Quasi-allies: lo que no lees ni escuchas sobre la guerra, sus miserias y sus culpas

El nuevo año llega acompañado, como ningún otro antes, por un abanico de crisis tan amenazantes como las plagas que cuentan que alguna vez asolaron a Egipto. Crisis alimentarias, energéticas, ambientales, comerciales, financieras y geo-políticas, enmarcadas todas ellas en el halo oscuro y maloliente de otra maldición: la guerra. .

 

La guerra de Ucrania es, al menos por el momento, la que acapara todas las miradas y los titulares, aunque como hemos visto en muchas de las notas publicadas por Diálogos desde su inicio el 24 de febrero de 2022, los antecedentes del conflicto pueden rastrearse bastante más atrás en el tiempo, y sus consecuencias se harán sentir durante décadas, independientemente de cual pudiera ser el resultado de una paz por el momento incierta.

Todavía hablaremos mucho acerca de este desastre antes de que aparezca otro en escena que le robe protagonismo, pero esta vez hemos elegido comenzar el año haciendo referencia a un aspecto aparentemente menor de esta guerra: lo que en el establishment militar de los EE.UU. se denominan quasi-allies.

Y si queremos centrarnos en la naturaleza de este concepto es porque refleja una realidad que si bien está al vista de todos quienes quieran ver, queda parcialmente oculta tras la vocinglería guerrerista que todo lo innunda.

Los quasi-allies y el sacrificio ajeno

Puede resultarnos extraño que mientras Joe Biden declara por enésima vez que su país tiene un compromiso férreo e inalterable con Ucrania porque sus habitantes han sabido colocarse a si mismos en la línea de fuego de la defensa de Occidente, uno de los principales Think-tanks de su país, especializado precisamente en temas de relacionamiento internacional, el Center for European Policy Analysis, manifieste sin ambages que:

Altogether, the Biden administration received Congressional approval for $40bn in aid for Ukraine for 2022 and has requested an additional $37.7bn for 2023. These sums pale into insignificance when set against a total US defense budget of $715bn for 2022. The assistance represents 5.6% of total US defense spending. But Russia is a primary adversary of the US, a top tier rival not too far behind China. In cold, geopolitical terms, this war provides a prime opportunity for the US to erode and degrade Russia’s conventional defense capability, with no boots on the ground and little risk to US lives“.

En realidad, el elogio apasionado del sacrificio cuando es ajeno, o la voluntad de defender principios y valores cuando las vidas en juego son las de otros, es una constante de toda guerra, pero lo que está sindo característico de ésta que hoy nos quita el sueño es la desfachatez con la que se apuesta a que un país “aliado” y su pueblo, se arruinen y se desangren para defender, no tanto lo que es suyo, como lo que consideramos nuestro.

Las declamaciones altruístas (y poco importa si las expresan Joe Biden, Emmanuel Macron, Justin Trudeau o Rishi Sunak, ya que las palabras son las mismas y los resultados son idénticos) conviven con entera facilidad con el guerrerismo más obsceno, y constatarlo puede resultarnos chocante si no introducimos en la ecuación conceptos como el de “quasi-allies” o “moral hazard“, en el sentido que les da Benjamin H. Friedman en su trabajo para Responsible Statecraft: When courting quasi-allies like Ukraine becomes a moral hazard.

Antes de entrar al tema, vale aclarar que Friedman no es alguien cuyos conocimientos acerca de las relaciones internacionales o su pleno acuerdo con los intereses geoestratégicos de su país puedan ser puestos en duda. Por el contrario, se trata de uno de los analistas más serios y comprometidos con el hegemonismo estadounidense. Como se lee en su perfil para uno de los muchos organismosacadémicos para los cuales trabaja Benjamin H. Friedman is Policy Director at Defense Priorities and an adjunct lecturer at George Washington University’s Elliott School of International Affairs, a graduate of Dartmouth College, and a PhD candidate in political science at the MIT. He previously worked as a Defense Analyst at the Cato Institute and a Researcher at the Center for Defense Information. He’s edited three books on defense policy and strategy and has published academic essays in International Security, Political Science Quarterly, Orbis, Foreign Affairs, and World Affairs. He has written op-eds for many outlets, including The New York Times, Los Angeles Times, USA Today, Politico, The Atlantic, Newsweek, TIME, The Boston Globe, Boston Review, and the Boston Herald.

When courting quasi-allies like Ukraine becomes a moral hazard

La ingenuidad y sus culpas

Los cuasi-aliados -nos explica Friedman- son un peligro para sí mismos ya que tienden a creer que se los socorrerá si son agredidos y de ese modo son proclives a asumir riesgos innecesarios. Pero son además un riesgo para los EE.UU. ya que colocan al país en una falsa disyuntiva moral, la de ayudar a Estados que son incapaces de analizar debidamente los equilibrios de poder y que pretenden ejercer una suerte de chantaje para que se les brinde una ayuda que está más allá de las conveniencias del país que debería proporcionarla.

Vale la pena seguirlo en su razonamiento, que es, desde el punto de vista de la frialdad del cálculo, irreprochable.

Comienza estableciendo la diferencia obvia entre países aliados, que son aquellos con los que EE.UU mantiene tratados que se deben cumplir, de aquellos quasi-aliados, en cuya defensa no es conveniente involucrarse demasiado. Quasi-allyship, nos explica, is a murky status, created by official rhetoric, such as overzealous Congressmen or speechifying presidents talking falsely — calling states “allies,” speaking of “enduring bonds,” and “ironclad” commitments.

Continúa analizando las diferentes razones que pueden llevar a los EE.UU a dar falsas señales que induzcan a que determinados Estados crean falsamente que están bajo su paraguas defensivo, incluyendo entre ellos a Taiwán, destaca el hecho de que en ocasiones se realizan promesas que no es convenientee cumplir por temor a que no hacerlas afecte negativamente la credibilidad del país entre sus propios aliados, se detiene en los casos en los que un quasi-aliado puede llegar a sobrevalorar su capacidad de forzar a los EE.UU a ayudarlo más allá de lo que resulta conveniente para sus intereses, y finalmente aborda el tema de Ucrania, como un ejemplo de ese tipo de autoengaaño.

Ucrania es un ejemplo trágico

“Ucrania es un ejemplo trágico”, nos advierte Friedman, y luego de enumerar las múltiples ocasiones en las que, desde 1994, tanto los EE.UU como la OTAN enviaron señales ambiguas cuando no totalmente falsas que llevaron a Kyev a pensar que gozaría de privilegios que iban más allá de toda lógica, analiza brevemente las consecuencias, de este modo:

Cuando Rusia comenzó su acumulación de personal y armamento a lo largo de la frontera de Ucrania en 2021, la Administración Biden enfatizó repetidamente su “unwavering” and “ironclad support” (apoyo “inquebrantable” y “férreo”), realizó una serie de ejercicios militares con Ucrania, y en noviembre firmó una más que vaga Carta de Asociación Estratégica. Mientras tanto, los líderes de la OTAN insistían en que la puerta permanecía abierta.

Es difícil evaluar ahora qué habría sucedido si Estados Unidos no hubiera realizado toda esa serie de movimientos que tuvieron como resultado que Ucrania arriesgara demasiado. Tal vez Rusia hubiera invadido de todos modos, pero parece más probable que Ucrania hubiera respondido de otra manera a las demandas rusas de neutralidad, y habría respetado los acuerdos de Minsk II.

Tras el ataque de 2014, la política ucraniana se había vuelto más nacionalista y reticente al compromiso, y el apoyo de EE.UU. le dio a sus líderes una falsa esperanza de salvación y una razón para evitar los pasos políticamente dolorosos que habrían sido necesarios. Por lo tanto, el estatus de Ucrania como cuasi-aliado de EE. UU. no fue quizás una causa directa de la invasión de Rusia, pero podría decirse que fue una de las razones por las que Ucrania no hizo lo suficiente para evitarla.

El falso abrazo de Estados Unidos a sus cuasi-aliados ha demostrado ser muy peligroso. En EE.UU. fomenta la confusión y la asunción de riesgos excesivos, aunque nuestra geografía y nuestro poder nos permiten evitar muchos riesgos en el último minuto -como suele ocurrir. Esto deja a nuestros cuasi-aliados, como Ucrania, en la estacada, alentados a esperar una protección que nunca llega y, por lo tanto, demasiado arrogantes a medida que aumentan los peligros. A veces es vital dejar en claro a quién no ayudarás.

Quasi-aliados, quasi-culpables, quasi-suicidas

Hay franqueza en el razonamiento de Friedman, y aciertos evidentes. Que además están en línea con mucho de lo que hemos estado tratando de expresar en DIÁLOGOS -con mayor o menor acierto- desde el inicio mismo de la guerra. A nosotros también nos parece que la guerra de Ucrania no se trata sólo de la invasión de un país soberano por otro (eso, por supuesto, es incontrovertible), sino que ha sido, en gran medida, un conflicto provocado por EE.UU., la OTAN, y quizás en menor medida la Unión Europea (que parece ser en este caso más una desgraciada tercera en discordia dispuesta a dispararse en el pie, que una protagonista verdadera).

Que tanto Angela Merkel como Emmanuel Macron reconozcan ahora que los acuerdos de Minsk no fueron diseñados para que Ucrania los cumpliera sino para que hubiera tiempo de re-armarla y transformar al ejército del país más pobre de Europa en uno de los más poderosos y agresivos de la región, puede poner en duda que estemos sólo frente a “señales vagas que fueron malinterpretadas”, pero así es el mundo.

Sin embargo, lo que más llama la atención es que desde la particular óptica de Friedman, Ucrania y sobre todo su gobierno, son los verdaderos “quasi-culpables” de la ruina demográfica, moral y económica en que el país quedará una vez que se haya acordado la paz, sean cuales sean los términos en los que se acuerde. Por no haber entendido bien “los equilibrios de poder”, por no interpretar adecuadamente las señales engañosas que se le enviaron durante 30 años, y por haber pretendido empujar a los EE:UU. a jugar un papel que va más allá de lo que es su voluntad y lo que son sus intereses. En pocas palabras, por su propia torpeza y poner en risgo al dueño del mundo.

Lo triste es que todo eso es indudablementee cierto, aunque no sea lo que se podría esperar que diga quien se llena la boca a diario elogiando tu heroísmo y jurando que te apoyará hasta el final (el tuyo).


 

Adenda

El tema de los quasi-aliados y del futuro que les espera cuando se los comienza a ver como quasi-culpables de sus propios fracasos y sus falsas expectativas, tiene para nosotros, latinoamericanos, una larga historia que en éstos días se ha encarnado en la caída en desgracia -esperemos que definitiva- de un extraño personaje, Juan Guaidó, que pudo llegar a ser -a su manera- un quasi-Zelensky.

A inicios de 2019 se orquestó en Cúcuta una operación fallida de “ayuda humanitaria” a partir de la cual el Secretario de la OEA, Luis Almagro, y aquel Grupo de Lima de triste memoria, se propusieron liberar a Venezuela de un gobierno que los EE.UU y la Unión Europea se negaban a reconocer.

Se repetía por entonces, como un amenazador mantra trumpeano, que “todas las opciones están sobre la mesa”, lo que incluía una invasión armada a Venezuela e incluso una guerra, que habría sido para nuestro continente tan calamitosa como lo es hoy la guerra en Ucrania para Europa.

Hoy, pasados 4 años y tras uno de los desfalcos más grandes de la historia, empujadas por los coletazos de lo que sucede en Ucrania, las aguas vuelven a su cauce, el petróleo hace oir la potencia de su voz, y quienes aplaudían a Juan Guaidó, lo han abandonado a su suerte.

Volodimir Zelensky no tiene por qué saberlo, pero los quasi-aliados, por lo general, son elegidos no por sus virtudes sino por sus carencias, y disfrutan de futuros menos venturosos de lo que imaginan.

HORACIO TEJERA
HORACIO TEJERA
Comunicador, activista por los derechos humanos,y el desarrollo sostenible, y diseñador gráfico - Editor de Diálogos.online