Nadie excluíd@

La sociedad en la que vivimos no es la misma en la que vivieron nuestros abuelos, ni nuestros padres. La verdad es que es muy probable que la sociedad actual no sea la misma de hace diez años. .

Esta nota de «Comunicación Joven», forma parte del acuerdo de Diálogos con el curso Spanish 219 (Spanish for academic purposes), del Dpto. de Español y Portugués de la Universidad de Toronto, a cargo de la Prof. Vanina Machado.

Si bien la realidad que nos rodea está en constante evolución, a veces parece que los instrumentos lingüísticos que existen para representarla son limitados.

Al vivir en Canadá nos damos cuenta de que el simple sistema tradicional gramatical binario, de masculino vs femenino, limita la variedad de géneros que existen actualmente. Entonces, cabe preguntarse cuál es el medio más importante que nos permite representar la realidad sino el lenguaje que usamos, y cómo podemos hacer que nuestra forma de hablar sea más fluida para que nos permita representar la realidad de la sociedad que nos rodea.

En los últimos años, la comunidad hispanohablante LGBTQIA+ ha expresado la necesidad de poder hacer que el español sea más fluido, y por tanto más adecuado para expresar la multitud de géneros que la componen. Uno de los primeros intentos de crear un sistema lingüístico más inclusivo fue la introducción de símbolos, letras (como @, *, X) o ambas las vocales finales, para reemplazar la vocal final de las palabras que requieren concordancia gramatical (así como los adjetivos).

Por ejemplo, en las fórmulas de saludo inicial de los correos electrónicos, en lugar de utilizar el masculino sobrextendido (como “queridos amigos”), se puede escribir querid@s, querid*s, queridXs, o queridas/os. Si bien estas soluciones fueron el primer paso hacia un lenguaje más inclusivo, todas parecen ser exclusivas del mundo de la palabra escrita.

Sin embargo, el problema está en la pronunciación, ¿Cómo se pronuncia «querid@s» o “queridas/os”? ¿Cómo pueden traducirse en el idioma hablado?

En los últimos tiempos hemos buscado la solución a este problema utilizando las «es» finales, por lo que las palabras se convertirían en “querides”, “nosotres” etc. Por ejemplo, cuando hablamos con una audiencia compuesta por mujeres y hombres en lugar de usar el masculino genérico, deberíamos decir “¡hola a todes!” o para empezar un correo podriamos poner utilizar la fórmula “Querides todes”. De esta manera seríamos capaces de reconocer todas las identidades de género a las que nos referimos y ponerlas a todas a un mismo nivel.

Habrá quienes se pregunten por qué es importante utilizar un lenguaje más inclusivo cuando no sienten la necesidad. La verdad es que las personas necesitan sentirse conectadas, y si permitiéramos que el español fuera más fluido, no sólo significaría darle relevancia a la realidad en la que vivimos, sino que también permitiríamos que las personas puedan expresarse libremente y sentirse bienvenidas. Ciertamente no será fácil cambiar la forma de hablar. ¿Nos equivocaríamos las primeras veces? ¡Por supuesto! Pero lo importante es no desanimarse y reconocer los errores para poder seguir mejorando.

El lenguaje es uno de los instrumentos más inmediatos para conectar a las personas entre sí y la importancia de dar a todos la oportunidad de poder expresarse de acuerdo con su propia identidad permitiría construir nuevos vínculos. Como se dice habitualmente «En un mundo de muros, seamos quienes construyan puentes».

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