Systemic racism, mantras adormecedores y naturalización del despojo

Es como contar corderos que saltan una cerca.
Si tu repites “systmic racism” una suficiente cantidad de veces, llegará un momento en que ni “sistémico” ni “racismo” significarán nada. Las palabras nos inquietan y nos despiertan cuando las escuchamos por primera vez. Con el paso del tiempo y con la repetición constante, nos tranqulizan y nos adormecen. .

Las palabras no están hechas para ser repetidas sino para operar como herramientas de trabajo. Y eso es especialmente cierto para palabras como “systemic racism”, “reconciliation”, “truth”, o tantas similares.

Se trata de palabras que deberían servir para hurgar, desentrañar, rascar detrás de la pátina engañosa con la que algo simula ser lo contrario de lo que es, excavar. Excavar para que aparezcan cadáveres de niños desaparecidos o para entender el despojo que se cometía y comete contra los suyos. Desnaturalizar el mito omnipresente de “no somos eso”. Poner en tela de juicio la creencia de que hay unos Canadian values, diferentes y mejores a los valores de los demás que justifican cerrar lo ojos y despreocuparnos de lo que se hace en nuestro nombre. Intranquilizar conciencias marchitas y apagadas porque no es con una ciudadanía acrítica y autocomplaciente con las que se puede construir una sociedad democrática y justa.

Si por el contrario, se construyen con esas mismas palabras discursos previsibles y plañideros, en los que cada nueva muestra de racismo, injusticia, asesinato, robo despiadado o maginalización, pasada o presente, es presentada o bien como “algo que no somos” o bien como “a painful remainder of that dark and shameful chapter of our country’s history” el sentido de las palabras se ahueca, se seca y se pervierte. No necesariamente porque esa sea la intención de quien las utiliza (en ocasiones sí lo es) sino por falta de voluntad, poca imaginación, complicidad o simple cobardía.

Un ejemplo triste y preocupante

Tomemos, por ejemplo, un caso aparentemente banal, y sigamos para ello la nota de Jackes Gallan, publicada por el Toronto Star el 8 de junio, National library apologizes for online content that excluded Indigenous people.

De acuerdo a lo que Gallan nos informa, “Canada’s national library apologized Tuesday “if any users were offended” by content on its website that its own staff said amounted to a “deliberate, systematic” exclusion of Indigenous people”.

Pero si el reconocimiento y el pedido de disculpas sorprenden,  inmediatamente después nos enteramos de que: «The apology came as a leading Indigenous scholar and advocate called on Canadian Heritage Minister Steven Guilbeault to launch an external review of Library and Archives Canada’s online content”.

Vale la pena tener en cuenta que se trata de una institución que tiene como principal función la que se detalla en su propio website de este modo: As the custodian of our distant past and recent history, Library and Archives Canada (LAC) is a key resource for all Canadians who wish to gain a better understanding of who they are, individually and collectively.»

Asombra comprobar entonces que una institución que tiene una función de tal importancia, haya sido tan negligente en lo que tiene que ver con la veracidad o la confiablidad de los contenidos de su página web oficial, como para que la simple amenaza de una auditoríaa externa haya desatado una reacción en cadena que ha incluído: 1) la súbita eliminación de contenidos que han sido sustituidos simplemente por un mensaje de “error 404”, 2) la declaración del organismo pidiendo disculpas y prometiendo poner remedio a una situación que admiten haber conocido con anterioridad, 3) la negativa (al menos por el momento) de Steven Guilbeault, ministro de Canadian Heritage, a ser entrevistado por la prensa.

Y la pregunta entonces es ¿no lo sabían? ¿No eran concientes de que estaban incumpliendo el mandato para el que la institución fue creada?

Aparentemente sí lo sabían, porque, como nos advierte el periodista: Among those pages was a glowing profile of Canada’s first prime minister, John A. Macdonald, which had remained online for eight months after the Star reported that the biography mentioned nothing about Macdonald’s role as an architect of the Indian residential school system.

Reconocimiento y negación sistemática de la verdad

Lo sucedido con una institución como Library and Archives Canada es precisamente a lo que refiere la palabra sistematicidad: a lo que ya está tan integrado a una cultura, que se torna inseparable de la misma. De ese modo, cuando por el efecto de algo particularmente removedor, como el hallazgo de los restos de 215 niños que hasta hoy permanecían en un limbo de silencio, el escándalo se torna inevitable, la primera reacción es derramar alguna lágrima más o menos sincera, y luego esconder, tapar, restarle visibilidad a lo que deja en evidencia que después de todo, el país es una creación colonial y las víctimas del colonialismo son un hierro caliente del que es más saludable no hacerse cargo.

Y eso hace inevitable otra pregunta, aún más acuciante: si sucede esto en una institución como Library and Archives Canada, orientada a investigadores, docentes o estudiantes interesados en temas históricos y con capacidad de discernir lo falso de lo verdadero ¿qué grado de veracidad, espíritu crítico, apertura a conocer esos “dark and shameful chapters”, habrá en los cursos de historia que reciben nuestros hijos? ¿Les estarán ocultando también a ellos lo que deben y merecen conocer como “Canadians who wish to gain a better understanding of who they are, individually and collectively?

La respuesta, obviamente la conocemos bien. Pero está en nosotros la responsabilidad de preocuparnos para que eso cambie. Y este es un buen momento. No deberíamos esperar a que el asombro y la indignación se apaguen y volvamos a estar mecidos con un mantra de palabras que van perdiendo sentido a medida que entran en la noria de repeticiones.

Mania Mazigh en su nota de Rabble “Canada is still in denial about Islamophobia”, en la que reflexiona a propósito de lo ocurrido esta misma semana, expresa una preocupación similiar:

«Overall, the core narrative remains untouched: Canada is a polite and compassionate country; we don’t do these things at home; we are shocked by these acts of violence.
Well, I am not anymore surprised by these acts and unfortunately, I expect more to come.»

Como ella advierte en su nota, la negación del pasado o del presente, son una garantía para que lo negado se repita y sus efectos se perpetúen. Pasado, presente y futuro son páginas de un mismo relato y para entenderlo es necesario no saltear ninguna, por dolorosa que parezca. Por vergonzosa que sea.

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