Encuestas, sistema electoral, y estancamiento ¿El adiós a la izquierda?

Aunque estamos muy lejos del inicio de un nuevo período electoral a nivel federal, las encuestas dan indicios claros de cuál sería el resultado si las elecciones tuvieran lugar hoy. Y lo que se desprende de ellas es preocupante. ¿Se resignará la izquierda canadiense a que su electorado le diga “adiós”? .

Los datos que muestra el gráfico anterior son interesantes por sí mismos, pero siempre es bueno analizar las encuestas sobre preferencias electorales a la luz de los sondeos previos y los resultados de elecciones anteriores. Sólo eso nos da una idea de las tendencias de más largo plazo y nos permite entender cuál es la relación real entre lo que los votantes piensan que harán y lo que hacen efectivamente al momento de votar.

Cuando el 16 de septiembre de 2021 publicábamos en DIÁLOGOS la última de nuestras notas previas a las elecciones federales celebradas el día 20, Los últimos sondeos de opinión y las paradojas del sinceramiento – Manual para Dummies, el panorama era el que mostrábamos en el siguiente gráfico, que rocoge además el resultado de las encuestas desde el 21 de octubre de 2019, fecha en la que se habían celebrado las elecciones anteriores.

El resultado ese 20 de septiembre de 2021 tuvo pocas diferencias con el que preveían las encuestas 4 días antes y también pocas diferencias con los resultados de 2019.

Acerquémonos a esos resultados, redondeando las cifras para tener una mejor visión de conjunto.

Partido Liberal

Encuesta Sep. 2022: 30%
Real Sep. 2021: 33%
Previsto 2021: 31%
Real 2019: 33%

Partido Conservador

Encuesta Sep. 2022: 37%
Real Sep. 2021: 34%
Previsto 2021: 32%
Real 2019: 34%

NDP

Encuesta Sep. 2022: 20%
Real Sep. 2021: 18%
Previsto 2021 21%
Real 2019 16%

Bloc Québécois

Encuesta Sep. 2022: 7%
Real Sep. 2021: 8%
Previsto 2021: 8%
Real 2019: 8%

People’s Party

Encuesta Sep. 2022: 1%
Real Sep. 2021: 5%
Previsto 2021: 7%
Real 2019:

Verdes

Encuesta Sep. 2022: 3%
Real Sep. 2021: 2%
Previsto 2021: 4%
Real 2019: 6%

 

Lo primero -aunque no lo fundamental-  que se extrae de estos números es la extrema estabilidad de la política canadiense. Una estabilidad sospechosamente similar a un estancamiento. Ni una pandemia, ni la crisis económica global provocada por el enfrentamiento de los EEUU con China, ni la guerra en Europa o la toma de partido que Canadá ha tomado en ella, parecen haber alterado significativamente los porcentajes de apoyo a los principales partidos, con una sola excepción que, si no es analizada con atención, podría parecer mínima.

Ese único cambio sustancial y significativo de la encuesta de septiembre de 2022 respecto a las elecciones de 2021 es el pasaje del Partido Conservador, que ha aumentado su caudal electoral desde un 34 a un 37%, acompañado de un retroceso similar del Partido Liberal.

Parece evidente que esa situación se debe a que los conservadores han decidido no reptir el error que los llevó a perder las elecciones de 2021. Esta vez y gracias a la candidatura de Pierre Poilievre, han dejado de competir con el Partido Liberal por el electorado que se ubica en el centro del espectro, y han recuperado buena parte del electorado de derecha radical que habían dejado en manos del People’s Party.

Se trata de un aprendizaje que les asegura, por el momento, una situación de clara ventaja respecto al Partido Liberal, que vuelve a la situación en la que lo mostraban las encuestas 4 días antes de las últimas elecciones.

En aquel momento, lo que posibilitó que el Partido Liberal pasara en pocos días del 31% que le adjudicaban las encuestas al 33% que les permitió alcanzar un gobierno en minoría, fue el trasvase de un porcentaje cercano al 3% de simpatizantes del NDP que tradicionalmente deciden cambiar su voto para impedir la llegada del Partido Conservador al gobierno.

Lo consiguen, con frecuencia. Y eso explica varias cosas: la permanencia del Partido Liberal en el gobierno en situaciones francamente adversas, como en 2021; el estancamiento de la política canadiense y su paulatino corrimiento hacia el conservadurismo y, sobre todo, la defensa que conservadores y liberales hacen de un sistema electoral anacrónico que está diseñado para que las terceras fuerzas vean su crecimiento frustrado una y otra vez.

Ese porcentaje de simpatizantes del NDP que deciden migrar hacia el Partido Liberal cuando las encuestas les hacen temer un triunfo conservador, varía de elección a elección, pero suele estar relacionado con la magnitud del riesgo que perciben. Tanto en lo que tiene que ver con la distancia que separa a conservadores de liberales, como del mayor o menor rechazo que el líder conservador del momento les provoque.

De acuerdo a los números que se acaban de conocer (una distancia de 7 puntos entre conservadores y liberales) y si tenemos en cuenta que Pierre Poilievre es un personaje que comulga abiertamente con la derecha más extrema, cabe preguntarse ¿qué porcentaje de ese 20% que se manifiesta dispuesto a votar al NDP hoy, quedará en sus filas cuando comience a escuchar el canto de sirenas del “voto estratégico”?

Todo haría pensar que dada esa situación y si la tendencia se prolongara en el tiempo, la migración podría ser mayor a la habitual. ¿Y podría resitir la estructura del NDP una pérdida de votos que lo ubicara por debajo del 15% y que lo dejara con una representación parlamentaria testimonial y en los hechos irrelevante?

Canadá, pese a que buena parte de su clase política aún viva en ese ensueño, no es una isla protegida por tres océanos y un hermano mayor indestructible. Es un país sujeto a las mismas tensiones sociales y geopolíticas que afectan al resto. Y lo que estos números parecen pre-anunciarnos es que el corrimiento social y político hacia la derecha radical (lo que algunos analistas comienzan a denominar derechas post-fascistas) que se experimenta en muchos países desarrollados (Suecia, Italia, USA, Inglaterra, seguramente muy pronto España, quizás Francia) está ya golpeando a nuestras puertas. Mientras eso ocurre, una izquierda que no termina de asumir que los tiempos han cambiado, parece resignarse a no ver, autoencandilada, cómo el electorado le dice adiós.

Estos nuevos fenómenos dentro y fuera de fronteras y cómo nos están afectando ya, nos mantendrán ocupados en próximas notas.

 

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