Pandora Papers: secretos y maldad en las guaridas fiscales. Sebastián Piñera revisitado.

Sería difícil encontrar una mejor imagen para nombrar una operación que devela parte de los secretos y las maldades que se desarrollan en las “guaridas fiscales” que la de Pandora: aquella mujer hermosa que los dioses habían dotado de todas las virtudes, pero que fue también nuestro peor e inmerecido castigo. .

Una breve aproximación a un nombre

Era el principio de los tiempos y Prometeo había robado el fuego a los dioses para regalárselo a la humanidad, que tanto lo necesitaba y por eso Zeus, vengativo y ocurrente, no contento con el castigo terrible que le impuso al culpable, pensó en otro. Un castigo que nos dañara a todos. Para siempre.

Hefesto creó a pedido de Zeus una doncella hermosísima y a continuación diferentes diosas la fueron dotando de sus propias virtudes (elocuencia, sabiduría, encantos amorosos) y antes de llevarla hacia el mundo la hicieron, además, curiosa… y le dieron un cofre cerrado que le ordenaron no abrir.

Pandora, que ese era su nombre, era un regalo de los dioses destinado al hermano de aquel traidor que nos había entregado el fuego y aunque Prometeo le había aconsejado no recibir jamás nada que viniera de ellos, Pandora era tan encantadora que aquel desgraciado no pudo evitar enamorarse de ella… y ya sabemos lo que ocurrió poco después.

Lo joven sintió curiosidad por saber qué contenía el cofre, lo abrió y de él se escaparon y se dispersaron por el mundo todos los males posibles: enfermedades, dolor, injusticias, vejez y todo lo que podamos imaginar.

Ese fue el castigo por haber aceptado el fuego, y está escrito que nunca podremos liberarnos de él. O así parece.

Los Pandora Papers y la crueldad de los que tienen más

La Operación Pandora, una filtración de más de 12.000.000 de documentos de guaridas fiscales, producto de la investigación de un consorcio de 150 periodistas y medios de prensa de 117 países que trabajaron durante 11 meses, que involucra a Jefes de Estado, personajes de la política, el deporte y la escena internacional, lleva el nombre de aquella mujer a cuya curiosidad, de acuerdo a la mitología griega, le debemos todos los males que padecemos.

Pandora es, vale reconocerlo, una construcción intelectual misógina y patriarcal propia de quienes, en lugar de responsabilizar por lo que nos pasa a un Dios -hombre y vengativo-, encaprichado en dañarnos, prefieren culpar a una mujer -mortal y cuyo único error (si cabe) fue ser curiosa. La tradición judeo-cristiana se ha ensañado con la curiosidad de la pobre Eva y también la ha colocado como objeto de desprecio, así que podemos comprender que el caso de Pandora no es excepcional.

Pero dejando misoginias de lado, que la operación lleve el nombre de Pandora también nos permite reflexionar acerca de la multiplicidad de los males que se esconden en esas guaridas fiscales que por una mala e interesada traducción de la palabra “haven” la prensa suele presentar como “paraísos fiscales”.

No sólo se esconden evasores en esas cuevas. Allí se aloja, con comodidad y entre algodones de ingeniería financiera, la quintaesencia seductora del sistema.

Lo que se agazapa en esas cuevas y lo que más nos cuesta ver precisamente porque se trata de un sistema y no de comportamientos aislados, es la responsabilidad de esa gente (quienes evaden, el ejército de figuras menores que los asesoran para que lo hagan, y quienes legislan para que les sea posible) en lo que luego padecemos y no sabemos cómo solucionar. Sistemas de salud pública empobrecidos y desfinanciados, gente mayor padeciendo vidas insufribles en long term homes hediondas, madres desprotegidas cuyos hijos e hijas están condenados a ser ciudadanos de segunda categoría desde antes de nacer, y todo lo que socialmente queda por hacer o nunca se hace por falta de recursos. Desigualdad fabricada con esmero, para decirlo en cuatro palabras.

El vergonzoso retorno de un presidente inagotable

Sería imposible mencionar a todos y cada uno de los implicados en la Operación Pandora. Los Legionarios de Cristo y el modo en que se vinculan dinero, poder y pedofilia no sería un mal tema.

Tampoco estaría de más detenernos en la desesperación de Mario Vargas Llosa para autodestruirse y que lo olvidemos. O podríamos hacer foco en esas estrellas del deporte que el público adora mientras ellas lo estafan. Lo dejaremos para próximos escándalos.

Hoy es inevitable que nos detengamos en uno de esos implicados. Un hombre que sin que se pueda decir de él que se destaca en nada (o al menos por nada bueno) ha llegado a ser dos veces presidente de su país. Y que después de haber soportado un estallido social de proporciones épicas -sin tener que renunciar-, está ahora a un paso de ser destituído cuando le falta apenas un mes para terminar, sin gloria y en medio del escarnio, su mandato.

De Sebastián Piñera no sólo se conocían ruindades varias y una adicción al dinero que lo transformaban en un personaje relativamente despreciable, sino que, por añadidura, había sabido colocarse siempre del lado desagradable de la historia.

Recordemos Cúcuta y la satisfacción golpista que desplegó el 19 de enero de 2019 cuando junto a sus socios del Grupo de Lima ya olían sangre ajena y la posibilidad de un conflicto a escala regional que habría incrementado sustancialmente su riqueza.

Recordemos su orgullo vacío y desnorteado cuando comparó a su país con un paraíso 48 horas antes de que los jóvenes comenzaran a pintar en los muros del Metro: «Evade, como Piñera» y dieran el punta pie inicial de uno de los levantamientos populares más apabullantes de las últimas décadas. Decirle majadero es poco.

Esta vez, lo que ha salido del cofre de Pandora no es sólo lo previsible, el evasor, el que estafa, el que esconde su dinero en las Islas Vígenes Británicas para no tener que contribuir con los suyos. Porque Piñera es inagotable y el affair Mina Dominga, ha develado que el hoy Presidente firmó contratos en los cuales, en los hechos, se comprometía a la no aprobación de determinadas leyes de protección ambiental a cambio de dinero. Y con eso, al parecer, ha tocado fondo. Su país no parece dispuesto a seguir dejándolo sin castigo y ya era hora.

Dice de él y de este caso el columnista Rafael Gumucio en The Clinic:

«Los papeles de Pandora añaden sólo detalles a un retrato que todos tenemos claro desde hace décadas. Sabemos hoy, en resumen, lo que siempre hemos sabido: Piñera es alguien que puede hacer cualquier cosa con tal de ganar, incluso perder. Es lo que mejor hace.

Piñera es alguien que necesita siempre más. No sabe muy bien qué, sólo sabe que necesita más. Quizás porque sabe que el “más” es seguro, cuantificable, medible; mientras el “mejor” es incierto y depende del juicio del tiempo. No tiene la paciencia para esperar ese juicio, menos la sabiduría de los expertos o el relato de los poetas y los narradores. Es alguien que necesita medirse, pero que todos sus amigos llaman “chato”; o sea, lo juzgan por el porte. Quizás por eso trata de ser más grande que él mismo, pero al rebotar con sus propias medidas siempre se ve más chico de lo que realmente es.

(…) al final de cuentas, más allá del caso Piñera, lo que queda claro en Chile como en Argentina (Macri) o en Estados Unidos (Trump y los Bush) es que después de unos cuantos millones en la cuenta es imposible gobernar a un país honestamente. No porque los millonarios sean de por sí deshonestos -hay de todo-, sino porque la democracia se basa en separar el poder del poder, y no hay hoy poder más grande que el del dinero.»

Quizás y teniendo en cuenta las urgencias de una campaña electoral en marcha y que faltan apenas 50 días para las elecciones, la oposición podría dudar y verse tentada a no destituirlo ya, para no agitar las aguas. Sería posible que con la excusa de que no es estrictamente necesario, o que podrían no estar los votos necesarios en el Senado, la suerte de Sebastián Piñera no esté sellada. Pero sería una pena. Una oportunidad desaprovechada.

Sería un indicio de debilidad que pagará la nueva democracia chilena antes aún de ser parida. Sería una señal más de que hagan lo que hagan son impunes, que todo les está permitido, y que esa calamidad, la timidez frente al poder, la peor de todas, también estaba en el cofre que los dioses, en el inicio de los tiempos, dejaron en las manos de Pandora.

HORACIO TEJERA
Comunicador, activista por los derechos humanos,y el desarrollo sostenible, y diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online

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