Nadie podría afirmar que en el Siglo III de nuestra era haya tenido existencia real ese centurión romano llamado Sebastián que recién dos siglos después daría origen -sin que se sepa bien cómo- al mito de su ejecución, asaetado sin piedad por difundir el cristianismo, pero ¿quién podría dudar del peso de su existencia, desde entonces, como mártir? El martirio no termina, sino que se inicia con la muerte.
San Sebastián, su cuerpo joven y hermoso atravesado por los dardos, y la beatitud de su rostro, mostrándonos que la muerte en nombre de Dios puede ser todo lo placentera que quepa imaginar, es uno de los íconos más conocidos de nuestra civilización, y en su nombre o por su causa han sido ajusticiados/as un sinnúmero de herejes, infieles, brujas o gente que simplemente, por un motivo u otro, no merecía vivir.
Que se haya empezado a venerar a San Sebastián no después de su presunta muerte, mientras su religión aún era marginal y perseguida, sino docientos años después, cuando la Iglesia ya era la institucionalización del poder y necesitaba justificar sus propias tropelías, seguramente no fue una casualidad.
Los mártires, como nos recuerda el Pulitzer Chris Hedges en la nota que publicamos a continuación, son utilizados por los movimientos mesiánicos para santificar su propia violencia. Mostrar misericordia o comprensión hacia el enemigo equivale a traicionar al martir, y pone en peligro a la causa en cuya defensa encontró la muerte.
Es por eso que el asesinato -carente de toda justificación y toda lógica, pero típico de las peores tradiciones norteamericanas- de ese pequeño miserable que supo hacer del odio y el desprecio una lucrativa profesión, se torna tan importante.
Ni el joven asesino, que evidentemente compartía con millones de sus conciudadanos y con el mismo muerto la cultura de las armas, ni su víctima, valen una misa. Y quizás en poco tiempo nadie recuerde a Kirk por lo que verdaderamente fue. Poca más que un charlatán de feria, que fingía dialogar con jóvenes a los que abrumaba con sandeces.
Pero al matarlo por quien era, el tonto que terminó con su vida lo elevó a la categoría de símbolo, y ahora deberemos aprender a que Charlie Kirk será por un tiempo indefinido exactamente eso. Alguien que en ese peligroso camino que amalgama religiosidad arcaica y ciega con política de extremo supremacismo, es una luz a seguir.
Como advirtió el Chief of Staff de la Casa Blanca Stephen Miller en el Memorial celebrado el 21 de septiembre:
“The day that Charlie died, the angels wept, but those tears had been turned into fire in our hearts. And that fire burns with a righteous fury that our enemies cannot comprehend or understand».
(…) «You are the forces of wickedness and evil. You have nothing. You are nothing. You are wickedness, you are jealousy, you are envy, you are hatred. You are nothing. You can build nothing. You can produce nothing. You can create nothing. We are the ones who build. We are the ones who create. We are the ones who lift up humanity.
“You have no idea the dragon you have awakened,”
De su discurso, que tuvo tramos que recuerdan casi textualmente a algunas joyas de la oratoria de Joseph Goebbels, el Ministro de Instrucción Pública y propaganda del regimen nazi, y de lo dicho en esa jornada por otras figuras del gobierno de los EEUU, incluyendo al propio Trump, se desprende que la voluntad de construir en base a Charlie Kirk «a hero to the United States of America and a martyr for the Christian faith» está en pleno proceso.
La identificación de los EEUU con el bien, la verdad y la fe cristiana, la sensación que intentan trasmitir de estar siendo agredidos por fuerzas diabólicas, la obligatoriedad moral de los homenajes, las multitudes de fieles que creerán ahora que todo lo que haya dicho Kirk acerca de los inmigrantes, los latinos, los negros, los gazatíes o las mujeres estaba preñado de santidad, las flores, los corazoncitos de colores, los peluches, el dolor cierto o fingido que su desaparición provoca, y la censura y el anatema que pesan sobre sus críticos o sobre quienes simplemente no se hincan frente a su imagen, podrían conducir a esa America acorralada y tormentosa, hacia una guerra civil -como teme Chris Hedges-. O, con mayor probabilidad, hacia una tiranía
En el «I hate my opponent» presidencial ya tienen el programa. En ICE tienen la vanguardia: las SS de un corral nuevo. La tentación existe y se les nota en la mirada. Pocas veces han estado tan cerca.
El martirio de Charlie Kirk y la extinción de la democracia
CHRIS HEDGES
El asesinato de Charlie Kirk presagia una nueva y mortal etapa en la desintegración de unos Estados Unidos divididos y altamente polarizados. Mientras que la retórica tóxica y las amenazas se lanzan a través de las divisiones culturales como granadas de mano, a veces derivando en violencia real —incluido el asesinato de la presidenta emérita de la Cámara de Representantes de Minnesota, Melissa Hortman, y su marido, y los dos intentos de asesinato contra Donald Trump—, el asesinato de Kirk es un presagio de la desintegración social a gran escala.
Su asesinato ha dado al movimiento que representaba —basado en el nacionalismo cristiano— un mártir. Los mártires son el alma de los movimientos violentos. Cualquier vacilación sobre el uso de la violencia, cualquier discurso de compasión o comprensión, cualquier esfuerzo por mediar o dialogar, es una traición al mártir y a la causa por la que ofrendó la vida.
Los mártires sacralizan la violencia. Se utilizan para trastocar el orden moral. La depravación se convierte en moralidad. Las atrocidades se convierten en heroísmo. El crimen se convierte en justicia. El odio se convierte en virtud. La codicia y el nepotismo se convierten en virtudes cívicas. El asesinato se convierte en algo bueno. La guerra es la estética definitiva. Esto es lo que se avecina.
«Tenemos que tener una determinación férrea», dijo el estratega político conservador Steve Bannon en su programa «War Room», y añadió: «Charlie Kirk es una víctima de la guerra. Estamos en guerra en este país. Lo estamos».
«Si no nos dejan en paz, entonces nuestra opción es luchar o morir», escribió Elon Musk en X.
«Toda la derecha tiene que unirse. Basta ya de estas peleas internas. Nos enfrentamos a fuerzas demoníacas salidas del infierno», escribió el comentarista y autor Matt Walsh en X. «Dejad a un lado las disputas personales. Ahora no es el momento. Esto es existencial. Una lucha por nuestra propia existencia y la existencia de nuestro país».
El congresista republicano Clay Higgins escribió que utilizará «la autoridad del Congreso y toda su influencia con las grandes plataformas tecnológicas para exigir la prohibición inmediata y de por vida de todas las publicaciones o comentarios que menosprecien el asesinato de Charlie Kirk…». Además, afirma: «También voy a ir a por sus licencias y permisos comerciales, sus negocios serán incluidos en listas negras de forma agresiva, deben ser expulsados de todas las escuelas y se les debe revocar el permiso de conducir. Básicamente, voy a cancelar con extremo prejuicio a estos animales malvados y enfermos que celebraron el asesinato de Charlie Kirk».
El cofundador de Palantir, Joe Lonsdale, aprovechó la muerte de Kirk para abogar por el derrocamiento de la «alianza rojo-verde» de «comunistas e islamistas» que, según él, se han unido para destruir la civilización occidental. Propone una aplicación en la que los ciudadanos puedan subir fotos de delitos y personas sin hogar a cambio de «descuentos en el impuesto sobre la propiedad».
El comediante de extrema derecha Sam Hyde, que tiene casi medio millón de seguidores en X, escribió en respuesta al anuncio de Trump sobre la muerte de Kirk que es «hora de hacer tu puto trabajo y tomar el poder… si quieres ser algo más que una nota al pie en la sección «El colapso de Estados Unidos» de los futuros libros de historia, es ahora o nunca». En su tuit, etiqueta a miembros de la administración y contratistas militares privados.
El actor conservador James Woods advirtió: «Queridos izquierdistas: podemos tener una conversación o una guerra civil. Un disparo más de vuestro lado y no volveréis a tener esta opción». Su tuit fue retuiteado por casi 20 000 personas, recibió 4,9 millones de visitas y más de 96 000 «me gusta».
Estos son algunos ejemplos de la avalancha de sentimientos virulentos compartidos y aplaudidos por decenas de millones de estadounidenses.
El despojo de la clase trabajadora -30 millones de personas que han sido despedidas debido a la desindustrialización-, ha generado rabia, desesperación, desarraigo, alienación y ha fomentado el pensamiento mágico. Ha alimentado las teorías conspirativas, el ansia de venganza y la celebración de la violencia como purgativo para la decadencia social y cultural.
Los fascistas cristianos, como Kirk y Trump, se han aprovechado con astucia de esta desesperación. Han avivado las brasas. El asesinato de Kirk las encenderá.
Los disidentes, los artistas, los homosexuales, los intelectuales, los pobres, los vulnerables, las personas de color, los indocumentados o aquellos que no repiten sin pensar el discurso de un nacionalismo cristiano pervertido, serán condenados como contaminantes humanos que deben ser extirpados del cuerpo político. Se convertirán, como en todas las sociedades enfermas, en víctimas sacrificiales en el vano intento de lograr la renovación moral y recuperar la gloria y la prosperidad perdidas.
La canibalización de la sociedad, un intento inútil de recrear una América mítica, acelerará la desintegración. La intoxicación de la violencia —muchos de los que reaccionaron al asesinato de Kirk parecían embriagados por la inminente masacre— se alimentará de sí misma como una tormenta de fuego.
El mártir es vital para la cruzada, en este caso para librar a Estados Unidos de aquellos a los que Trump llama «izquierda radical».
Los mártires no sólo certifican la justicia de una causa, sino que confirman ad eternum la perfidia de aquellos a los que se culpa por su muerte. Esto es lo que hizo Trump cuando calificó a Kirk de «mártir de la verdad y la libertad» en un mensaje de vídeo el 10 de septiembre, al concederle la Medalla Presidencial de la Libertad y ordenar que las banderas ondearan a media asta en todo el país hasta el domingo. Por eso el féretro de Kirk será trasladado a Phoenix, Arizona, en el Air Force Two.
Kirk era un ejemplo paradigmático de nuestro emergente fascismo cristiano. Defendía la teoría del gran reemplazo, que afirma que los liberales o «globalistas» permiten la entrada de inmigrantes de color en el país para sustituir a los blancos, distorsionando las tendencias migratorias y convirtiéndolas en una conspiración. Era islamófobo y tuiteó que «el islam es la espada que la izquierda está utilizando para degollar a Estados Unidos» y que «no es compatible con la civilización occidental».
Cuando la youtuber infantil Rachel dijo «Jesús dice que amemos a Dios y amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos», Kirk replicó que «Satanás ha citado muchas veces las Escrituras» y añadió «por cierto, Rachel, quizá quieras abrir tu Biblia, en una parte menos referenciada de la misma sección de las Escrituras, en Levítico 18, donde dice que si te acuestas con otro hombre serás lapidado hasta la muerte».
Exigió que se derogara la Ley de Derechos Civiles de 1964 y menospreció a líderes de los derechos civiles como Martin Luther King. Se mostró despectivo hacia los negros: «Si tengo que tratar con alguien del servicio de atención al cliente que es una mujer negra idiota… ¿está ahí por la discriminación positiva?». Dijo que los «negros merodeadores» se ceban con los blancos «por diversión». Culpó a Black Lives Matter de «destruir el tejido de nuestra sociedad».
Kirk insistió en que las elecciones de 2020 le fueron robadas a Trump. Fundó Professor Watchlist y School Board Watchlist para denunciar y hacer despedir de sus trabajos a los profesores y maestros con agendas «radicales de izquierda». Abogó por las ejecuciones públicas televisadas, que, según él, deberían ser de visionado obligatorio para los niños.
La idea de que defendía la libertad de expresión y la libertad es absurda. Era enemigo de ambas.
Kirk, que era un entusiasta del culto a Trump, encarnaba la hipermasculinidad que está en el núcleo de los movimientos fascistas. Quizás este fuera su principal atractivo para los jóvenes, especialmente para los hombres blancos. Afirmaba que existe «una guerra contra los hombres», fetichizaba las armas y vendía a Trump a sus seguidores como un hombre de verdad.
«Se pueden decir muchas cosas de Donald Trump», escribió. «Nadie lo ha llamado nunca femenino. Trump es un gigantesco dedo medio a todos los gritones que atacaban a los jóvenes por el simple hecho de existir. Es un gigantesco «que te jodan» al establishment feminista, que nunca fue desafiado antes de que él bajara por la escalera mecánica dorada. La mayoría de los medios de comunicación no se dieron cuenta de esto. Los jóvenes sí».
La historia ha demostrado lo que podría venir después y no será agradable. Kirk, elevado al martirio, le da a aquellos que buscan extinguir nuestra democracia la licencia para hacerle a otros lo que le hicieron a él. Elimina las pocas restricciones que aún existen para protegernos del abuso estatal y la violencia justiciera. El nombre y el rostro de Kirk se utilizarán para acelerar el camino hacia la tiranía, que es, precisamente lo que él hubiera querido.
