Palantir: los ojos de cristal negro y la oscuridad que avanza sobre el mundo

Los Palantír -«los que ven de lejos»- eran esferas de cristal negro, indestructibles, creadas por los elfos en la Edad de los Árboles. En el universo de El Señor de los Anillos se utilizaban para enviar comunicaciones a grandes distancias y para observar sucesos muy lejanos, tanto en el espacio como en el tiempo. Hoy son el tecnofascismo que nos sigue con la mirada y se propone gobernarnos. Ya. .

 

Así nos hubiera gustado comenzar nuestra nota sobre PALANTIR TECHNOLOGIES, la empresa fundada en 2003 por Peter Thiel y Alex Karp, que hoy concentra cientos de miles de millones de dólares en contratos militares en países como los EEUU, Israel, Canadá, Australia, Alemania o Francia -y que quizás muy pronto, si los dejan, podrían adueñarse de lo que quedará de la Argentina.

Valga esto como disculpas porque aunque esa fue nuestra intención, no hemos tenido tiempo de hacer lo que hubiéramos querido. Y aunque en esta misma edición se habla de gente como Peter Thiel y Alex Karp en la nota de Mark Leith The dangerous and corrupt worlds of billionaires and military millionaires, por el momento quedamos en deuda. Volveremos muy pronto sobre este tema.

Sin embargo, el documento que Palantir presentó en la red social X hace menos de una semana -un breve resumen del libro de Karp publicado en 2025 La República Tecnológica- ha sido tema de debate en todo el mundo, y por ello presentamos a continuación, a modo de adelanto, una traducción de sus 22 puntos al español.

Como anotara el economista y ex-Ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis a las pocas horas de que se conociera este texto «¡Si el Mal pudiera tuitear, éste sería el contenido!».

Porque nos lo piden con frecuencia, aquí está la República Tecnológica, en resumen.

1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge. La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.

2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el más importante, como civilización? Este objeto ha cambiado nuestras vidas, pero también puede estar limitando y restringiendo nuestra percepción de lo posible.

3. El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y de hecho de su clase dominante, solo se perdonará si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para la población.

4. Se han puesto de manifiesto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software.

5. La cuestión no es si con la IA se fabricarán armas; la cuestión es quién las fabricará y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre la conveniencia de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional. Seguirán adelante.

6. El servicio militar obligatorio debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente abandonar las fuerzas armadas exclusivamente voluntarias y solo librar la próxima guerra si todos comparten el riesgo y el costo.

7. Si un infante de marina estadounidense pide un mejor rifle, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Como país, deberíamos ser capaces de continuar el debate sobre la pertinencia de la acción militar en el extranjero, sin dejar de ser firmes en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que se expongan al peligro.

8. La función pública no tiene por qué ser un sacerdocio. Cualquier empresa que remunerara a sus empleados como lo hace el gobierno federal con los funcionarios públicos tendría dificultades para sobrevivir.

9. Deberíamos mostrar mucha más comprensión hacia quienes se han dedicado a la vida pública. La erradicación de cualquier espacio para el perdón —el abandono de toda tolerancia hacia las complejidades y contradicciones de la psique humana— puede dejarnos con un elenco de personajes al mando que lamentaremos.

10. La psicologización de la política moderna nos está desviando del camino correcto. Quienes buscan en la arena política nutrir su alma y su sentido de identidad, quienes confían demasiado en que su vida interior se exprese en personas que quizás nunca conozcan, se sentirán decepcionados.

11. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado ansiosa por acelerar, y a menudo se regocija, con la desaparición de sus enemigos. La derrota de un adversario es un momento para reflexionar, no para celebrar.

12. La era atómica está llegando a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar.

13. Ningún otro país en la historia del mundo ha promovido los valores progresistas más que este. Estados Unidos dista mucho de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuántas más oportunidades existen en este país para quienes no pertenecen a las élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.

14. El poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Muchos han olvidado, o quizás dan por sentado, que casi un siglo de paz, en alguna de sus formas, ha prevalecido en el mundo sin un conflicto militar entre grandes potencias. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas, sus hijos y ahora nietos— nunca han conocido una guerra mundial.

15. El debilitamiento de Alemania y Japón tras la guerra debe revertirse. La desarme de Alemania fue una reacción exagerada por la que Europa ahora paga un alto precio. Un compromiso similar y sumamente teatral con el pacifismo japonés, de mantenerse, también amenazará con alterar el equilibrio de poder en Asia.

16. Debemos aplaudir a quienes intentan construir donde el mercado no ha actuado. La cultura casi se burla del interés de Musk por las grandes narrativas, como si los multimillonarios debieran limitarse a enriquecerse… Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de su creación se descarta, o quizás se esconde tras un desdén apenas disimulado.

17. Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra la delincuencia violenta. Muchos políticos en Estados Unidos se han encogido de hombros ante la delincuencia violenta, abandonando cualquier esfuerzo serio por abordar el problema o asumiendo cualquier riesgo con sus electores o donantes para proponer soluciones y experimentos en lo que debería ser un intento desesperado por salvar vidas.

18. La exposición implacable de la vida privada de las figuras públicas aleja demasiado talento del servicio público. El ámbito público —y los ataques superficiales y mezquinos contra quienes se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se encuentra con una considerable lista de individuos ineficaces y vacíos, cuya ambición se perdonaría si en su interior subyace alguna convicción genuina.

19. La cautela que, sin darnos cuenta, fomentamos en la vida pública es corrosiva. Quienes no dicen nada malo, a menudo no dicen gran cosa.

20. Hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos de sus miembros afirman.

21. Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. Se prohíben las críticas y los juicios de valor. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, e incluso subculturas, han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, y peor aún, regresivas y perjudiciales.

22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sentido. En Estados Unidos, y más ampliamente en Occidente, nos hemos resistido durante el último medio siglo a definir culturas nacionales en nombre de la inclusión. ¿Pero inclusión en qué?

 

Because we get asked a lot. The Technological Republic, in brief.

1. Silicon Valley owes a moral debt to the country that made its rise possible. The engineering elite of Silicon Valley has an affirmative obligation to participate in the defense of the nation.

2. We must rebel against the tyranny of the apps. Is the iPhone our greatest creative if not crowning achievement as a civilization? The object has changed our lives, but it may also now be limiting and constraining our sense of the possible.

3. Free email is not enough. The decadence of a culture or civilization, and indeed its ruling class, will be forgiven only if that culture is capable of delivering economic growth and security for the public.

4. The limits of soft power, of soaring rhetoric alone, have been exposed. The ability of free and democratic societies to prevail requires something more than moral appeal. It requires hard power, and hard power in this century will be built on software.

5. The question is not whether A.I. weapons will be built; it is who will build them and for what purpose. Our adversaries will not pause to indulge in theatrical debates about the merits of developing technologies with critical military and national security applications. They will proceed.

6. National service should be a universal duty. We should, as a society, seriously consider moving away from an all-volunteer force and only fight the next war if everyone shares in the risk and the cost.

7. If a U.S. Marine asks for a better rifle, we should build it; and the same goes for software. We should as a country be capable of continuing a debate about the appropriateness of military action abroad while remaining unflinching in our commitment to those we have asked to step into harm’s way.

8. Public servants need not be our priests. Any business that compensated its employees in the way that the federal government compensates public servants would struggle to survive.

9. We should show far more grace towards those who have subjected themselves to public life. The eradication of any space for forgiveness—a jettisoning of any tolerance for the complexities and contradictions of the human psyche—may leave us with a cast of characters at the helm we will grow to regret.

10. The psychologization of modern politics is leading us astray. Those who look to the political arena to nourish their soul and sense of self, who rely too heavily on their internal life finding expression in people they may never meet, will be left disappointed.

11. Our society has grown too eager to hasten, and is often gleeful at, the demise of its enemies. The vanquishing of an opponent is a moment to pause, not rejoice.

12. The atomic age is ending. One age of deterrence, the atomic age, is ending, and a new era of deterrence built on A.I. is set to begin.

13. No other country in the history of the world has advanced progressive values more than this one. The United States is far from perfect. But it is easy to forget how much more opportunity exists in this country for those who are not hereditary elites than in any other nation on the planet.

14. American power has made possible an extraordinarily long peace. Too many have forgotten or perhaps take for granted that nearly a century of some version of peace has prevailed in the world without a great power military conflict. At least three generations — billions of people and their children and now grandchildren — have never known a world war.

15. The postwar neutering of Germany and Japan must be undone. The defanging of Germany was an overcorrection for which Europe is now paying a heavy price. A similar and highly theatrical commitment to Japanese pacifism will, if maintained, also threaten to shift the balance of power in Asia.

16. We should applaud those who attempt to build where the market has failed to act. The culture almost snickers at Musk’s interest in grand narrative, as if billionaires ought to simply stay in their lane of enriching themselves . . . . Any curiosity or genuine interest in the value of what he has created is essentially dismissed, or perhaps lurks from beneath a thinly veiled scorn.

17. Silicon Valley must play a role in addressing violent crime. Many politicians across the United States have essentially shrugged when it comes to violent crime, abandoning any serious efforts to address the problem or take on any risk with their constituencies or donors in coming up with solutions and experiments in what should be a desperate bid to save lives.

18. The ruthless exposure of the private lives of public figures drives far too much talent away from government service. The public arena—and the shallow and petty assaults against those who dare to do something other than enrich themselves—has become so unforgiving that the republic is left with a significant roster of ineffectual, empty vessels whose ambition one would forgive if there were any genuine belief structure lurking within.

19. The caution in public life that we unwittingly encourage is corrosive. Those who say nothing wrong often say nothing much at all.

20. The pervasive intolerance of religious belief in certain circles must be resisted. The elite’s intolerance of religious belief is perhaps one of the most telling signs that its political project constitutes a less open intellectual movement than many within it would claim.

21. Some cultures have produced vital advances; others remain dysfunctional and regressive. All cultures are now equal. Criticism and value judgments are forbidden. Yet this new dogma glosses over the fact that certain cultures and indeed subcultures . . . have produced wonders. Others have proven middling, and worse, regressive and harmful.

22. We must resist the shallow temptation of a vacant and hollow pluralism. We, in America and more broadly the West, have for the past half century resisted defining national cultures in the name of inclusivity. But inclusion into what?

 

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