Mark Carney en Davos: una historia de halcones desorientados y de palomos que ven la luz

Antes de comenzar con esta reflexión acerca de halcones que han perdido el vuelo y palomos milagrosamente iluminados, vale reconocer que el discurso del Primer Ministro canadiense Mark Carney en el Foro de Davos, hará historia. No sólo por lo que en él denuncia, sino también por lo que admite. Por la honestidad brutal de lo que confiesa. .

 

Eso, su confesión -y la liberación interior de quien admite una falta aunque lo haga forzado por las circunstancias- es lo más prometedor de su discurso. Podría haber futuro para Canadá si se decide a abandonar la mala costumbre de buscar cobijo en el sometimiento – por árdua que le sea la tarea.

Pero vayamos por partes, porque ese cuarto de hora de hablar pausado y reflexivo que el 20 de enero lanzó a Mark Carney a las primeras planas del mundo y llenó a los analistas de sorpresa, estuvo muy lejos de ser un acto aislado.

Get back to China

Habían transcurrido, cuando Mark Carney hablaba en Davos frente a un auditorio boquiabierto, menos de 72 horas desde que el día 17 de enero finalizara su visita de 4 días a la República Popular China.

Esa visita fue la primera de un Primer Ministro canadiense desde 2017. Y la primera, obviamente, desde que en 2018 Donald Trump convenciera a Justin Trudeau de la conveniencia de apresar -como una «bargaining chip«- a la hija del director de Huawei, lo que marcó un quiebre en la relación entre ambos países que se prolongó hasta hoy.

(Si alguien quisiera recordar aquel episodio en el que se mantuvo detenida durante dos años a una mujer que no estaba acusada de ningún delito, puede acceder a la nota de DIÁLOGOS Meng Wanzhou: el anuncio de su posible liberación y los riesgos de dormir con elefantes.

En aquella oportunidad traíamos a la memoria lo que Trudeau padre había dicho en su famosa conferencia ante el Pen Club de Nueva York en 1969 en la que explicaba por qué Canadá no acompañaba a los EEUU en su desgraciada «aventura» en Viet-Nam:

Living next to you is in some ways like sleeping with an elephant. No matter how friendly and even-tempered is the beast, if I can call it that, one is affected by every twitch and grunt.

El estadista Pierre Elliot Trudeau, por supuesto, era infinitamente más ocurrente y precavido de lo que fue su hijo.

Pero dejemos atrás el recuerdo de aquel grosero error, que por otra parte fue aplaudido con entusiasmo por casi todo el país, y retomemos el hilo de lo que nos trajo hasta acá.

En la visita de Mark Carney a China fue evidente el interés de los anfitriones por recibir al visitante con todos los honores del caso, se firmaron varios acuerdos comerciales de importancia que venían tramitándose entre ambas partes desde el mes de octubre de 2025, y quedó establecido el interés por profundizar lo que tanto Carney como el presidente Xi Jinping definieron como una New Strategic Partnership.

La visita, la prolongada estancia de más 96 horas en suelo chino, los acuerdos alcanzados y los que se anunciaron, no son algo que un país de la OTAN y el G7 protagonice todos los días en los tiempos que corren. Fue un salto de riesgo, que seguramente le dio a Mark Carney la confianza como para dar, tres días después, en Davos, el paso siguiente: la verbalización de una ruptura.

Desigualdades viejas como el mundo

El discurso del Primer Ministro canadiense en Davos, a diferencia de los inacabables dislates sazonados con amenazas, niñerías y falsedades a los que Donald Trump nos tiene acostumbrados -y haciendo un vivo contraste con la desorientación y el talante sumiso y lastimero que el liderazgo europeo exhibe sin pudor desde hace casi un año- fue elaborado para dejar huella.

Fueron apenas 17 minutos en los que seguramente cada palabra había sido cuidadosamente seleccionada para causar el mayor impacto con la mayor economía discursiva, y no fue casualidad que sus reflexiones comenzaran con un viejo aforismo de Tucídides:

It seems that every day we’re reminded that (…) the strong can do what they can, and the weak must suffer what they must.

Que el poder de los fuertes sólo reconoce el límite de sus propias fuerzas mientras que los débiles están condenados al sufrimiento debido a su propia impotencia, es algo que ya había constatado el historiador, militar y filósofo griego del Siglo V antes de Cristo. No es nuevo.

Pero esas desigualdades de poder tan viejas como el mundo le dieron pie a Carney para iniciar un recorrido por la actualidad inesperadamente franco y lúcido.

La sabiduría de un viejo halcón

Contrariamente a lo que ha querido ver la prensa occidental, en el discurso de Mark Carney en Davos -que ha sido calificado por medios como el New York Times o The Economist como potente, impactante o magistral- no hubo un denuncia de las polítcas MAGA como destructoras del derecho internacional y el rules-based order. No hubo una apelación a recuperar cuanto antes lo que Donald Trump ha puesto en peligro.

Hubo en cambio el reconocimiento de que el tan llevado y traído «orden basado en reglas» y la defensa de valores occidentales supuestamente superiores, fue siempre una farsa. Una ficción que a los EEUU o a sus aliados -entre los cuales Canadá se ha mirado a sí mismo como el primero y el más querido- les resultó útil. Una excusa para ejercitar su fuerza en detrimento de aquellos países cuya debilidad los obligaba a oficiar como víctimas. Irak, Haití, Bolivia, son sólo hitos.

Y aquí, antes de seguir adelante, vale recordar quién es el personaje que el 20 de enero sorprendió a propios y extraños con un discurso franco y rupturista pero también autoacusatorio.

Para ser breves. Tres nacionalidades: canadiense, británica e irlandesa, estudios de grado en Harvard y un doctorado en filosofía por la Universidad de Oxford, le posibilitaron a Mark Carney ejercer como gerente de fondos de inversión en Goldman Sachs durante 13 años en las sedes de Londres, Nueva York, Tokio y Toronto.

Fue luego Gobernador del Banco de Canadá entre 2007 y 2011 y representante del país en las sesiones del G8 y el G20 durante el crack financiero de 2008. El éxito de sus políticas de salida a la crisis lo catapultaron en 2013 a ser nombrado Gobernador del Banco de Inglaterra, sin que a nadie le sorprendiera esa lealtad múltiple que el dramaturgo Goldoni retratara tan bien en su obra de 1746, Arlequino, servidor de dos amos.

Actuó como enviado especial del conservador Boris Johnson en la cumbre sobre Cambio Climático de Glasgow, pero fue asesor del Partido Liberal en Ottawa, y del Partido Laborista en Londres.

Incorporado por primera vez a la política partidaria en 2023, a los 58 años, presidió en 2024 el Grupo de Trabajo sobre Crecimiento Económico convocado por el Primer Ministro Justin Trudeau, aunque inmediatamente después de que éste último debiera renunciar -empujado por el desprecio que le profesaba abiertamente la versión 2.0 de un Trump recargado-, Carney fue tocado por la varita mágica de la fortuna y de su partido, y tras las elecciones anticipadas de 2025 en las que triunfó con holgura, lo sucedió en el cargo.

Todo eso y mucho más -porque su biografía es extensa además de brillante-, nos muestran a un Mark Carney que se ha manejado en el corazón financiero de la anglosfera y en los intrincados bastidores del poder global como un halcón que conoce bien cada recoveco en el que puede estar acechando un lobo, y cada arbusto que cobija la cueva de un conejo tembloroso.

A diferencia del liderazgo europeo, hoy halcones desorientados sin rumbo fijo, él es capaz de adivinar quiénes en el new world order están llamados a ganar y quiénes perderán, antes aún que ellos mismos lo constaten.

Iluminación, ruptura e incertidumbre

A pesar de sus antecedentes, es evidente que Mark Carney sabe de qué está hablando y para quién habla cuando deja en Davos el mensaje que nadie espera y que ninguno de los «líderes occidentales» se atrevió hasta ahora a poner en negro sobre blanco. Y lo sabe porque siempre ha estado allí. En el core mismo del sistema.

For decades, countries like Canada prospered under what we called the rules-based international order. We joined its institutions, we praised its principles, we benefited from its predictability. And because of that, we could pursue values-based foreign policies under its protection.

We knew the story of the international rules-based order was partially false, that the strongest would exempt themselves when convenient, that trade rules were enforced asymmetrically. And we knew that international law applied with varying rigour depending on the identity of the accused or the victim.

This fiction was useful… (…)

We participated in the rituals, and we largely avoided calling out the gaps between rhetoric and reality.

This bargain no longer works. Let me be direct. We are in the midst of a rupture, not a transition.

Over the past two decades, a series of crises in finance, health, energy and geopolitics have laid bare the risks of extreme global integration. But more recently, great powers have begun using economic integration as weapons, tariffs as leverage, financial infrastructure as coercion, supply chains as vulnerabilities to be exploited.

You cannot live within the lie of mutual benefit through integration, when integration becomes the source of your subordination.

Es imposible no estar de acuerdo con él. O no aplaudirlo con entusiasmo.

Debemos sí preguntarnos si Mark Carney ha sido súbita y milagrosamente iluminado y el halcón que fue se ha transfigurado en palomo y miembro de la resitencia, o si siempre conoció lo injusto de los privilegios que gozaban quienes se sentaban en la falda de los great powers, pero hoy simplemente no está dispuesto a correr la misma suerte que antes estaba sólo reservada a los débiles (sobre todo si viven en el desgraciado y apetecido Sur)

Posiblemente la verdad esté cerca de la segunda opción. Posiblemente lo que está advirtiendo es:

«Con nosotros no jueguen a ese juego de sanciones, presiones, bloqueos, amenazas y aranceles, con el que hasta ayer hacíamos sufrir a los demás».

«A mi, que protagonicé pequeñas y grandes maldades, como el bloqueo en 2019 de 31 toneladas de oro que Venezuela había dejado al cuidado del Banco de Inglaterra, no me van a hacer lo mismo».

«No somos Haití ni pueden comprarnos como si fuéramos Groenlandia».

La franqueza y el futuro del mundo

Pese a todo, hay que reconocer que el hecho de que Mark Carney haya desnudado en público a la máquina que gobierna al mundo tiene un valor indudable, y lo tiene también su visión de lo que cabe hacer ahora

Today, I’ll talk about the rupture in the world order, the end of a nice story, and the beginning of a brutal reality where geopolitics among the great powers is not subject to any constraints. (…) The power of the less powerful begins with honesty.

Y por eso mismo, por la franqueza con la que reconoce que el orden internacional que se ha roto no era otra cosa que una nice story, hay que remarcar la ¿lucidez? del final de su discurso en Davos:

We know the old order is not coming back. We shouldn’t mourn it. Nostalgia is not a strategy. But we believe that from the fracture, we can build something bigger. Better. Stronger. More just.

This is the task of the middle powers. The countries that have the most to lose from a world of fortresses and the most to gain from genuine cooperation. The powerful have their power. We have something too. The capacity to stop pretending. To name reality. To build our strength at home and to act together. That is Canada’s path. We choose it openly, confidently, and it is a path wide open to any country willing to take it with us.»

Y si más arriba le hemos puesto signos de interrogación a la palabra lucidez, es porque el bueno de Mark, si bien hace referencia en el final a «any country willing to take it with us» ha dejado antes en claro que visualiza como compañeros de ruta, como bien lo podíamos sospechar, sólo a los middle powers. La clase media de la geopolítica.

Su llamada, admirable, franca y rupturista, si bien será capaz de sacar de sus casillas al aspirante a emperador del mundo, si bien lo obligará a dar pasos en falso (que ya está dando), si bien dará principio a nuevas alianzas y nuevas estrategias en el new world order, no parece incluir a los débiles del mundo todavía.

Esos deberán ingeniarse para crear sus propias estructuras de sobrevivencia en la jungla global si aún les es posible.

Adenda

Hay un aspecto no menor de todo esto para quienes nos ubicamos dentro del amplio espectro de lo que en política nos gusta denominar izquierda -alicaídos porque buena parte de nuestras banderas parecen haber caído en desuso mientras que una porción no menor está hoy en manos de las versiones más antipáticas de la derecha.

Eso que el Primer Ministro canadiense ha dicho con respecto a la falsedad, la hipocresía y la inequidad del sistema, es algo que siempre hemos sostenido. Eso que la prensa mainstream recibe con estupor pero también con cierto entusiasmo de ¡oh, este hombre nos muestra por fin la luz!!, lo que hizo que la concurrencia lo ovacionara de pie, ha sido dicho una y mil veces por voces que en ocasiones han escuchado como única respuesta su propio eco que les vuelve desde el vacío. Cuando no un disparo en la sien.

Vale hacer el esfuerzo de reivindicar que el camino que ahora algunas elites pretenden recorrer -sin saber muy bien cómo-, estuvo abonado por l@s nuestr@s.

 

 

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online