Descarbonización de la atmósfera y pandemia socio-ambiental (it’s the future, stupid)

La sociedad humana sufre un proceso de deterioro que se ha definido como pandemia ambiental, de la cual la crisis climática es a su vez causa y manifestación. Se trata de un proceso de características planetarias y que se anticipe que los acuerdos a los que se llegue en la COP26 que se celebra en Glasgow serán insuficientes, no hace más que echarle leña al fuego. .

 

La llamada «descarbonización» de la atmósfera es el talón de Aquiles de nuestra época y nos proponemos dedicarle varias notas en lo que queda del 2021, pero a modo de brevísima introducción, vale prestarle atención al siguiente video, que hemos tomado de: Analysis: Which countries are historically responsible for climate change, del portal especializado CarbonBrief.

Video shows, by ranked nation, cumulative CO2 emissions from fossil fuels, land use and forestry, 1850-2021 (million tonnes). Bottom right, remaining carbon budget to limit global warming at 1.5C (50-50 chance).

Concimiento y ambivalencia

Aunque desde finales del siglo XX ha quedado meridianamente claro que la crisis climática tiene origen en las actividades humanas a partir del desarrollo de la Revolución Industrial, la extendida conciencia social acerca de su gravedad es relativamente nueva. Y la posibilidad de que esa conciencia se transforme en políticas concretas que puedan evitar el desastre que se avecina, parece alejarse a medida que el tiempo transcurre.

Si bien quienes se presentan a sí mismos como líderes del mundo comienzan a coincidir en el reconocimiento de los riesgos (incluso el hasta ayer negacionista Jair Bolsonaro acaba de hacerlo), la poca seriedad que demuestran para asumir los costos asociados a cambios reales en nuestros modelo de desarrollo es notoria.

Tenemos un ejemplo cercano en al ambivalencia crónica y a esta altura patética del gobierno canadiense, que se muestra cada año más preocupado por presentar metas ambiciosas que por cumplirlas.

Como planteaba Tzeporah Bernam en The Guardian al analizar el compromiso real de Canadá en una nota titulada Justin Trudeau’s love of fossil fuel will only make Canada’s extreme weather worse:

«So why are we doing so poorly on addressing this emergency, in a relatively wealthy country with a stable democracy in which the majority of the population not only believes in climate change but supports strong action to move to a low carbon economy? The answer lies in part with the level of influence, lobbying and power of the fossil fuel companies in the committees, councils and commissions that are shaping our response to the climate emergency. The fox is watching the henhouse.

Canada’s big banks and pension funds are among the largest fossil fuel financiers and investors in the world. Their enabling of the fossil fuel industry hinders real action on climate.»

Pero nuestro Primer Ministro no es en esto ni el único ni el peor. El enviado de Politico a la vigesimosexta Conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima, iniciaba su informe titulado Leaders confess climate sins at COP26 con esta frase irónica:

«National leaders trooped into the Scottish Event Campus this week to take part in what’s become an annual rite of penance — apologizing for historic bad behavior on climate and pledging to eventually become pure… but not yet.»

Y comentaba al finalizar su nota:

«Rich countries have long promised poor countries that they will pay for the original sin of their early industrialization, which brought climate change to the world, by delivering money to help poor countries develop using fewer fossil fuels. The aim is to supply $100 billion a year in climate finance — a goal rich countries aren’t meeting, and which poor countries want dramatically raised.»

Es el futuro, estúpido

Paralelamente a los cambios en el clima, que tendrán y ya tienen resultados catastróficos, vivimos una época de malestar social creciente en numerosas zonas del planeta, que hunde sus raíces en problemas económicos como el desempleo, las brechas salariales, el deterioro de la seguridad social, la carestía y la inflación, la precariedad laboral y la pobreza.

Si a eso le sumamos lo que será el impacto de los efectos de corto, mediano y largo plazo de la pandemia que estamos atravesando, las crisis de liderazgo y de confianza en las instituciones (basta observar a nuestros vecinos del Sur, y habrá que ver cómo se procesa la creciente debilidad de Joe Biden, que acaba de perder en Virginia todo lo que no pudo ganar en la COP26), y la sensación cada día más extendida de que estamos en el umbral de una nueva Guerra Fría, podríamos concluir en que estar pensando en descarbonizar nuestra atmósfera es poco más que una utopía si no frívola, al menos irrealizable. Sin embargo, y como todo indica, esa utopía no es otra cosa que la única y estrechísima puerta de salida que nos queda.

Ese será el tema crucial de la próxima década: quiénes y cómo deberían hacer qué… y a qué costo. Si Bill Clinton tuvo aquel «it’s the economy, stupid» como uno de los pilares de su campaña en 1992, hoy le deberíamos poder explicar a nuestros líderes que ya no se trata de una carrera por el favor del electorado, o de una puja por los fondos que las grandes empresas puedan aportarles, sino del futuro (el de todos y también el suyo).

Por eso, y como siempre ocurre, no se puede evitar mirar hacia atrás. Porque no sólo importará saber qué países están contribuyendo con más emisiones de carbono hoy, sino qué países emiten más por habitante y, sobe todo, qué países han emitido más desde el comienzo del proceso, ya que las emisiones no se desvanecen con el tiempo sino que se acumulan en la atmósfera y nos seguirán afectando hasta que no encontremos la forma de neutralizar el daño ya hecho.

Eso y no otra cosa es lo que está en el fondo de las discusiones y debates de la COP26. Quién deberá hacer qué sacrificios para que la carga de salvar el planeta se reparta equitativa y justamente.

Trataremos de abordar ese tema, con más detalle, en próximas notas y por el momento vale observar con atención lo que nos muestra este mapa.

HORACIO TEJERA
Comunicador, activista por los derechos humanos,y el desarrollo sostenible, y diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER!

Suscribiéndote recibirás, quincenalmente, una puesta al día de las notas publicadas, los materiales periodísticos que compartimos con otros medios de la prensa canadiense y del exterior, y sugerencias acerca de actividades culturales y recreativas de tu interés.