Tucker Carlson y Vladimir Putin: La cuestionada utilidad de una extraña entrevista

El académico de la Universidad de Moscú y director de la revista Russia in Global Affairs Fyodor Lukyanov se pregunta, en su análisis de la entrevista de Tucker Carlson a Vladimir Putin que ha batido records de audiencia, cuál fue su racionalidad y qué se buscó con ella. O lo que es lo mismo, ¿quién fue o no fue esta vez el idiota útil? .

 

Tras una carrera de más de dos décadas como una de las figuras paradigmáticas del conservadurismo extremo, tras haber sido expulsado de la cadena Fox después que la información falsa que emitía a diario en defensa de Donald Trump le costara al magnate australiano Rupert Murdoch 787.5 millones de dólares, ya libre de ataduras éticas o contractuales en su canal de la red X, y dueño de una popularidad sobrecogedora, Tucker Carlson batió hace pocos días todos los records de audiencia global entrevistando durante dos horas a quien Occidente ha definido como su principal enemigo.

Los anuncios de que Carlson estaba en Moscú preparando la entrevista al presidente de la Federación Rusa, desataron desde acusaciones de traición en boca de personajes que no tienen hoy la credibilidad que tuvieron ayer -como Hillary Clinton-, hasta intentos de que la emisión fuera prohibida en los países de la Unión Europea.

Acusaciones y amenazas, como se podía prever, no hicieron más que incentivar el interés del público dentro y fuera de los EEUU, ya harto tras dos años de censuras y auto-silenciamientos que no han conducido a nada bueno -y que por supuesto no cumplieron con su objetivo principal: transformar a la prensa mainstream en un arma de guerra híbrida.

1000.000.000 de visualizaciones en los primeros diez días (que no incluyen las que la entrevista haya tenido en China, donde se emitió a través de la cadena oficial Global News) y quizás también el hecho de que la salida al aire haya coincidido (¿sólo coincidido?) con el anuncio de que el fiscal Robert Hur había declarado que Joe Biden está en una situación cognitivamente comprometida fueron todo un acontecimiento que opacó algunas de las últimas aventuras periodísticas de Carlson.

Su entrevista a Donald Trump del día 23 de agosto de 2023 tuvo 20 millones de visualizaciones en los primeros 45 minutos. En las dos horas posteriores a su publicación, el video ya contaba con casi 120 millones de visualizaciones, y a las 24 horas, más de 240 millones. Esto la convirtió en la entrevista con más visualizaciones de la historia de X hasta ese momento.​ El récord fue superado poco tiempo después, el 14 de septiembre, por la entrevista a Javier Milei que en 9 horas alcanzó las 300 millones de visualizaciones y fue celebrada como una conversación entre “libertarios que se admiran mutuamente”. Actualmente dicha entrevista cuenta con 427 millones de visualizaciones, y fue la más vista en la historia hasta que fue desplazada del primer puesto por la realizada a Vladimir Putin.

Carlson había entrevistado con anterioridad a Nayib Bukele​ y Jair Bolsonaro,​ mientras que en exclusiva para la red social X entrevistó al húngaro Viktor Orbán, y en noviembre de 2023 acompañó a Santiago Abascal y la cúpula del partido de extrema derecha español Vox en las manifestaciones contra la Ley de Amnistía que aprobó en el parlamento de ese país.

Si atendemos esa serie de entrevistas, vemos que responden a una agenda política y geopolítica clara: fortalecer las opciones más conservadoras y reaccionarias allí donde estén. Pero en lo que tiene que ver con la realizada a Putin, surgen varias interrogantes: ¿en qué lugar de la agenda de Carlson se ubica este “favor” al presidente de un país que está en guerra con el suyo? ¿A quién se buscó beneficiar o perjudicar esta vez?

Vladimir Putin, por supuesto, ha de haber querido que la versión rusa de las razones que la llevaron a  la guerra llegara a un público que hasta ahora ha recibido sólo información sesgada y/o abiertamente falsa, y seguramente lo logró.

Tucker Carlson buscaba, evidentemente, debilitar el posicionamiento de Joe Biden dentro y fuera de su país y afianzar las posibilidades de que Donald Trump acceda nuevamente a la presidencia. Y ese objetivo también fue alcanzado. El último sondeo de opinión pública publicado el 16 de febrero por el Quincy Institute indica que el porcentaje de la población estadounidense que estaría en favor de una paz inmediata en Ucrania ha ascendido al 70%.

Pero… y he aquí otra pregunta interesante ¿podía tener Rusia algún interés en “intervenir” en la política interna de los EEUU?

Para responder a esa pregunta nos ha parecido interesante el análisis realizado pocas horas después de la entrevista por el investigador ruso Fyodor Lukyanov, académico de la Universidad de Moscú y director de la revista especializada Russia in Local Affairs.

Here’s the Real Reason Why Tucker Carlson Came to Moscow

A few years ago, Russia was accused of interfering in American political processes. Now the opposite has happened. US domestic politics is dragging the Russian factor – represented by President Vladimir Putin – into its own electoral process.

Journalist Tucker Carlson is a strongly ideological man who represents a certain political camp. He brought to Moscow a profound spirit of internal American confrontation.

Carlson was probably personally curious to hear a lot of previously unknown things about our circumstances, but the goal wasn’t to learn or broaden horizons. The Putin interview was a challenge to the establishment in his home country.

The aim was to break through the conventional narrative – supported by the mainstream media – so that an alternative can fill the breach.

Exactly what Putin was talking about is unimportant. The Russian president’s reputation makes him a powerful battering ram for Carlson.

And the rest of the agenda, which is much more important to voters than Russia and Ukraine, is expected to follow him into the space they are trying to open up.

The basic idea is this – look where they (the Washington swamp) have led us.

Whether it is good for Russia or not is debatable. Any involvement in other people’s quarrels can have various consequences. And not always the ones we might predict.

As far as we can tell, the Russian leadership has no intention or ambition to reshape America. Its goals here are more about influencing a specific issue.

Since it is impossible for the Kremlin to persuade their official counterparts across the ocean – no matter how many reasonable arguments are presented – the rational course is to contribute to their quarrels in the hope that these same opponents will delve deeper into their own problems.

Meanwhile, the world’s hypertrophied attention to this interview shows there are weaknesses and that the other side feels them.

Who turns out to be a useful idiot (that’s what Hillary Clinton has called Carlson) will be revealed a little later.

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