El círculo de Yuxi y los pujos estúpidos y crueles de un necio

Existe un consenso generalizado en señalar que, en la guerra de los EEUU e Israel en contra de Irán, el objetivo final es China. Sin embargo, dadas las previsibles consecuencias que tendrá la guerra, cabe sospechar que exista un objetivo ulterior de un alcance casi inimaginable. El objetivo -deseado o no- podría ser el 55% de la población mundial. Las personas que viven dentro del «Círculo de Yuxi». .

 

Mientras el mundo contempla cómo la tregua de doce días en el Golfo Pérsico expira sin que la paz parezca ser un objetivo alcanzable, podemos darnos un respiro, dejar de mirar toda esa locura que acontece sobre el escenario, y fijar la mirada en lo que sucede entre bastidores; en el backstage que las luces de escena no iluminan.

Para eso deberíamos prestarle atención al Círculo de Yuxi: un concepto clave si queremos entender el alcance inusitado que podría tener esta nueva apuesta estadounidense por el caos a escala planetaria.

La mitad de todos nosotros

El geógrafo y demógrafo Alasdair Rae, ex catedrático de Estudios y Planificación Urbana en el Reino Unido y actualmente Director de la empresa de análisis de datos Automatic Knowledge, hizo notar en 2022 que más de la mitad de la población mundial vive dentro del área que resulta de trazar un círculo de 4000 km de radio tomando como centro la ciudad de Yuxi en la provincia China de Yunán.

Este círculo, que cubre menos del 7% de la superficie del planeta, concentra el 55% de su población (más de 4.300 millones de personas). Incluye países densamente poblados como Pakistán, India, China (con Taiwán incluída), Japón, las Coreas y todos los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN): Brunéi, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam, -a pesar de que abarca también zonas prácticamente deshabitadas como el Desierto de Taklamakan, la Meseta Tibatana, Mongolia y la zona meridional de Siberia.

Durante las últimas cuatro décadas, los países que forman parte del Círculo de Yuxi han experimentado un crecimiento promedial del PIB de alrededor del 5% anual, impulsado por la expansión de la industrialización, el comercio, la productividad agrícola y la urbanización. Esto ha propiciado un aumento extraordinario del bienestar humano, de los niveles educativos, la expansión de los servicios de salud, y de la cantidad de personas que ya han salido -o están saliendo- de la pobreza más abyecta.

El mundo ha asistido así a un cambio de proporciones cataclísmicas en la geografía económica mundial, cuyo centro neurálgico ha dejado de estar -posiblemente para siempre- en la cuenca de Atlántico Norte.

Sin embargo, todos estos logros podrían verse seriamente comprometidos por los acontecimientos que se están desarrollando en el Golfo Pérsico, que colocan a la región al borde de una inestabilidad de consecuencias imprevisibles.

Según la Agencia Internacional de Energía, de los 20 millones de barriles de petróleo crudo y productos derivados del petróleo que transitan diariamente por el Estrecho de Ormuz, el 80% se destina a Asia.

Entre las principales economías de la región, todas ellas inscriptas dentro del Círculo de Yuxi, la dependencia del petróleo que fluye a través del Estrecho de Ormuz es alta en general, pero algunos países tienen un grado de vulnerabilidad extraordinario que los está obligando a adoptar ya medidas de emergencia -que son apenas un adelanto de lo que vendrá.

La geografía y los pujos de un necio

Siempre se ha dicho que son la geografía y la geología las que deciden la idiosincracia y el destino de los pueblos, y pocas veces eso se nos ha mostrado con mayor claridad que ahora, cuando un imperio en decadencia y el empujón de un necio como la humanidad ha visto pocos, amenazan con resquebrajar todo el orden y la economía internacional.

Tanto China como India, los dos países más poblados del Círculo -y los más poblados del planeta-, cuentan con grandes reservas nacionales de carbón y están aumentando la producción de energías renovables, por lo que las importaciones de petróleo y gas representan menos de la mitad de la producción energética total. Aun así, aproximadamente el 50% de esas importaciones provienen del Golfo Pérsico.

China podrá incrementar el consumo de petróleo ruso a través del gigantesco oleducto Poder de Siberia, pero India depende o bien del petróleo iraní que le llega vía Ormuz, o del petróleo ruso que podría llegarle a traves de oleductos que necesariamente deberán atravesar Irán, por lo que su dependencia de lo que suceda en la región es extraordinaria.

Tailandia también obtiene cerca de la mitad de su petróleo de la región del Golfo Pérsico pero no cuenta con esas alternativas que la geografía le otorgan a India y China, por lo que su afectación será mucho mayor.

Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán, hasta ahora los mayores aliados de los EEUU en la región, que forman en su conjunto la primera línea de contención de China estructurada tras la Segunda Guerra Mundial, dependen de los países del Golfo Pérsico para más del 80% de sus necesidades energéticas, por lo que una continuación de la guerra o una destrucción parcial de sus instalaciones petrolíferas los colocaría en una situación social y política insostenible.

En estos días, dicho sea de paso, hemos asistido a una de las consecuencias previsibles que el empujón del necio podrían tener en la región: Taiwan, que ha sido desde 1949 un territorio en disputa busca ya, tras la visita de hace unos días de Cheng Li-wun a Beijing y Shanghai, reforzar sus lazos con la mainland.

Una desestabilización ¿programada?

Un superpetrolero VLCC tarda entre 20 días y un mes en navegar desde los países del Golfo (Kuwait, Iran, Arabia Saudita, Emiratos, etc.) hasta los países más alejados dentro de Círculo de Yuxi (como Japón y Corea), por lo que al día de hoy ya han llegado a destino los últimos que atravesaron el Estecho de Ormuz antes de los ataques del 28 de febrero.

Eso quiere decir que todos esos países ya están haciendo uso de sus reservas estratégicas (que en el caso de China son muy grandes pero en el caso de los países más pequeños son escasas), o han aumentado sus compras de petróleo en Malasia, cuyo crudo es de alta calidad, por lo que han de estar pagando por él precios sensiblemente mayores a los que pagan en tiempos normales.

Pero los precios por sí solos, el shock inflacionario subsiguiente, y la reducción de los presupuestos gubernamentales, no reflejan la magnitud de la posible perturbación en la región, que se extenderá a través de múltiples canales tanto a nivel macroeconómico como humano, amenazando con revertir años, o incluso décadas, de desarrollo si la crisis persiste.

Veamos sólo algunos ejemplos.

Millones de familias campesinas o de los suburbios de las grandes ciudades de la India, desde hace algunos años, habían podido suplantar en sus cocina la leña y el estiércol seco por el gas licuado de petróleo proveniente de Irán. De ese modo habían dejado de ser un factor de deforestación -y de cambio climático- y habían visto bajar dramáticamente las enfermedades respiratorias, en especial entre mujeres y niños. Hoy, con la guerra y tras el «segundo bloqueo» a los buques iraníes, todo ese esfuerzo ha quedado en suspenso y a punto de desmoronarse.

El impacto de la guerra en el suministro de fertilizantes tendrá también consecuencias de gran magnitud ya que aproximadamente el 30% del fertilizante mundial transita por el estrecho de Ormuz. Gran parte del mundo se verá afectado, pero la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que Bangladesh es particularmente vulnerable. Tiene una de las tasas más altas del mundo en el uso de fertilizantes nitrogenados, de los cuales aproximadamente el 55% proviene del Golfo Pérsico. El desafío se agravará si la interrupción se prolonga durante algunos días más, momento en el que comienza la temporada de siembra en India, Tailandia, Vietnam, Laos, entre otros.

Hasta el comienzo de la guerra había varias decenas de millones de trabajadores indios, paquistaníes o filipinos trabajando en Medio Oriente y enviando remesas a sus hogres. El caso de Pakistán es particularmente dramático ya que los envíos de dinero proveniente del Golfo representaba hasta hace sólo un mes más de la mitad de los 40 mil millones de dólares que el país recibe por sus exportaciones.

Es incalculable el grado del daño que derivará de una prolongación o aún peor, de una escalada de la guerra, y el modo en que nos afectará con independencia de lo alejados que nos sintamos del epicentro humano del conflicto.

Lo no-deseado y lo deseado de la crisis

Es imposible, al menos por ahora, saber si Donald Trump, J.D. Vance, Marco Rubio, Pete Hegseth y la caterva de fanáticos religiosos y supremacistas incapaces que están a cargo de la política y la maquinaria de guerra estadounidense tienen real conciencia del problema en el que nos han metido.

Cabe la posibilidad de que simplemente estemos frente a personas demasiado ignorantes o perturbadas mentalmente como para haber podido evaluar adecuadamente el descalabro global que podía sobrevenir a un ataque a Irán si el régimen no caía en 24 horas tal como soñaron.

Esa el la suposición más obvia. No sabían a lo que se arriesgaban porque son tontos. Confiaron ciegamente en el mito de la America superpoderosa y aliada de Dios en el que todos ellos creen. Se dejaron llevar por las promesas del Mossad o por los cantos de sirena de Palantir. Estuvieron un mes y medio especulando con las subas y las bajas del petróleo que ellos mismos determinaban, y en ese sube y baja especulativo han de haber ganado mucho dinero, pero ahora no saben cómo -ni ejerciendo qué grado de violencia- podrán salir de la trampa.

Pero también tendríamos que ser capaces de preguntarnos si todos los efectos «no deseados» del ataque a Irán en términos de desestabilización económica, social y política en el Círculo de Yuxi, en la región en la que -deberíamos verlo de esta forma- viven más de la mitad de todos nosotros, no será el objetivo último de esta guerra.

Se trata de una duda razonable por tremenda que pueda parecernos. Este conglomerado de fascinerosos que reina en la Casa Blanca, ante la imposibilidad de competir no sólo con China sino con todo el Este y el Sudeste asiático, ¿no se habrá decidido por desmembrarlo y desangrarlo mientras aún es posible?

(Recordemos que el momento de mayor gloria del Imperio Británico se dio cuando con el opio de la India se pudo debilitar a China para luego destrozarla)

¿No será éste un último intento conciente, descomunal y desesperado -y por deseperado devastador, torpe y ciego- por mantener viva la herencia colonial y la llama civilizatoria de Occidente?

 

 

 

 

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador preocupado por los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo sostenible. Diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online