‘Ta Entende Tu?’ El Idioma Chabacano: una hermana filipina de nuestra lengua

Para tener una visión amplia de nuestro idioma y el modo en que sus palabras, su sonoridad, y su estructura se han dispersado por el ancho mundo Héctor Goldar, un geógrafo que acompaña a Diálogos desde antes de su nacimiento, nos invita a conocer una lengua de la que poco conocemos y que se esfuerza por mantenerse viva en centro mismo de una Babel cultural.

Aunque tal vez no tan palpable como en otras antiguas colonias, la influencia española en Filipinas es evidente. Gran parte de ese legado es el papel significativo que la fe cristiana juega en las vidas de una proporción substancial de los habitantes. De hecho, el país es, hoy, la tercera nación con el mayor número de feligreses católicos.

Desde las calles de Vigán a la iglesia barroca de Miagao en Panay, pasando por el distrito amurallado de Intramuros en Manila, Filipinas cuenta también con abundantes ejemplos de arquitectura colonial española.

Observamos, de igual manera, influencias no solo españolas sino también mexicanas en el folklore o en la gastronomía local. En lo que respecta al lenguaje, y a pesar de más de tres siglos de colonización, podemos argumentar que la influencia del español es relativamente modesta.

Filipinas no es un país de habla hispana debido a varias razones. Entre otras, el efecto de las políticas lingüísticas y de evangelización adoptadas por la administración colonial. El español nunca fue una lengua mayoritaria sino de las élites y de la administración. Y posteriormente, a partir de 1898, fue desplazado por el inglés implantado por la administración estadounidense.

Si bien es cierto que el léxico del filipino – que se basa en el tagalo y que es, junto al inglés, lengua oficial de este archipiélago multilingüe – incluye un gran número de palabras de origen español: eroplano, telepono, suweldo, el idioma es esencialmente ininteligible para los hispanoparlantes.

Hay una excepción, sin embargo. Hablamos del idioma ‘chabacano.’ A continuación exploraremos brevemente qué es el chabacano, cuál es su estado en el presente y qué reflexiones nos puede plantear su situación actual.

El ‘chabacano’ – en ocasiones, escrito como ‘chavacano’ – es uno de los más de 120 idiomas que se hablan en este diverso archipiélago del Sudeste Asiático.

En esta lengua criolla de base española se incluyen diferentes variantes, entre las cuales, la de Zamboanga al sur del país, es la más popular. En total, el número de hablantes de chabacano se estima entre 600.000 – 1.200.000 en este país de casi 110 millones de habitantes. Es, por tanto, una lengua minoritaria.

El chabacano se caracteriza por su base léxica española. Carece de conjugaciones, género y número, y su estructura oracional es similar a la del tagalo. “Pabor deja el sapatos, sandals y chinelas abajo, gracias!” reza un cartel en la ciudad de Zamboanga, que invita a descalzarse.

Una lengua en diálogo permanente con sus vecinas

Los orígenes del chabacano no están completamente claros. Algunas teorías apuntan a que surgió como lengua franca en Cavite, un enclave comercial en el norte del país. El lingüista John Lipski sugiere que la versión zamboangueña surge en el presidio de la ciudad hacia mediados del siglo XVIII, producto de la intersección entre el español y las lenguas locales, que ya estaban parcialmente hispanizadas.

Durante los siglos siguientes, el chabacano de Zamboanga continuó evolucionando, absorbiendo influencias de variantes norteñas y de otras lenguas como el ilongo, el cebuano, y más tarde, del inglés y del tagalo. La diversidad característica del chabacano refleja su función de puente entre gentes de contextos culturales diferentes y el carácter multicultural de los lugares en los que surgió y se desarrolló, y por esa razón nos pareció que escribir sobre esta lengua/puente en una publicación como Diálogos sería un ejercicio interesante.

El chabacano como tal ha experimentado una serie de cambios considerables en los últimos años – cambios que han estado impulsados muchas veces por fuerzas a nivel local/regional, pero también globales, que determinarán su futuro en las décadas venideras como lengua minoritaria.

Nuestro objetivo en este breve artículo no es ofrecer predicciones o teorías sólidas. Lo que esperamos es iniciar el diálogo e invitar a la reflexión sobre dichos cambios, y por ende, sobre cuestiones relacionadas con las dinámicas que experimentan hoy en día muchas lenguas minoritarias, y sobre el carácter mudable del lenguaje, la cultura o la identidad, usando el chabacano como ejemplo.

Languidecer o adaptarse

El primero de los temas que trataremos tiene que ver con el estado actual del chabacano en Filipinas.

Aunque ‘en declive’ sea tal vez una expresión no del todo adecuada por razones que exploraremos en el siguiente párrafo, lo cierto es que el chabacano continúa perdiendo hablantes de manera marcada cada década. De hecho, más allá de Zamboanga y alrededores, su uso es prácticamente inexistente en el presente. Incluso en Zamboanga, donde reside la gran mayoría de los hablantes de chabacano, la lengua ha perdido popularidad dada la proliferación del tagalo, del bisaya y del inglés.

Este fenómeno es evidente en las generaciones más jóvenes, particularmente en aquellos menores de 15 años. Como apunta Bert Torres, lingüista de la universidad local, la mayoría de ellos no habla chabacano. Varias razones explican la disminución en el número de usuarios.

En primer lugar, el chabacano ya no cumple de manera exclusiva la función de lengua franca que impulsó su emergencia y que afianzó su posición en varias regiones del país. A día de hoy, el tagalo y el inglés, mucho más populares, extendidos y respaldados, ofrecen más oportunidades de todo tipo y facilitan la comunicación con un mayor número de hablantes.

En segundo lugar, debido a la mayor popularidad de estas otras lenguas, los nuevos residentes que se mudan a Zamboanga tienden generalmente a no aprender chabacano, como señalan los académicos locales.

Otro punto tiene que ver con las características de la lengua en sí. El chabacano es un idioma de uso mayoritariamente oral. La falta de estandarización, debido a su muy limitada vertiente escrita, y al hecho de que hasta mediados de la década pasada no se enseñara en las escuelas, hace que el chabacano sea relativamente inestable y especialmente vulnerable en términos de dilución y rápida mezcla.

Todas estas características que aquí mencionamos son similares a las que se pueden observar en otras lenguas minoritarias que no gozan de protección estatal o un papel privilegiado a nivel nacional y que compiten contra el oligopolio que ejercen aquellos idiomas que presumen de mayor influencia y número de hablantes en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. El chabacano no es un caso único en este respecto. Pero, ¿cómo se está adaptando a estas presiones? ¿Cómo está afrontando el complicado reto de seguir relevante?

Durante los últimos años, y en especial desde comienzos de la década pasada, hemos podido observar cómo varios sectores de la sociedad zamboangueña, liderados por la universidad, se han volcado en la promoción del chabacano. Estos esfuerzos por preservar la identidad cultural y lingüística de la ciudad han sido motivados, en gran parte, por el claro declive del chabacano en el resto del país y por la preocupación de que la versión zamboangueña pudiera correr la misma suerte en el futuro próximo.

Aparte de la introducción de la enseñanza de la lengua en las escuelas como mencionábamos anteriormente, se han financiado programas de cine, radio y televisión y se ha fomentado la publicación de libros de todo tipo.

Uno de los grandes hitos en la última década fue la publicación de un diccionario del chabacano. Con estas medidas y proyectos, los académicos e intelectuales locales aspiran a establecer una ortografía definida, a estandarizar el lenguaje y a promover su vertiente escrita.

Desde el punto de vista de las políticas públicas, y a pesar de la relativa indiferencia del gobierno central, podemos observar, en su lugar,  iniciativas locales en su lugar, como la propuesta de construir un centro cultural del chabacano. Cabe destacar que el Instituto Cervantes ha apoyado algunas de estas causas de diversas maneras.

Pero no todos los esfuerzos emanan de ámbitos académicos o institucionales. Internet, por ejemplo, nos ayuda a revelar algunas de las iniciativas orgánicas existentes en la sociedad civil zamboangueña – que incluyen grupos culturales y de debate en Facebook y Reddit, así como diversos materiales en YouTube.

Esta serie de cambios ha comenzado a dar sus frutos. Por ejemplo, en la ciudad, se pueden ver ahora más carteles oficiales y vallas publicitarias en la lengua local. En el presente, existen también más actividades y más recursos disponibles en chabacano.

Todos estos esfuerzos aspiran a aumentar su visibilidad y esperan incentivar su uso – que al día de hoy es todavía mayoritario en el ámbito social zamboangueño, ya sea en el mercado o en la iglesia.

El futuro de una lengua minoritaria

¿Son estos cambios suficientes para afianzar el uso del chabacano en la ciudad, para ralentizar o frenar su debilitamiento, y para asegurar su posición como medio principal de comunicación en la mayoría de los ámbitos?

Hay diversas opiniones en lo relativo a estas cuestiones. La nuestra es que tal vez sea demasiado pronto para dictar un veredicto al respecto.

Partiendo de ese marco de ‘esfuerzo’ por preservar y fomentar la utilización del chabacano, se puede afirmar que la lengua se está sometiendo a un proceso de ‘dignificación’ que tiene por objetivo el enterrar algunos de los estereotipos negativos asociados a su uso y el promover la visión de que es una lengua ‘de puro derecho.’

Como afirma Lipski, el chabacano, -y eso ha ocurrido también con otras variantes derivadas del español- ha sido tildado, históricamente, de ser una versión ‘vulgar’ o ‘corrupta’ del español, como se puede inferir por su propio nombre. Esa es una perspectiva que muchos hispanoparlantes abrazan todavía hoy –la de que se trata de un ‘dialecto roto.’ Y aunque este tipo de opiniones no sean excepcionales fuera de la región o del país, en Zamboanga, el estigma que pudo haber en el pasado parece estar siendo superado

El chabacano goza en el presente de cierto estatus social y es una parte importante de la identidad cultural de la mayoría de los zamboangueños. La impresión general es que hay un cierto orgullo que los habitantes de esta ciudad sienten al hablar su lengua, que forma parte de su vida diaria. Cada vez más, el chabacano se valora de manera positiva como algo único y como propio.

Con los años, el chabacano se ha ido convirtiendo en uno de los símbolos más importantes de la ciudad de Zamboanga, que se presenta ante el mundo como ‘La Ciudad Latina de Asia.’ Y no se trata de mero ‘marketing:’ aparte del chabacano, es evidente que varios hitos arquitectónicos, la gastronomía y una parte importante de las costumbres y de las festividades tienen un claro tinte hispano.

Esta herencia característica, tan marcada y que abarca tantos dominios, hace a esta ciudad un enclave cultural único en el contexto de Filipinas y la diferencia de otras partes del país. Basándose en estas diferencias, la ciudad de Zamboanga ha ido progresivamente forjando una identidad regional propia. Esta ‘identidad zamboangueña’ tiene valor a nivel doméstico, ya que crea una narrativa propia y en cierta manera refuerza la cohesión social, pero también ayuda a Zamboanga a reafirmar su identidad regional en el conjunto de la nación como la sexta ciudad más poblada del país.

Parte de la clase política hace hincapié en el valor de esa identidad regional. Se espera no solo que estas narrativas, símbolos y procesos de identificación ayuden a crear una identidad local más sólida en una zona del país relativamente volátil, sino que también sirvan para poder abogar por los intereses de la región de manera más efectiva frente al resto del país.

Desde nuestro punto de vista, y ligando el rol del chabacano con la cuestión de la llamada «herencia hispánica», se puede sugerir que dado que la identidad regional zamboangueña depende en gran parte de esa herencia, las lecturas más críticas relacionadas con la colonización española y con el controvertido legado resultante de ésta se atenúan y toman, en este caso, un papel secundario.

Pero de igual manera, hemos de preguntarnos qué es lo que tenemos en mente cuando hablamos de ‘herencia hispánica’ en la región. Se ha de destacar que la identidad cultural de los pueblos y regiones no es estática: es mudable, evoluciona y se reinventa. A nuestro parecer, la aceptación y promoción por parte de Zamboanga de su carácter multicultural, y en especial de su legado hispánico, no emana de un apego o una identificación profunda con ‘España’ per se. Más bien, mientras que sí existe un reconocimiento de esa herencia y de su trayectoria histórica, la afirmación implícita es que la cultura zamboangueña – incluyendo el chabacano – ha sido forjada por los mismos zamboangueños durante generaciones y por tanto es única. Intersectada con la hispana pero diferente de ella y sobre todo, muy suya.

Como algunas personas sugerían en los materiales que consultamos al escribir este artículo, los días de los conquistadores quedan ya muy lejos. Pero como todo en la vida, los vientos pueden cambiar, y las opiniones, perspectivas e interpretaciones de estas cuestiones lo pueden hacer también.

Zamboanga y su chabacano nos ofrecen una perspectiva interesante de una ciudad y un idioma claramente influenciados por la cultura y la lengua española que reconocen dicha herencia, pero que al mismo tiempo, la reinventan y la adaptan para crear una identidad y un lenguaje propio de carácter regional. La creciente promoción del chabacano – y su estandarización y su rescate, – a pesar del gran desafío que supone, ejemplifica el apego de los zamboangueños a esa parte crucial de su identidad cultural que es el idioma, así como el rechazo a, impasiblemente, dejarlo decaer.

El descenso en el número de hablantes de esta lengua es indicativo de la magnitud del reto de hacer que el chabacano se mantenga relevante en los años venideros y de las presiones que la globalización cultural y lingüística ejerce sobre las lenguas minoritarias. Solo el tiempo puede revelar si el chabacano logrará dar el salto de lengua franca local en dificultades a sello de identidad regional, vital y robusto.

 

HÉCTOR GOLDAR
Héctor Goldar es español y geógrafo. En 2015, vivió y estudió en Japón y Filipinas. En 2017, completó un máster en Geografía Humana por Wilfrid Laurier University y la Universidad de Waterloo. Recientemente, ha concluido sus prácticas en la Comisión Europea.

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