunta forma parte del proyecto de una colección de ensayos editada, El Holocausto y la Nakba: Una nueva gramática del trauma y la historia, en cuyo prólogo el difunto intelectual, novelista y veterano activista libanés por la liberación de Palestina, Elias Khoury, articula un convincente argumento moral.

Khoury afirma conmovedoramente:

“El Holocausto es mi responsabilidad como miembro de la humanidad, a pesar de haber sido producto del fascismo europeo. Por ello, mi deber moral, profundamente arraigado, es participar activamente en la lucha contra el antisemitismo, así como contra todas las demás formas de racismo en cualquier parte del mundo. Este camino me lleva a continuar la lucha contra el proyecto de ocupación colonialista sionista en Palestina. Dos males no hacen un bien, un crimen no elimina a otro, y el racismo no se combate con un racismo de signo contrario”.

El argumento de Khoury es coherente con lo que he llegado a extraer del conocido mantra de la educación sobre el Holocausto: «nunca más». Considero que la falta de un referente específico en este mantra constituye un espacio abierto donde, sin la carga de establecer ecuaciones exactas, se puede alzar la voz contra las lógicas racistas, opresivas y eliminacionistas en cualquier forma que puedan manifestarse.

Precisión histórica y relevancia

También cabe mencionar las afirmaciones de grupos proisraelíes de que la exposición de la CMHR sobre la Nakba será invalidantemente parcial debido a la falta de atención al desplazamiento judío (mizrají y sefardí) de los países de Oriente Medio y el norte de África tras 1948.

Las repercusiones regionales tras la fundación del Estado de Israel no guardan relación con la  experiencia de despojo de los palestinos: ese tema que se ha pasado por alto históricamente es y debe ser el foco de la exposición.

Además, los éxodos ocurridos en Irak, Yemen, Marruecos y otros lugares no fueron perpetrados por palestinos, por lo que la exigencia de un equilibrio al considerar la Nakba en relación con los refugiados mizrajíes y sefardíes es improcedente.

Ante estos intentos infundados de cuestionar la credibilidad de la exposición, debemos esperar que el CMHR se mantenga firme.

Con su largamente esperada decisión de colaborar sustancialmente con los palestinos, quienes continúan padeciendo una crisis mundial de desplazamiento, ocupación y genocidio, la institución emprende un camino crucial para restablecer su propia credibilidad y cumplir su ambicioso objetivo de servir como un espacio líder, con verdadera capacidad inclusiva, para explorar y educar sobre los derechos humanos.

The Conversation

Jonah Corne, Assistant Professor in the Department of English, Theatre, Film and Media, University of Manitoba

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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