El desmoronamiento de un icono «democrático» prefabricado.

En los últimos días, Donald Trump arremetió contra el Volodimir Zelenski, exigiendo la celebración de elecciones en Ucrania, argumentó que Zelenski debería haber aceptado un acuerdo hace dos años, cuando las condiciones eran todavía favorables, y anunció que Estados Unidos podría recortar sus acuerdos de intercambio de inteligencia lo quie dejaría a Ucrania combatiendo a ciegas. Cabe que nos preguntemos ¿qué busca?.

 

¿Cómo podemos analizar este cambio en la retórica del presidente estadounidense? Su trascendencia inmediata aún no puede determinarse, habida cuenta de la tendencia de Trump a modificar sus posturas. No obstante, si analizamos la situación con mayor perspectiva, esta reprimenda a Zelenski refleja una tendencia más amplia: el desmoronamiento de un icono democrático prefabricado.

¿Qué pretende lograr Trump?

El alcance y las consecuencias de esta nueva arremetida contra Zelenski aún no pueden determinarse, sobre todo porque Trump protagonizó un episodio similar durante el sonado enfrentamiento con Zelenski en el Despacho Oval el 28 de febrero de 2025.

La primera hipótesis es que los comentarios de Trump podrían reflejar un cambio estratégico más profundo, alejándose de Zelenski en un intento por trasladar una mayor parte de la carga de la guerra a los europeos. Washington parecía creer que una escalada del conflicto podría ponerle fin a través de la presión que esa escalada significaba para Moscú; de hecho, Marco Rubio se mostró optimista al respecto en relación con la reciente campaña de 40 días de ataques en profundidad contra infraestructuras civiles en Rusia, cuyo objetivo era hacer que la sociedad civil rusa sintiera los efectos de la guerra.

Ocurrió, sin embargo, todo lo contrario: la opinión pública rusa percibe ahora una amenaza existencial, derivada de lo que consideran —con razón— una guerra por delegación de la OTAN. Ante la contundente escalada de Rusia —que incluye un bloqueo naval y ataques de gran envergadura contra la logística y la infraestructura energética de Ucrania—, es posible que Trump simplemente reconozca que la estrategia ha fracasado y que la guerra en Ucrania se acerca a su desenlace. Quizás por ello haya llegado a la conclusión de que es el momento de que Estados Unidos se desvincule del conflicto, ya sea poniéndole fin o delegando toda gestión en los europeos.

La segunda hipótesis es que los comentarios de Trump no sean más que una reacción impulsiva ante las declaraciones poco acertadas de Zelenski sobre el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia relativo al diésel. El fracaso de la guerra en Irán ha sometido a Trump a una enorme presión para estabilizar los precios de la energía y proyectar una imagen de control de cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Toda la presidencia de Trump se basa en la premisa de que un liderazgo estadounidense débil a lo largo de los años ha conducido al declive relativo de Estados Unidos y que él, como líder fuerte, es la solución para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande. Lo que gran parte del mundo interpreta como una conducta burda y unilateral que viola las normas y acuerdos vigentes es, para Trump, una señal de fortaleza: la capacidad de actuar de forma independiente en defensa de los intereses nacionales. Un intermediario como Zelenski solo puede mantenerse en el poder y combatir a Rusia con el apoyo de Estados Unidos; por tanto, el hecho de que criticara a Trump abiertamente exigía una respuesta contundente, que sirve además de advertencia para cualquiera que crea poder desafiar su autoridad.

La tercera hipótesis es que se trata simplemente de una estrategia de oscilación diseñada para mantener a todas las partes en la incertidumbre, fortaleciendo así la posición de Estados Unidos en las negociaciones. Se transmite a Zelenski y a los líderes europeos que el apoyo militar y financiero estadounidense podría desaparecer en cualquier momento, mientras que Rusia también tiene incentivos para hacer concesiones antes de que Estados Unidos vuelva a cambiar de rumbo. No es posible lograr que todas las partes teman la alternativa si creen que Estados Unidos está encorsetado en una postura fija, en lugar de tener capacidad de maniobra entre los distintos bandos. La disposición de Estados Unidos a presionar a todas las partes también refuerza su papel como mediador, una posición incómoda dado que el país ha sido el principal actor a la hora de instigar y prolongar esta guerra desde 2014.

La fabricación de un icono democrático

Si damos un paso atrás y analizamos esta evolución en un contexto más amplio, observamos una tendencia en la que la imagen del presidente Zelenski —concebida como un proyecto de un departamento de relaciones públicas— se está desmoronando gradualmente. Zelenski inició su carrera política defendiendo una plataforma pacifista. Abogaba por respetar los derechos lingüísticos de la población ruso parlante en el este de Ucrania y por buscar la paz con Rusia. En 2019, ganó las elecciones presidenciales con el 73 % de los votos gracias a esa postura, prometiendo implementar los Acuerdos de Minsk, abrir un diálogo con el Donbás y alcanzar la paz con Rusia. Diversas ONG occidentales trazaron líneas rojas contra la mayor parte de su programa electoral, y milicias de extrema derecha financiadas por Estados Unidos amenazaron abiertamente con acabar con su vida si cumplía sus promesas. Finalmente, Zelenski cedió a las presiones y traicionó su propio mandato democrático.

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022, la cobertura mediática sobre el país y sobre Zelenski cambió radicalmente de la noche a la mañana. A través del lenguaje y la imagen, revistas como Vogue y otras publicaciones presentaron a Zelenski como el defensor de la democracia y la libertad que, pese a estar en desventaja, resistía el asedio. Zelenski pasó de gobernar un foco de corrupción a convertirse en un líder del mundo libre y en un faro de la democracia. Grupos de extrema derecha que lucían insignias fascistas y seguían las ideas de movimientos fascistas de la Segunda Guerra Mundial fueron blanqueados y presentados como luchadores por la libertad. La supresión de los derechos lingüísticos de la oposición política, de los medios de comunicación y de la Iglesia ortodoxa se justificó como una medida necesaria para proteger la democracia ucraniana frente a la guerra híbrida rusa. En Occidente se promovieron narrativas que aseguraban que Ucrania estaba ganando la guerra y sufriendo pocas bajas, todo ello para mantener el apoyo público al conflicto. Las brutales prácticas de reclutamiento forzoso y la detención masiva de ucranianos en plena calle —conocida popularmente como «busificación»— fueron ignoradas e incluso tachadas de intentos rusos por deslegitimar a Zelenski. Zelenski era el nuevo Churchill luchando contra Putin —el nuevo Hitler— y, en esta lucha entre el bien y el mal, cualquier cobertura crítica sobre Zelenski fue rápidamente desacreditada y calificada de propaganda.

La paulatina caída de Zelenski

Poco a poco, la imagen de Zelenski ha comenzado a desmoronarse. El autoritarismo, la corrupción, los grupos fascistas, la «buserización» (el reclutamiento forzoso de personas en autobuses), las elevadas cifras de bajas y otros problemas comenzaron a desmantelar la imagen fabricada del «querido líder democrático». Cuando surgió una oposición interna por parte del exministro de Defensa ucraniano, Mijailo Fiódorov, los italianos lograron proteger la posición de Zelenski contratando a Fiódorov como asesor en Italia. Occidente también necesita a Zelenski para vender el relato de que «apoyan a Ucrania». Aunque las encuestas muestran que la mayoría de los ucranianos desean una solución negociada, ¿cómo pueden los europeos justificar su boicot a la diplomacia y, en su lugar, impulsar medidas como la deportación de refugiados ucranianos, la reducción de la edad de reclutamiento, el alistamiento de mujeres u otras acciones destinadas a prolongar la guerra? Con Zelenski repitiendo los argumentos de sus tutores occidentales, la guerra por delegación —hasta el último ucraniano— puede presentarse ante el público occidental como un «apoyo a Ucrania».

El propio Trump tiene también responsabilidad en que la guerra haya continuado. Cuando inicialmente criticó la expansión de la OTAN como la causa de la guerra y cuestionó a Zelenski, es posible que se tratara de una táctica de negociación. Sin embargo, rompió con el relato oficial de la OTAN —que califica la invasión rusa de «no provocada»— y con la exaltación casi «churchilliana» de Zelenski. Aunque el éxito de sus tácticas de negociación sigue siendo incierto, es evidente que, al romper el consenso en torno a este relato, abrió una puerta a través de la cual muchos pudieron pasar para criticar a Zelenski. En una guerra planteada como una lucha entre el bien y el mal, la paz solo se alcanzaría mediante la fuerza militar, mientras que la diplomacia se tilda de «apaciguamiento». A medida que el icono fabricado de Zelenski se desmorona, todo el relato de la guerra por delegación se derrumba. Pronto, tal vez veamos incluso que la diplomacia deja de ser vista como algo reprobable.

El análisis retrospectivo de la presidencia de Zelenski y la construcción de su imagen pública constituyen una tragedia. Zelenski llegó al poder con una plataforma a favor de la paz, pero terminó siendo captado por aquellos que buscaban utilizar a Ucrania como instrumento para debilitar a Rusia. El 27 de marzo de 2022, antes de que el Reino Unido y Estados Unidos sabotearan el acuerdo de paz de Estambul, Zelenski declaró lo siguiente en una entrevista con The Economist: «Hay en Occidente parsonas a las que no les importa una guerra larga, porque eso supondría el agotamiento de Rusia, aunque implique la desaparición de Ucrania y cueste vidas ucranianas». A medida que cae Zelenski, podría surgir otra oportunidad para la paz.

 

Publicado originalmente en alemán en Die Weltwoche: “Zerfall einer fabrizierten Ikone”  y en inglés en: https://glenndiesen.substack.com

GLENN DIESEN
GLENN DIESEN
Professor of political science with research focus on geoeconomics, Russian foreign policy and Eurasian integration YOUTUBE: https://www.youtube.com/@GDiesenES SUBSTACK: https://glenndiesen.substack.com/