Trabajo, organizaciones y comunidad (1) – Una realidad y una propuesta

¿Somos concientes de que la bajísima tasa de sindicalización entre los trabajadores y trabajadoras jóvenes de nuestra comunidad favorece la informalidad y la precariedad, y que eso afectará negativamente sus vidas? ¿Sabemos cómo impacta e impactará la pandemia en el acceso de las personas jóvenes al trabajo digno? ¿Hay algo que podamos o que querramos hacer al respecto? .

 

Poco a poco, aún con ciertas inseguridades y temores ante lo impreviso, estamos comenzando a entrar en la tan esperada “nueva normalidad” de la post- pandemia y dentro del torbellino de cambios que se han acelerado, nuevas situaciones para las que aún no estamos suficientemente preparados, desafíos interesantes o certezas que han desaparecido, hay un tema que parece estar alejado de nuestras preocupaciones más inmediatas, pero será crucial para nuestro futuro.

Ese tema se puede resumir en un solo concepto, sindicalización, pero lo que hay detrás de esa palabra tiene una complejidad enorme y para abordar esa complejidad es necesario hacerlo desde varias perspectivas y a varios niveles.

Por ejemplo: las ventajas que representa para un trabajador o una trabajadora contar con el respaldo de una organización sindical y los cambios que han habido en las últimas décadas en el mundo del trabajo y cómo han impactado en esa realidad. Por ejemplo qué ha pasado con los trabajadores sindicalizados y los no sindicalizados durante la pandemia y qué enseñanzas podríamos extraer de ello. Por ejemplo, cual es la relación de una comunidad como la nuestra con el movimiento sindical y por qué esa debería ser una cuestión central a debatir.

Las cifras y sus razones: lo que fue de ayer a hoy

Comencemos por algunas cifras para entender de qué estamos hablando y antes de enfocarnos en las cifras que nos importan, las que nos mostrarán las realidades de Canadá y en particular la de Ontario, será oportuno tener, como marco de referencia, las cifras de sindicalización de aquellos países con los que a Canadá le gusta compararse, es decir los países del mundo que tienen mayores niveles de desarrollo humano y de bienestar.

De acuerdo a las cifras oficiales de la OCDE (Organisation for Economic Co-operation and Development), los países con mayores tasas de sindicalización son Islandia 92%, Suecia 65%, Dinamarca 67%, Finlandia 59%, Noruega 51%, y Bélgica 50%.

Esas cifras nos demuestran que existe una relación muy estrecha entre bienestar y desarrollo económico con la capacidad que tienen las organizaciones de trabajadores para defender los derechos y las economías de sus afiliados.

Dentro de la OCDE, Canadá, si bien está lejos de mostrar cifras tan pobres como las de EEUU, México o Colombia (10, 9, y 6% respectivamente), tenía en 2016 una tasa de sindicalización del 26%, muy por debajo de la que había llegado a tener el 1981, cuando casi el 40% de sus trabajadores estaba afiliado a una organización sindical.

Ese descenso de casi un 15% en las tasas de sindicalización que registra Satatistc Canada a partir de 1981, se produjo, en su mayor parte, en las décadas de los 80 y los 90, ya que las cifras, durante los últimos 20 años, han estado relativamente estancadas.

Y vale destacar que Ontario presenta el peor resultado después de Alberta.

Analizaremos ese descenso más de cerca, porque aparecerán datos muy interesantes, pero antes demos un breve vuelo panorámico sobre la realidad canadiense y global de aquel período, porque esa tendencia no se produjo en el vacío ni porque sí.

Fin de la guerra fría, globalización, y bienestar innecesario

En las primeras décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial los trabajadores sindicalizados en Canadá eran en su gran mayoría hombres empleados en sectores industriales y de la construcción, pero a lo largo de las décadas que siguieron y en particular a partir de los años ‘60, las mujeres hicieron su irrupción en el mercado de trabajo (en particular en sectores como la salud y la educación), y ello determinó una tendencia creciente en la sindicalización, similar a la que ocurría en el resto de los países occidentales, en los que la construcción del Estado de Bienestar de postguerra incluía a las organizaciones de trabajadores como elemento esencial.

Esa tendencia daría un vuelco sustantivo en los años 80 y 90 y ese vuelco no fue algo limitado a Canadá sino que formó parte de un proceso de cambios sin fronteras.

Esos años fueron el escenario de una transformación que incluyó la implosión del bloque soviético y la ilusión de un mundo unipolar; la creación de la World Trade Organization y la expansión de una economía global regida por lo financiero, y la viralización de un «sentido común» que vaía a las estructuras de bienestar social y los sindicatos como lastres del desarrollo económico. La historia, se dijo en aquel momento, había terminado. Una Primera Ministra inglesa podía decir «There’s no such thing as Society». Y el bienestar se lo tendría que asegurar cada persona por si misma.

Fueron los años de Ronald Reagan en los EEUU, que comenzó su mandato precisamente en 1981 y de Margaret Thatcher en el Reino Unido, que lo había iniciado dos años antes, mientras que en Canadá esa nueva época estuvo pautada por la derrota, en 1984, del Partido Liberal de Pierre Elliot Trudeau y la llegada al gobierno del conservador Brian Mulroney, con una agenda que, en pocos años, tensaría al máximo la relación entre las organizaciones sindicales y las instituciones de gobierno.

Mulroney, como parte de una serie de reformas que determinaron un cambio radical que abarcó no sólo la economía sino toda la cultura política canadiense, lideró lo que la revista McLeans definió como “political war against unions”, lo que a su vez generó olas de protestas y demandas que sacudieron el país y le generaron, sobre el final de su mandato, una antipatía generalizada.

Brian Mulroney perdió pie en 1993 y fue sustituído pocos meses después por un nuevo gobierno liberal, pero el daño ya estaba hecho… En los sectores de actividad ya sindicalizados, las organizaciones sindicales mantuvieron sus roles centrales en la protección de los y las trabajadoras, pero en los sectores emergentes, como el de los servicios, la sindicalización enfrentó desafíos muy difíciles de superar y si bien el descenso abrupo de las tasas de afiliación se moderó sobre el final de los ’90, han estado virtualmente congeladas desde entonces… Aaunque esa aparente estabilidad esconde, como habíamos adelantado, elementos muy interesantes.

Mujeres, jóvenes, inmigrantes, y un convidado de piedra: la pandemia

Mujeres

El descenso en la tasa de sindicalización que Canadá experimentó en las últimas décadas, ha sido muy diferente entre hombres y mujeres.
En realidad todo ese descenso corresponde a los hombres ya que la cada día mayor  incidencia de las mujeres en el mundo del trabajo y en particular en la educación y la salud, ha determinado que sus tasas de sindicalización ascendieran continuadamente al punto que hoy se encuentran levemente por encima de las de los hombres

Jóvenes

Como contrapartida, observamos que la caída en la sindicalización ha sido mucho más pronunciada entre los jóvenes trabajadores, en especial los menores de 35 años, un descenso que  ha sido también mayor entre los hombres que entre las mujeres. Son ellos, pese a lo que generalmente se cree, los que han visto sus condiciones de trabajo más precarizadas, los que en el largo plazo tendrán sus derechos más comprometidos, y quienes sufrirán en mayor medida los impactos de la automatización de los procesos productivos y las nuevas tencologías.

Inmigrantes

No existen cifras claras y concluyentes de cuál es la participación de los trabajadores inmigrantes en el conjunto de los trabajadores sindicalizados de Canadá, pero el estudio Immigration, Race, an Labor sugiere que un trabajador inmigrante tiene menos del 60% de probabilidades de estar sindicalizado que un trabajador nacido en el país.

«Our results show that racial minority groups generally are less likely to be found in unionized jobs compared with the white majority. This pattern is more pronounced for men than for women and varies somewhat among minority groups. Most groups are less represented in unions than are the white majority and in some cases significantly so.»

En esta baja sindicalización influyen no sólo las barreras “naturales” como la del idioma o las de los diferentes status migratorios, sino la experiencia de los inmigrantes en sus países de origen.
Para un o una inmigrante joven procedente de un país como Colombia, que tiene una sindicalización de apenas el 6% y en donde se registraron más de 5000 muertes de sindicalistas a manos de bandas paramilitares en las últimas dos décadas, las ventajas que se derivan de la pertenencia a una organización sindical pueden estar más allá de lo culturalmente comprensible. Y esa situación fragiliza y potencia vulnerabilidades.

Pandemia

Hemos tocado este tema en notas anteriores y volveremos a él en la siguiente nota de esta serie, pero vale consignar un dato que deberemos tener en cuenta.

Durante 2020 la tasa de sindicalización aumentó en 1 punto y medio sobrepasando, por primera vez en décadas, el 30% de quienes tienen un trabajo formal.

Ese aumento obedece seguramente a múltiples causas, pero se estima que entre las principales está que la pérdida de puestos de trabajo durante la pandemia se concentró en los sectores menos sindicalizados.

Como dice Jim Stanford, Economist and Director of the Centre for Future Work:

«The pandemic has had several effects that boost union coverage. Public sector jobs have become relatively more important; union coverage is higher in these jobs. Workers with union protection were less likely to lose their jobs during the COVID-19 shutdowns (thanks to stronger job security provisions), so they make up a larger share of remaining employment. Finally, new health risks and other challenges of working in a pandemic have spurred many workers – in long term care centres, restaurants and cafes, grocery stores, and more – to seek protection of a union. Renewed union influence would help to improve wages, conditions, and job security as Canada’s labour market builds back after COVID-19.»

Comunidad

La comunidad hispano/latina de Ontario es una comunidad predominantemente joven, con tasas muy altas de abandono escolar y con las tasas más bajas de inscripción en estudios post secundarios, lo que determina tasas altas de entrada prematura e insuficientemente calificada al mundo del trabajo.

En la realidad post pandemia, con una aceleración de los cambios en el espacio de trabajo que determinarán menos presencialidad y menores posibilidades de organización para defender derechos colectivos, será necesario que nos procupemos por estos temas como nunca antes.

Es en este sentido que este análisis, que continuaremos, comienza a ser una propuesta. Conocernos más para que en un mundo que comienza a ser totalmente diferente al que conocimos, nos sea posible integrarnos mejor.

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