Dos sicarios disfrazados como repartidores de pizza suben los pocos escalones que los separan de una mujer visiblemente nerviosa que consulta su teléfono. Ella aun no sabe que el hombre con quien está intercambiando mensajes -el mismo que la acompañó a controlar su embarazo ayer- la ha condenado a ser asesinada hoy. Se desarrolla ante nuestros ojos un melodrama geopolítico que habitualmente sólo vemos en las series de TV. En este espectáculo bochornoso nos hemos convertido. .
Decir que en este espectáculo bochornoso nos hemos convertido no es un capricho. Como veremos, de un modo u otro, y aunque los hechos que nos interesa analizar hayan ocurrido en Bolivia, cada uno de nosotros forma parte, simultáneamente, del telón de fondo y de la platea desde la que presenciamos la escena. Y de una u otra forma algún contacto hemos tenido con la miríada de serpientes que bullen en la cabeza de una gorgona tecnológico-propagandística no por miserable menos poderosa y efectiva, que desde el escenario nos manipula, nos paraliza y nos espanta.
Ella, la víctima
Ella, la víctima, abogada, analista política y «activista» -porque así se autopercibe- estaba en ese lugar esperando recibir información acerca de la supuesta violación de una niña de 13 años por parte de Evo Morales. Y la razón que la había llevado hasta allí no es menor.
Esa era la tercera vez en 48 horas que ese hombre que es de algún modo su pareja -y que dicho sea de paso la había golpeado con bastante saña días antes al conocer que estaba embarazada- le pedía encarecidamente que se encontrara con quienes, le aseguraba, le entregarían una carpeta con testimonios y fotografías que les permitirían a ambos llevar adelante una nueva y espectacular denuncia en contra del ex-presidente boliviano.
Nadia Shirley Beller, de 33 años al momento en que los sicarios -torpes como pocos- se acercaron a ella y le descerrajaron aquellos cuatro balazos a menos de 2 metros de distancia que a punto estuvieron de terminar con su vida, había tenido alguna actividad en medios de prensa en apoyo al Movimiento al Socialismo mientras el Movimiento al Socialismo fue gobierno. Y había llegado a ser candidata a una diputación como integrante de ese movimiento en 2019.
Sin embargo, a partir del Golpe de Estado que provocó la caída de Evo Morales, se había acercado a su reemplazante, Janine Áñez, y a las corrientes ubicadas más a la derecha del espectro político de su país, consolidándose como influencer y como una asidua denunciante en causas que vinculan la política, la corrupción, y el escándalo.
Ella, la víctima -y conviene enfatizar en esa condición porque su trayectoria y sus relaciones podrían llevarnos a la conclusión apresurada de que Nadia es indestructible pero no es del todo trigo limpio- conoció a quien a la postre sería el autor intelectual de su frustrado asesinato pocos días después de que Rodrigo Paz resultara vencedor en el balotaje que lo elevó a la presidencia de su país.
Faltaban todavía algunas semanas para que el 8 de noviembre Paz asumiera el cargo cuando Nadia Beller se reunió con Fernando Cerimedo, un estratega comunicacional argentino recién llegado al país, para «tomar un café» y colaborar con él en la preparación de varios decretos con los que el nuevo gobierno daría sus primeros pasos. Uno de ellos, el Decreto Supremo 5515, que finalmente sería promulgado el 29 de diciembre de 2025, autoriza al mandatario a ejercer sus atribuciones constitucionales desde el exterior del país mediante el uso de medios tecnológicos de comunicación.
Aquel decreto -durante cuya redacción Nadia y Fernando parecen haber comprendido que su amistad y su amor los llevarían lejos-, no sólo le retiraba al vicepresidente Edmand Lara -ex Capitán de la Policía de Bolivia y abogado él mismo- sus atribuciones consitucionales, sino que era la viva prueba de que un asesor recién llegado a Bolivia y su «equipo de colaboradores», habían tomado en sus manos aspectos esenciales del diseño institucional del nuevo gobierno y del propio Estado.
Algo así como el asalto al Palacio de Invierno, pero por otros medios.
Él, el lumpen emprendedor
El correr del tiempo y de las investigaciones policiales podrán esclarecer -o no- cómo llegó Rodrigo Paz a la conclusión de que Fernando Cerimedo era el hombre que necesitaba para que su reconocida debilidad política y de carácter no condujeran a un prematuro fracaso de su presidencia.
Hasta ahora sólo sabemos que una de sus hijas, Catalina Paz, fue una alumna especialmente aventajada en una academia en la cual el especialista argentino en campañas de manipulación de la opinión pública, formaba a quienes mostraban vocación por adentrarse en los secretos de su arte.
Pero haya sido o no Catalina -que parecía ser hasta ese momento bastante más avispada que su padre- quien estableció el vínculo entre el Presidente y quien ahora está detrás de las rejas del penal de Chonchocoro enfrentando cuatro cargos que van desde el femicidio hasta el enriquecimiento ilícito y la colaboración con el narcotráfico, lo cierto es que Fernando Cerimedo llegó a Bolivia precedido por una fama considerable. Y bien ganada.
Dejemos de lado que tanto la licenciatura en Marketing por la Universidad de Puerto Rico que figura en su perfil de LinkedIn, como su doctorado posterior en la Universidad de Phoenix, su cargo entre 2008 y 2013 como senior advisor en la oficina de International Affairs en la Casa Blanca durante la presidencia de Barack Obama, el posgrado en Comunicación Política en Harvard -en donde habría entablado amistad con Eduardo Bolsonaro- o el posgrado en Neuromarketing en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, sean el fruto de una imaginación desbordada. En el panorama político de hoy, nadie está libre de haber retocado aquí o allá el propio curriculum.
Eso, más que una imoralidad, ha venido a ser una necesidad de los tiempos.
Tampoco vale la pena detenernos a considerar si su supuesto entrenamiento con los Navy Seals funcionaba o no como argumento de peso para seducir chicas. Nadia Beller, al menos, ha declarado públicamente que eso, o que fuera agente de la CIA, no se lo creyó.
Todo esa vorágine de altisonancia no exenta de patetismo que conforma el pasado de Fernando Cerimedo, si nos interesa, la podemos seguir en detalle en la nota que Soledad Vallejos publicó en enero de 2026 en la Revista Nueva Sociedad bajo el título de «El encantador de serpientes de las nuevas derechas latinoamericanas»
Pero lo que sí nos interesa es que este hombre -que como encarnación de esa nueva categoría social que podríamos denominar lumpen-emprendedurismo fue taxista y profesor de pocker, y que en 2016 había sido procesado por estafa tras haber vendido un departamento dos veces-, en 2018 le dio un vuelco decisivo a su vida al registrar el dominio La Derecha Diario, desde el que se abocó a seguir lo que ya hace años recomendaba el patriarca Steve Bannon:
«The Democrats don’t matter. The real opposition is the media. And the way to deal with them is to flood the zone with shit.»
Llenar todo de mierda
La Derecha Diario, dedicado desde sus inicios a lo que se comenzaba a conocer como «batalla cultural», atrajo pronto el interés y la ayuda tecnológica y financiera de un oscuro personaje vinculado al mundillo de la inteligencia estadounidense, Blas Parscale. Y ese apoyo le permitió a Fernando Cerimedo y al grupo de buscas de todo color que se le unían a medida que los dólares caían del cielo, el desarrollo de «granjas de bots» con perfiles falsos y una capacidad desconcertante para desinformar y falsear la realidad, creando climas sociales de frustración, enojo y odio.
Ya estaba montada la infraestrutura que lo catapultaría muy pronto como el hacedor de milagros MAGA en Latinoamérica.
Así, y financiado por algunos grupos empresariales, participó como consultor, estratega y productor de encuestas falsas en las campañas «del apruebo» y de diferentes candidaturas del conservadurismo chileno en 2020, 2021 y 2022. Y en 2025 colaboró activamente en el triunfo del neo-pinochetista José Antoni Kast, cuando nadie dudaba de un triunfo de la candidata de la derecha tradicional Evelyn Matthei.
Tuvo a su cargo la campaña que colaboró en llevar a la presidencia de la República Argentina a Javier Milei, un personaje por cuya salud mental nadie pondría las manos en el fuego, y aunque a lo largo de 2024 parece haberse distanciado del círculo más estrecho de sus allegados, su esposa -no la baleada sino la legítima- está aún al frente de uno de los organismos del Estado de mayor recaudación, y su portal cuenta con el apoyo publicitario de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales y de los fondos de la Secretaría de Inteligencia del Estado.
Tuvo un papel crucial en la campaña en favor de la reeleción fallida de Jair Bolsonaro en 2022 y en la difusión de las acusaciones de fraude que llevaron al Golpe de Estado frustrado del 3 de enero de 2023 en contra de Lula. Es hoy íntimo colaborador de sus hijos Flavio y Eduardo, y recibió de éste último, en febrero de este mismo año, el premio al «Hispanic Political Consultant of the Year» que ofrece la organización Latino Wall Street durante la Hispanic Prosperity Gala en el salón de fiestas de la residencia de Donald Trump en Mar-a-Lago.
Junto a su socio, Javier Negre, y desde sus granjas de bots y La Derecha Diario, Cerimedo intentó interferir en la campaña electoral de 2024 en Uruguay acusando al candidato de izquierda Yamandú Orsi de haber abusado y golpeado a una mujer transexual. Fue un factor decisivo en la campaña electoral de 2025 que consagró a Nasry Asfura como presidente de Honduras. Sus colaboradores directos coordinaron la red de desinformación digital, la propaganda y los apoyos de la ultraderecha internacional y el sionismo a Abelardo de la Espriella en Colombia y a Keiko Fujimori en Perú en 2026, y de acuerdo a la denunciado por la presidenta Claudia Sheinmbaum, están ahora abocados a enturbiar y envenenar el debate democrático en uno de los últimos baluartes del progresismo latinoamericano: México.
Cerca del final
Aunque Fernando Cerimedo, cuando vendía sus productos y sus servicios, se empeñara en hacer creer lo contrario, los triunfos de las derechas extremas en nuestros países no son una consecuencia lineal de la facilidad con la que desde una «granja de bots» personas como él implantan en las redes climas de deconfianza, exasperación, polarización y confusión generalizada.
Todo eso ayuda a que personajes inverosímiles como De la Espriella, o siniestros como Keiko Fujimori, o esperpénticos como Javier Milei se abran paso, pero si él fuera nuestro único problema, su propia incapacidad para elegir sicarios medianamente competentes, ya lo habría neutralizado.
Pero ni Cerimedo es quien los coloca donde están, ni él les importa demasiado.
Que en Boliva Rodrigo Paz haya demorado 10 días para hacer una referencia pública a su ex-asesor estrella, leyendo un comunicado de 4 minutos y 20 segundos en el que negaba todo vínculo que su gobierno o su familia pudieran tener con él, muestran a las claras el valor que tiene uno de estos personajes una vez que ha cruzado ciertos límites y ha caído en desgracia.
El hombre que estaba sentado a la derecha de Rodrigo Paz cuando el 7 de marzo firmaban en Doral, Miami, los acuerdos para la participación de Bolivia en el Shield of the Americas con Marco Rubio, hoy no es nadie.
La facilidad con la que rompe en llanto, lo desnuda como un flojo incurable.
Los mensajes de Whatsapp que intercambió con Nadia Beller durante los últimos días y en especial en el momento en que la distraía mientras se aproximaban a ella los sicarios, son el punto más bajo al que puede llegar un miserable.
Y la celeridad con las que su socio en La Derecha Diario informó que el día anterior al escándalo Cerimedo le había vendido su 50% de las acciones de la empresa, habla a las claras del poco respeto que le tienen. Y que ni siquiera se puede decir que lo que él mismo hizo fuera suyo.
Sabe más de lo que debe saber, y por esa razón no sería extraño que algún compañero de celda lo atraviese de lado a lado con un corte carcelario a cambio de dos o tres dosis de lo que sea. Sabe más de lo que debe saber y por eso tampoco podría extrañarnos si dentro de dos meses queda exonerado de todos sus cargos y se retira para terminar sus días como un alcohólico infame en el Caribe.
Les será fácil hacer que cualquier otro, ni mejor ni peor, ocupe el vacío que él les deja. Y Nadia, después de declarar lo que sepa, y callar lo que le convenga, seguirá su camino, si todavía tiene alguno por delante.
Pero lo que deberemos preguntarnos y no importa si las respuestas duelen o demoramos en alcanzarlas, es cómo nuestras sociedades y en particular nuestras izquierdas hemos llegado a un punto tal de despretigio e indigencia programática y espiritual como para permitir que gente de esta calaña trepe, manipule, compre y venda, plantee los cuestionamientos y las preguntas, se ofrezca a dar las peores respuestas, se haga con el poder, reduzca nuestras comunidades a sólo la suma de sus partes, nos deje sin historia, nos convenza de que arriar banderas nos salva, nos atosigue con un ideario plagado de egoísmo, religiosidad enfermiza y libertades vigiladas, y nos envenene con falsedades que muchas veces sólo se le podrían ocurrir a un idiota.
Porque en este espectáculo de presidentes sin honor y sin gracia, asesores llorones y perversos, y simpáticas abogadas que se alquilan para encantar serpientes y extraer de ellas algún provecho, nos hemos convertido.
