(…) Feroz como una loba a la que han dejado sola (…) Sarcástica, impiadosa, descarnada, trató a la poesía como la hembra de otra hembra y escribió con desparpajo el desgarro del exilio y el deseo lésbico. Lo suyo no es la ternura ni el lamento, lo suyo es el aullido (…) esa ferocidad con la que trata todos los asuntos, desde el erotismo a la vida política, desde la búsqueda de identidad a las cuestiones más pedestres de la vida cotidiana. .
Desde hace tiempo, ella es para muchas de nosotras una poeta y narradora canónica pero secreta, siempre presente pero leída a mordiscos en ediciones españolas o rastreada en la web, porque hasta este año no había ediciones argentinas de sus libros. Su voz, tremendamente actual, da letra anticipada a nuestros descubrimientos y nuestras luchas. Este premio mayor nos la devuelve en la potencia de su radicalidad, joven, despiadada y descarada. Obscena cuando quiere y cuando quiere y no quiere, irónica, incisiva, inteligente.
Antes y hoy, con el Cervantes en el bolsillo, es una de las claves para entender por qué nosotras escribimos lo que escribimos, como dice Sofia de la Vega en la contratapa de Detente instante, eres tan bello (…)
Los años de una insumisa de la lengua
Comenzamos esta semblanza de Cristina Peri Rossi, la poeta uruguaya que acaba de recibir en España el Premio Cervantes (la segunda en apenas 3 años) con lo que ha dicho de ella la argentina María Teresa Andruetto, porque no hay nadie mejor que una escritora para encontrar las palabras adecuadas para definir a otra. Y porque la extraña circunstancia de que Cristina, traducida a lo largo de su vida a más de 20 idiomas, no haya sido editada en la Argentina hasta fecha muy reciente y haya debido ser “leída a mordiscos” o “rastreada en la web” por quienes la admiran, habla muchísimo sobre ella y sobre su poesía. Y sobre nosotros.
“Explícita, a contrapelo, insumisa, la obra de Cristina Peri Rossi es de la más influyentes de la lengua castellana, sin lugar a dudas, y tan relevante como ella ha sido el recorrido fiel y delicado que ha construido la poeta, un recorrido que es un motor político para intervenir en el lenguaje, porque más allá del activismo, es parte de una generación que transformó el lenguaje y la poesía en campo de batalla” se puede leer en la reseña editorial de Detente, instante, eres tan bello, el volumen que reúne una selección de su obra publicada.
En 1972, a los 31 años, ya docente de literatura, ya feminista, y ya reconocida como autora sorprendente pero “extraña”, amenazada por una dictadura militar que ensayaba sus primeros pasos, Cristina Peri Rossi se fue de su país, en el que su obra fue censurada y donde hasta mencionarla estuvo prohibido. Un año antes había publicado el poemario Evohé, cuyo erotismo lésbico había causado escándalo. No eran épocas para andar ventilando esas cosas sobre todo si se era mujer, por lo que debió exiliarse en Barcelona, desde donde nunca quiso volver esa ciudad que «quise con un amor desesperado/ la ciudad de los imposibles/ de los barcos encallados (…) la ciudad triste / suspendida del tiempo / como un sueño inacabado / que se repite siempre».
Su relación con el entorno había comenzado siendo difícil ya desde temprano y quien esto escribe la recuerda como la profesora “de labios de Mick Jagger” que nos incomodaba (por su voz grave, por su juventud -que la acercaba y a la vez la alejaba de nosotros- y por su aspecto de malcriada sin atenuantes) pero a la que era virtualmente imposible no comerse con los ojos.
A poco de llegar exiliada a España, y antes de la muerte de Francisco Franco, debió asilarse en París en donde se refugió en la intensa amistad que la unió a Julio Cortazar y tres décadas después perdió su trabajo como comentarista cultural y política en Catalunya Radio, por empecinarse a hablar en español en tiempos en que la recuperación del catalán se había transformado en un tema vital -y excluyente.
Desde su sexualidad hasta su postura frente a lo que fuera, en particular las experiencias del exilio, la migración y la lengua, Cristina Peri Rossi, que cumple hoy, 12 de noviembre, 80 años, siempre supo acariciar a contrapelo, enamorar aún a la distancia, y mostrar el lado oscuramente iluminado de las cosas.
DE AQUÍ A LA ETERNIDAD
Descubrir a Dios entre las sábanas
-no en el templo fariseo
ni en la altiva mezquita-
sábanas blancas
sudario del amor que te cubría
manto sagrado
iniciar la bienaventurada ascensión
de tu piel a la eternidad
de tu vientre al círculo celestial
sentir a Dios en tus húmedas cavidades
en el grito vertiginoso
de la jauría de tus vísceras
saber
que Dios está escondido entre las sábanas
sudoroso
consagrando tu sangre menstrual
elevando el cáliz de tu vientre
descubrir de pronto que Dios
era una diosa,
última ascesis,
de aquí a la eternidad.
MONTEVIDEO
Nací en una ciudad triste
de barcos y emigrantes
una ciudad fuera del espacio
suspendida de un malentendido:
un río grande como mar
una llanura desierta como pampa
una pampa gris como cielo.
Nací en una ciudad triste
fuera del mapa
lejana de su continente natural
desplazada del tiempo
como una vieja fotografía
virada al sepia.
Nací en una ciudad triste
de patios con helechos
claraboyas verdes
y el envolvente olor de las glicinas
flores borrachas
flores lilas
Una ciudad
de tangos tristes
viejas prostitutas de dos por cuatro
y bares que se llaman City Park.
Y sin embargo
la quise
con un amor desesperado
la ciudad de los imposibles
de los barcos encallados
de las prostitutas que no cobran
de los mendigos que recitan a Baudelaire.
La ciudad que aparece en mis sueños
accesible y lejana al mismo tiempo
la ciudad de los poetas franceses
y los tenderos polacos
los ebanistas gallegos
y los carniceros italianos
Nací en una ciudad triste
suspendida del tiempo
como un sueño inacabado
que se repite siempre.
