Demoras, soberbia e ineficacia ¿Sabes quién viene a la Cumbre?

No se podía esperar otra cosa en un momento como éste. Los presidentes de México y Brasil, los dos países que albergan casi el 50% de la población latinoamericana y son los motores de la economía de la región, han anunciado que no estarán presentes en la Cumbre de las Américas que se celebrará en Los Ángeles el 6 de junio.

De los creadores de America is Back y de Kamala fue a la Frontera llega ¿Sabes quién viene a la Cumbre? .

 

Cuando falta menos de 3 semanas para el comienzo de la novena Summit of the Americas, la primera que se celebra en territorio estadounidense, una reunión a la que Joe Biden, de acuerdo a sus propias palabras, considera “the highest priority event for our hemisphere” no se conoce aún cuál será la agenda del evento y no se han cursado aún las invitaciones.

Sin embargo y a pesar de que no está claro el objeto de la cumbre, sí ha trascendido que los Presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, no serían invitados. Y como contrapartida, los jefes de gobierno de México, Brasil, Bolivia y algunas naciones caribeñas ya han anunciado que enviarán una delegación de menor nivel a la Cumbre, pero no están dispuestos a asistir personalmente. Y lo que más importa, algunos de ellos, Andrés López Obrador, por ejemplo, no se han excusado diplomáticamente en “problemas de agenda” como suele suceder en estos casos, sino que han hecho explícito su malestar con la dejadez con la que la Casa Blanca está organizando la reunión.

Tampoco ayuda que Anthony Blinken, con su habitual empecinamiento en hacer de la miopía una virtud, se haya negado a descartar la presencia de Juan Guaidó en la cumbre, una ocurrencia que le daría a toda la Summit of the Americas la pátina de irresponsabilidad e intrascendencia que le faltaba.

Mientras todo esto ocurre, enviados de la presidencia estadounidense se reúnen febrilmente con los presidentes renuentes para convencerlos de que depongan su actitud y acudan a la cita, aunque más no sea para salvar las apariencias. ¿Estaremos a tiempo de que los convenzan? ¿Estarán a tiempo los EEUU de invitar a quienes no desean? ¿Se habrá disparado el país que se empecina en liderar al mundo otro tiro en el pie? Quedan pocos días para que nos saquemos esta duda y para que alguien -no sabemos quién- se encargue de disipar el desconcierto.

El desconcierto y las críticas

Vale la pena, para calibrar ese desconcierto que tanta vaguedad está causando en la prensa especializada estadounidense, tomar algunos párrafos de la nota de Nahal Tossi, Biden’s Americas summit is drawing jeers and threats of boycott, publicada el 10 de mayo en la revista Político -que en este tipo de temas suele ser una voz no oficial pero sí autorizada del propio establishment del Partido Demócrata.

«Just about everyone fears the agenda will be thin, offering few concrete plans to improve the region’s economy and trade links — the priority for many of the hemisphere’s leaders — while dealing more with U.S. concerns about migration. Even reports that the Biden administration is working on an “economic framework” for the region are being met with shrugs in some corners as being too little at this stage of Biden’s presidency.

The criticisms are a signal of deep frustration in Latin America with Biden, whose policies toward the region many foreign officials and analysts deem as lackluster, driven by domestic politics and not all that substantively different from those of former President Donald Trump, who often bullied and berated the United States’ southern neighbors.»

No es antojadizo el comentario acerca de la continuidad que la política de Joe Biden tiene respecto a la de su vilipendiado antecesor en los temas latinoamericanos. Todos recordamos aquel mensaje con el que Kamala Harris, que por entonces aspiraba a ser el “rostro humano” de la nueva administración, se dirigió a quienes en Guatemala, Honduras o El Salvador (tres países particularmente afectados por las políticas intervencionistas estadouidenses) aspiraban a solicitar refugio en los EEUU: Do not come to the U.S.

Aquello, si bien desagradable y brutal sobre todo para haber salido de la boca de una mujer que se preciaba de ser ella misma hija de inmigrantes y que presumía de ser “de color”, pudo quedar en lo anecdótico. Cosas menos empáticas se han oído cuando el poder ensoberbece a un personaje menor.

Sin embargo sus palabras evidenciaron pronto ser una condensación de las políticas inmigratorias de su país, y desde entonces nada ha cambiado sino para empeorar. Pero fueron además un adelanto de lo que han sido los casi nulos esfuerzos de Joe Biden y su equipo para establecer lazos de amistad, cooperación y mínimo respeto con nuestros países.

¿Sabes quién viene a la cumbre?

Hoy los organismos internacionales anuncian que a consecuencias de la pandemia las perspectivas de desarrollo de la región experimentarán un retroceso de varios años y reingresarán a la pobreza varias decenas de millones de personas, pero cuando a eso se le suma el impacto que tendrá la guerra de Ucrania en los precios de los combustibles de origen fósil, los alimentos y los fertilizantes, convocar a una cumbre de Presidentes americanos sin agenda conocida, es una afrenta que no todos estarán dispuestos a dejar pasar, como constata el columnista de Político en su nota:

«Among Latin America hands, there’s a sense that Biden just doesn’t prioritize the region, home to some of the United States’ biggest trading partners, including Mexico.

Congressional aides who spoke to POLITICO expressed similar concerns, noting they’ve been unable to get specifics from the Biden administration about the summit agenda. Foreign officials have said they felt as if the summit was more about Biden’s domestic priorities — such as migration — than issues that matter beyond American borders, the aides said.

“Everybody essentially shares the same message, which is ‘My God, there does not appear to be a deliverable here,’” one aide said. “Countries are coming to us and saying, ‘I’m not sure my president is going to show up because we don’t know what we’re going to be asked to join or commit or say.’”

No se puede esperar que una potencia imperial que no consigue ordenar debidamente su propio interior, que lidera una coalición como la OTAN embarcada en una guerra no declarada con Rusia en suelo ajeno, y que simultáneamente se dispone a plantear un nuevo conflicto en el Pacífico, esta vez con China, esté ocupándose seriamente en reconstruir sus relacionamiento con las pequeñas piezas del puzzle latinoamericano. Ni siquiera se ha preocupado por nominar los nuevos embajadores en 12 países de la región.

Esos olvidos, la soberbia y la ineficacia del equipo que gobierna los EEUU darán frutos en el mediano plazo y esos frutos no serán precisamente los que Joe Biden prometió hace dos años o espera hoy.

Como ha escrito Christopher Sabatini, un destacado investigador de las relaciones de su país con Latinoamérica en la publicación especializada Foreign Policy.

«With just one month to go before the Western Hemisphere’s elected heads of state travel to Los Angeles for the 9th Summit of the Americas, the United States is woefully underprepared and the event’s agenda remains to be defined beyond the general platitude-laden title of “Building a Sustainable, Resilient, and Equitable Future.”

The threat is not simply that this year’s summit will be a flop—yet another example of feckless U.S. policy toward Latin America. Rather, the real risk is that—after nearly three decades of summitry—this year’s event may be interpreted as a gravestone on U.S. influence in the region.»

No se dice abiertamente la nota de Foreign Policy, pero el espíritu de la Doctrina Monroe -que se develaba con franqueza en la ilustración de la revista Puck que encabeza la nuestra-, sigue presente en la soberbia desnorteada con que la Administración Biden enfrenta la problemática de su otrora «patio trasero».

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