El lunes 5 de enero, el Prof. Jeffrey Sachs, consultor de Naciones Unidas, intervino en el debate que tuvo lugar en el Consejo de Seguridad, aportando un marco histórico al ataque de EEUU en contra de Venezuela, y exortando a la ONU a cumplir el mandato con el que fue fundada si se quiere evitar una catástrofe de proporciones globales. .
Señor Presidente, Distinguidos Miembros del Consejo de Seguridad:
La cuestión que hoy se debate en el Consejo no es la naturaleza del gobierno de Venezuela.
La cuestión es si cualquier Estado Miembro —mediante la fuerza, la coerción o el estrangulamiento económico— tiene derecho a determinar el futuro político de Venezuela o a ejercer control sobre sus asuntos.
Esta cuestión se relaciona directamente con el Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.
El Consejo debe decidir si dicha prohibición se mantiene o se abandona.
Abandonarla conllevaría consecuencias extremadamente graves.
Antecedentes y contexto
Desde 1947, la política exterior de los Estados Unidos ha empleado repetidamente la fuerza, la acción encubierta y la manipulación política para provocar cambios de régimen en otros países. Esto es un asunto de registro histórico cuidadosamente documentado. En su libro *Covert Regime Change* (2018), la politóloga Lindsey O’Rourke documenta 70 intentos de operaciones estadounidenses de cambio de régimen solo entre 1947 y 1989.
Estas prácticas no terminaron con la Guerra Fría. Desde 1989, las principales operaciones de cambio de régimen emprendidas por los Estados Unidos sin la autorización del Consejo de Seguridad han incluido, entre las más trascendentales: Irak (2003), Libia (2011), Siria (desde 2011), Honduras (2009), Ucrania (2014) y Venezuela (desde 2002 en adelante).
Los métodos empleados están bien establecidos y documentados. Incluyen: guerra abierta; operaciones encubiertas de inteligencia; instigación de disturbios; apoyo a grupos armados; manipulación de los medios masivos y sociales; soborno a funcionarios militares y civiles; asesinatos selectivos; operaciones de bandera falsa; y guerra económica destinada a colapsar la vida civil.
Estas medidas son ilegales según la Carta de la ONU, y típicamente resultan en violencia continua, conflicto letal, inestabilidad política y un profundo sufrimiento de la población civil.
El caso de Venezuela
El historial reciente de los Estados Unidos con respecto a Venezuela es claro.
En abril de 2002, Estados Unidos conocía y aprobó un intento de golpe de Estado contra el gobierno venezolano.
En la década de 2010, Estados Unidos financió a grupos de la sociedad civil activamente involucrados en protestas antigubernamentales, notablemente en 2014. Cuando el gobierno reprimió las protestas, Estados Unidos respondió con una serie de sanciones. En 2015, el presidente Barack Obama declaró que Venezuela era «una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos».
En 2017, durante una cena con líderes latinoamericanos a margen de la Asamblea General de la ONU, el presidente Trump discutió abiertamente la opción de que Estados Unidos invadiera Venezuela para derrocar al gobierno.
Entre 2017 y 2020, Estados Unidos impuso sanciones generalizadas a la empresa petrolera estatal. La producción de petróleo cayó un 75% entre 2016 y 2020, y el PIB real per cápita (PPA) disminuyó un 62%.
La Asamblea General de la ONU ha votado repetidamente, por amplia mayoría, en contra de tales medidas coercitivas unilaterales. Según el derecho internacional, solo el Consejo de Seguridad tiene la autoridad para imponer tales sanciones.
El 23 de enero de 2019, Estados Unidos reconoció unilateralmente a Juan Guaidó como «presidente interino» de Venezuela y el 28 de enero de 2019 congeló aproximadamente 7.000 millones de dólares de activos soberanos venezolanos en el extranjero y otorgó a Guaidó autoridad sobre ciertos activos.
Estas acciones forman parte de un esfuerzo continuo de cambio de régimen por parte de Estados Unidos que abarca más de dos décadas.
Escalada global reciente de Estados Unidos
En el último año, Estados Unidos ha llevado a cabo operaciones de bombardeo en siete países, ninguna de las cuales fue autorizada por el Consejo de Seguridad y ninguna emprendida en legítima defensa conforme a la Carta. Los países objetivo incluyen Irán, Irak, Nigeria, Somalia, Siria, Yemen y ahora Venezuela.
En el último mes, el presidente Trump ha emitido amenazas directas contra al menos seis Estados miembros de la ONU, incluyendo Colombia, Dinamarca, Irán, México, Nigeria y, por supuesto, Venezuela. Estas amenazas se resumen en el Anexo I de esta declaración.
No se llama a los miembros del Consejo a juzgar a Nicolás Maduro.
No se les llama a evaluar si el reciente ataque de Estados Unidos y la cuarentena naval en curso contra Venezuela son un vehículo hacia la libertad o el sojuzgamiento.
Se llama a los miembros del Consejo a defender el derecho internacional, y específicamente la Carta de las Naciones Unidas.
La escuela realista de las relaciones internacionales, articulada de manera brillante por John Mearsheimer, describe acertadamente la condición de la anarquía internacional como «la tragedia de la política de las grandes potencias». El realismo es, por tanto, una descripción de la geopolítica, no una solución para la paz. Su propia conclusión es que la anarquía internacional conduce a la tragedia.
Después de la Primera Guerra Mundial, se creó la Liga de las Naciones para poner fin a la tragedia mediante la aplicación del derecho internacional. Sin embargo, las naciones líderes del mundo no lograron defender el derecho internacional en la década de 1930, lo que condujo a una nueva guerra global.
Las Naciones Unidas surgieron de esa catástrofe como el segundo gran esfuerzo de la humanidad para colocar el derecho internacional por encima de la anarquía. En palabras de la Carta, la ONU se creó «para salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad un dolor inenarrable».
Dado que estamos en la era nuclear, el fracaso no puede repetirse. La humanidad perecería. No habría una tercera oportunidad.
Medidas requeridas del Consejo de Seguridad
Para cumplir con sus responsabilidades bajo la Carta, el Consejo de Seguridad debería afirmar inmediatamente las siguientes acciones:
1. Los Estados Unidos cesarán y desistirán inmediatamente de todas las amenazas explícitas e implícitas o el uso de la fuerza contra Venezuela.
2. Los Estados Unidos terminarán su cuarentena naval y todas las medidas militares coercitivas relacionadas emprendidas sin la autorización del Consejo de Seguridad.
3. Los Estados Unidos retirarán inmediatamente sus fuerzas militares desde dentro y a lo largo del perímetro de Venezuela, incluyendo activos de inteligencia, navales, aéreos y otros desplegados en avanzada con fines coercitivos.
4. Venezuela se adherirá a la Carta de la ONU y a los derechos humanos protegidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
5. El Secretario General designará inmediatamente un Enviado Especial, con el mandato de involucrar a las partes interesadas venezolanas e internacionales relevantes y de informar al Consejo de Seguridad dentro de catorce días con recomendaciones consistentes con la Carta de las Naciones Unidas, y el Consejo de Seguridad seguirá ocupándose urgentemente de este asunto.
6. Todos los Estados miembros se abstendrán de amenazas unilaterales, medidas coercitivas o acciones armadas emprendidas fuera de la autoridad del Consejo de Seguridad, en estricta conformidad con la Carta.
Para concluir
Señor Presidente, Distinguidos Miembros,
La paz y la supervivencia de la humanidad dependen de si la Carta de las Naciones Unidas sigue siendo un instrumento vivo del derecho internacional o se permite que se marchite hasta la irrelevancia.
Esa es la elección ante este Consejo hoy.
Gracias.
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