Almudena Grandes y la memoria de la República, los márgenes y la resistencia

Tu no has estado en Martos, Mercedes, tu no lo has visto… -levantó la cara, hasta entonces escondida en el hueco de sus brazos, cruzados sobre la mesa, y los surcos que las lágrimas habían dejado en su cara sin afeitar me impresionaron más que la caverna de la que brotaba su voz. -Pero yo estaba allí, quieto, callado, sin hacer nada, como la mierda de hombre que soy. ..

-Calla Antonio -mi madre levantó la vista y miró a su alrededor como si temiera que pudieran brotar orejas en la pared, pero no me vio. -Que te pueden oir.

-En aquella plaza había dos hombres con cojones, sólo dos y yo no era uno de ellos.

-Baja la voz, Antonio, -por Dios.

-Sólo había dos hombres con cojones, y uno estaba muerto y el otro era el capitán que mandó parar la música…

-Cállate, Antonio, calla, calla…

Madre se las arregló para amordazar a su marido envolviéndole en sus brazos, y así, como si fuera uno más de sus hijos, se lo llevó a la cama. Yo me resigné a volver a la mía, y aunque pegué el oído a la pared, no logré descifrar más que palabras sueltas en un susurro entrecortado que aún no se había agotado cuando me quedé dormido.

De El lector de Julio Verne – 3er novela de la serie Relatos de una guerra interminable

 


 

Con motivo del reciente fallecimiento de la escritora Almudena Grandes hemos podido leer numerosos artículos y obituarios en los que se homenajeaba a “la narradora de la memoria de los olvidados”, una clara referencia al ciclo de novelas dedicado a la guerra civil española y a la resistencia antifranquista bajo el título Episodios de una guerra interminable, el proyecto literario en el que la autora estuvo trabajando a lo largo de la última década de su vida.

 

Maite Goñi Indurain, Investigadora pre-doctoral en Literatura Comparada y Estudios Literarios, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Esta fundamental aportación a la recuperación de la memoria resistente española ha sido uno de los aspectos más señalados y alabados en los homenajes dedicados a la figura de una de las narradoras más importantes de la literatura española.

Pero este no ha sido el único. En sus novelas, Grandes no solo ha reivindicado la lucha antifascista que continuó activa a lo largo de varias décadas tras la derrota republicana, sino que, además, su literatura se ha caracterizado por reivindicar la participación femenina tanto de manera activa en los conflictos bélicos como en el trabajo de cuidados.

Esto último ha sido sistemáticamente invisibilizado por pertenecer a la retaguardia y por tratarse de una labor feminizada y, sin embargo, resultaba fundamental ya que era la que hacía posible que la confrontación abierta tuviera lugar. Por esta razón, podemos considerar que uno de los legados de la escritora madrileña consiste en devolver el lugar que les corresponde a las mujeres que lucharon junto a los hombres.

Una memoria afiliativa: la propuesta histórica y narrativa de los Episodios

“La historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales”.

Esta es la tesis de la primera novela del ciclo memorialístico de Grandes y funciona como una suerte de mantra que pretende dar respuesta a las decisiones, aparentemente irracionales, que grandes personajes de la historia del siglo XX tomaron afectando a las vidas de los militantes de base.

No obstante, esta frase sirve también para comprender la apuesta de rememoración de Grandes en la que las mujeres tienen un papel primordial, ya que ellas son las que creaban y sostenían estas redes fundamentales para garantizar la posibilidad de oponer resistencia al franquismo y para el sostenimiento de la vida incluso en las situaciones más adversas.

Historia de los afectos, la complejización del relato de la memoria

Al escoger como protagonistas a las mujeres y sus redes de cuidado, Grandes introduce una serie de cuestiones que nos ayudan a abordar el desarrollo de la guerra y sus consecuencias de una manera más compleja y diversa. Por medio de la focalización en las relaciones personales consigue mostrar un abanico de víctimas que no siempre forman parte del imaginario bélico: la retaguardia del exilio, personas del colectivo LGTBIQ+, las afectadas por la miseria de la posguerra, huérfanas explotadas en instituciones controladas por el clero, enfermos de sanatorios mentales, enlaces urbanas y rurales, y un largo etcétera.

Del mismo modo, y gracias a la perspectiva elegida, el retrato de la España derrotada no se reduce al sufrimiento y a la pobreza sino a toda la red de apoyo, cuidado y resistencia que se creó en los márgenes de la sociedad franquista.

Así, se supera el tradicional discurso de una guerra fratricida favoreciendo una concepción de la contienda más real y justa, que tiene en cuenta los distintos factores que intervinieron en el desarrollo y en el resultado final del conflicto. En definitiva, la guerra y la dictadura que se nos presentan en los Episodios de una guerra interminable corresponden con unos momentos históricos en los que no se pueden separar cuestiones económicas, políticas, de identidad de género y orientación sexual, de clase, etc.

Almudena Grandes: memoria, justicia y reparación

La escritora madrileña ha destacado, entre otras cosas, por su compromiso con el movimiento memorialista español. A este respecto, su producción narrativa no solo se ha hecho eco de su implicación personal sino que constituye su principal aportación a la memoria colectiva del país.

Más allá de la importancia del tipo de relato que promueve y el impacto social que sus novelas han tenido, merece la pena resaltar lo que supuso la aparición de un ciclo como el de los Episodios en 2010. A pesar de que desde el 2000 se estaba produciendo lo que ha recibido el nombre de “boom de la memoria”, es decir, una explosión cultural y de interés por la memoria histórica de la guerra civil española que se materializó en la publicación de un número ingente de novelas, estreno de películas, música, obras teatrales, etc., hacia 2008, debido a la crisis económica mundial y los estragos que esta causó, la atención se redirigió hacia la situación extrema que se estaba viviendo en ese momento. La memoria y las heridas del pasado quedaron en un segundo plano.

Paralelamente, en 2007 se publicó un texto que ya vaticinaba el fin del “boom de la memoria”, debido al “hartazgo” que estaba produciendo la convencionalización del tipo de relato bélico que se había impuesto. Nos referimos a ¡Otra maldita novela sobre la Guerra Civil! de Isaac Rosa, una suerte de homenaje a la antinovela de Cortázar que destruía literariamente la novela de la memoria reivindicando una rememoración incómoda que sirviera para movilizar a la población lectora a unirse al movimiento memorialístico que luchaba por la restauración de la dignidad a las víctimas de la represión.

En este contexto aparecieron los libros de Almudena Grandes. Novelas extensas, complejas y corales que proponían una mirada a la guerra que englobara a todas las víctimas, y también a todas las personas, hombres y mujeres, que lucharon para acabar con el franquismo.

En resumen, los Episodios de una guerra interminable supusieron no solo la revitalización de una tendencia literaria en declive sino que, además, pusieron en el centro del debate la necesidad de recuperar las historias de las olvidadas, de los habitantes de los márgenes.

Hay un antes y un después de sus novelas porque, tras el rotundo éxito de Grandes, resulta innegable que aún quedan muchas historias de la guerra y de la resistencia por contar y que la historia de las mujeres sigue incompleta.


Maite Goñi Indurain, Investigadora pre-doctoral en Literatura Comparada y Estudios Literarios, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea


 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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