¿A quién le puede importar, si no es argentino/a, o si no siente placer por bucear diariamente en el agua podrida de la peor política y en lo más divertido del periodismo basura, que el gobierno de Javier Milei -como era de esperar- se esté descomponiendo y el hedor que emana de las grietas y las heridas mal cerradas comience a ser insoportable? .
En un mundo en guerra -y siempre a punto de que se inicie otra peor-, ¿qué pueden significar para nosotros nombres como Manuel Adorni, Patricia Bullrich, o Lilia Lemoine, o los pequeños escándalos, los despreciables arañazos y los sopapos de payaso que inundan el panorama informativo argentino?
Toda esa basura cholula y mediática no significa nada por si misma, por supuesto. Pero es el síntoma. La fiebre. El sangrado. Indicios que nos pueden ayudar a comprender la devastadora realidad que se les cae encima.
Lo hicieron otra vez
A fines de 2023 ya era evidente que la elección de un desquiciado para que les deshiciera el país y se los transformara en Suiza no había sido una buena idea. Pero dos años y medio después, el nivel de penuria, crueldad, desasosiego, aprovechamiento del dolor ajeno, desfachatez y sumisión, abruma.
Sería difícil dar cuenta aquí de lo penoso de ver por TV las colas interminables de jóvenes y viejos que buscan trabajo, la desesperanza en las caras de mujeres agotadas, la resignación de la gente que creyó estúpidamente que los harían sufrir para luego regalarles abundancia, o el desconcierto de los que siguen confiando en que, con el tiempo, si se desloman y el corazón no se les detiene antes, serán alguien.
Argentina tiene hoy una imagen que la encarna. Más omnipresente que la cara insulsa de Messi. Más ubicua que los dibujitos amarillentos de Mafalda. Más potente que la foto ajada del general engalanado y sonriente junto a una Eva inolvidable.
Esa imagen que hoy caracteriza el estado del país es la del desgraciado votante de Milei que pedalea día y noche, bajo sol y bajo lluvia, para alguna plataforma, esperando que si entrega suficientes pizzas a domicilio, algún día se podrá comprar la moto china con las que entregará más pizzas para ganar lo mismo. Precariedad extrema y autoexplotación, como condición, según le dijeron, para transformarse en emprendedor y ser libre.
Consiguieron los argentinos un presidente que los insulta y los desprecia pero viaja una vez al mes a los EEUU para recibir premios y rifar todo lo que descansa bajo y sobre una geografía del abandono. El petróleo, el litio, la plata, la soja, los glaciares, el agua, el clima, el estrecho desde el que allá, en el sur del sur, los ojos de Palantir se preparan para vigilar el devenir del mundo.
Un presidente que peregrina a Israel y simula convulsiones frente al Muro de los Lamentos para hacerse pasar por judío y abrazarse a un genocidio. Que ha sabido, como nadie, comprar las voluntades de más de medio Congreso para que le aprueben leyes indignas que sólo se le pueden ocurrir a quien odia a su país y a sus habitantes y adora la suciedad y el dinero. Un presidente que los ha endeudado, ahora sí, para siempre. Que envió toneladas de oro nadie sabe a dónde ni por qué. Que envenena todo lo que toca, y lo manosea todo.
Los argentinos lo hicieron, como decíamos más arriba, otra vez. Y se podría concluir que si lo hacen de ese modo debe ser porque les gusta… o porque están engualichados. A esa posibilidad, inevitablemente, volveremos.
De la anécdota trivial al naufragio colectivo
«A veces lo que te frena no es el miedo al futuro, sino el apego excesivo a lo que ya conoces; tienes que aprender a correr riesgos y brillar porque el Universo está abierto para ti«, twiteaba enigmáticamente Betinna, la hoy célebre «esposa de Adorni», coach ontológica, mientras su marido, el Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, se dejaba atrapar comprando viajes a Aruba, estadías en hoteles de lujo, casas, departamentos y chucherías hogareñas innecesarias y de mal gusto con plata negra de procedencia desconocida, mientras los demás, a su alrededor, por encima y por debajo, saquean al país a manos llenas pero sin dejar los dedos marcados.
La saga de los Adorni, hasta ayer soberbios y en alza, y hoy cubiertos de escarnio, es apenas una anécdota de dos bobos que metieron sus manos donde no debían sin tomar los recaudos necesarios -porque como decía el ex-predidente Brasileño José Sarney de su sucesor, Fernando Collor de Melo y de su famila: «estos no saben ni robar».
Es una anécdota más, entre tantas. Enterteinment. Descalabro. Trumpismo sureño y ávido de dólares que nunca alcanzan.
Pero el bochorno y la desvergüenza se han hecho tan pan de todos los días que ya son la banda sonora de un naufragio colectivo del que no es seguro que haya salida.
La imagen de si mismo que promueve Milei, artificialmente embellecido como un galán de TV, amarrado al palo mayor de su nave como un Ulises enfrentado a los cantos de sirena y a los elementos, nos muestra que esta Odisea argentina de fascismo cosplay y ridículo desbordado, aún no da señales de agotamiento. Son capaces de más.

El gualicho y el pasado perdido
El modelo de desvergüenza y crueldad institucionalizada vigente hoy, podría agotarse en 2027, cuando se elija un nuevo gobierno -o incluso antes, si los argentinos se despertaran y se sacudieran la resignación y la apatía-.
Pero lo que vendrá si abren los ojos y se sacan ese peso muerto de encima no parece ilusionarlos. La miseria y la injusticia se han disparado con Milei hasta límites nunca antes conocidos, pero la pobreza estructural, la falta de crecimiento, y las gente que siente con razón que vive en un pantano, son realidades aplastantes desde hace más de dos décadas. No habrá salida hacia un modelo agotado y agotador que no supo dar respuestas, y hacia adelante todo es incierto.
Podría haber esperanzas si Donald Trump encuentra dentro de una semana la horma de sus zapatos en China, si Irán sigue resistiendo algunas semanas más y le baja los humos al imperio, y si la ciudadanía estadounidense se des-MAGA aunque sea un poco y cambia la composición del Congreso estadounidense en noviembre.
Neutralizada parte de la capacidad del trumpismo para poner el orden mundial de cabeza, la torpeza y la maldad de Milei tocarán fondo, y lo estará esperando la cárcel, si no el hospicio.
Pero.. ¿y si eso no pasa? ¿Si lo que esperamos no sucede?
Si los EEUU del poder financiero/armamentístico machimbrado con las tecno-oligarquías del control social y la ciberseguridad quedara sin frenos…
Si la tendencia hacia el establecimiento de regímenes autoritarios y de liberalismo económico extremo siguiera consolidádose en América Latina…
Si vienen por nosotros cuando los repudien y los echen del resto del mundo…
Si plantan la pezuña en Cuba y después hacen elegir a los hijos de la serpiente en Brasil y Colombia…
Y si todo eso encuentra a la Argentina sumida en el mismo marasmo cholulo y desgraciado en que está ahora, olvidada de sus veleidades de ser potencia y sólo esperanzada en entregarse, necesitada siempre de un padre y una madre que la oriente, se les (nos) hará la noche.
Quedará por diluicidar entonces si los argentinos están engualichados (lo que no sería en el fondo algo tan grave porque para los gualichos hay pósimas y friegas) o si han permitido que la democracia se les desnaturalice y pervierta de tal forma, que la recuperación de aquel pasado perdido será poco menos que imposible.
