Argentina en marzo: la simultaneidad de un reclamo de libertad y un zarpazo terrorista

En el mismo momento en que recibíamos el documento de 13 juristas canadienses que reclaman ante la Suprema Corte de Justicia de la República Argentina por la libertad de Milagro Sala, la prensa publicaba las fotos del último zarpazo de un terrorismo que sigue amenazando a la sociedad de ese país. Y no sería posible ni estaría bien tratar un tema sin aludir al otro. Porque estamos en marzo. .

Petición Suprema Corte -Argentina -Febrero 2021

El reclamo de libertad y su oportunidad

Entre los firmantes del documento al que se accede haciendo click en el vínculo de la derecha, hay un Procurador General de la Provincia de Ontario y Director Ejecutivo de la Asociación Canadiense por los Derechos Civiles, cuatro miembros y un oficial de la Orden de Canadá, dos miembros de la Orden de Ontario, un ex-secretario de Amnistía Internacional, y un catedrático de Justicia Social y Democracia de la Universidad de Ryerson.

Lo injusto de la prisión de Milagro Sala, o que lleva en prisión más de 5 años sin sentencia firme y en base a acusaciones que se han probado infundadas, es cosa sabida por quienes han seguido su caso de cerca, pero el interés de estos prestigiosos juritas canadienses significa un elemento de presión adicional muy significativo.

Ya en 2016 el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Detención Arbitraria había determinado que su detención no se ajustaba a derecho, exhortando al gobierno de entonces a cumplir con los tratados internacionales firmados por Argentina y liberarla de inmediato. Y un año después la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dictó una resolución en la que dispuso que el Estado argentino debía tomar medidas que garantizaran su derecho a tener un juicio justo y que no se la siguiera sometiendo a una prisión preventiva que vulneraba el principio de inocencia.

En aquel momento el gobierno de Mauricio Macri y el gobernador de la provincia de Jujuy, Gerardo Morales, se empeñaron con saña en que continuara sin resolverse su situación y a eso se sumó la presión de una prensa hegemónica siempre dispuesta a dañar todo lo que huela a dignidad de los pueblos indígenas. De ese modo, no sólo prolongaron su prisión preventiva sino que han logrado mantenerla hasta hoy en una situación de prisión domiciliaria totalmente arbitraria.

Milagro Sala es una líder comunitaria indígena del noroeste argentino que junto a sus compañeros de la organización Tupac Amaru y con un decidido apoyo de los gobiernos anteriores a 2016 (año de su detención), impulsó cooperativas de vivienda y de trabajo y desarrolló clínicas médicas logrando que su ejemplo fuera seguido en varias provincias vecinas e incluso por movimientos populares de la capital del país. En virtud de todo ese trabajo había sido elegida en las elecciones de 2015 como diputada del Parlasur y, obviamente, está pagando por ser indígena, por ser mujer, y por haberse atrevido a construir un contra-poder en oposición a una casta que desde la colonia ha gobernado y obtenido beneficios de la sobreexplotación de las poblaciones originarias a las que se ha despojado de prácticamente todo.

Sin embargo, ni el gobernador de Jujuy ni la prensa que durante años promovió su desprestigio y su muerte civil hubieran podido mantenerla tanto tiempo en prisión de no haber sido por un actor que, en la República Argentina, ha traspasado todos los límites imaginables de corrupción, arbitrariedad y colusión con los poderes fácticos (llámense mundo empresarial, monopolios mediáticos o Servicios de Inteligencia): el Poder Judicial.

Por esa razón es tan importante que desde el exterior del país surjan voces como las de este grupo de abogados canadienses y que esa voces interpelen directamente a la justicia. No porque vayan a conmover a un aparato judicial del que se han apropiado personajes para quienes la ética y la justicia parecen no significar nada, sino porque Argentina toda, incluído su actual gobierno, necesitan sanear ese poder del Estado que, como acaba de reconocer el Presidente Alberto Fernández, “vive en las márgenes del sistema democrático”.

El zarpazo y los símbolos del miedo

Ese margen al que Alberto Fernández alude no es, como solemos pensar cuando de márgenes se trata, una frontera nítida entre lo que es Democracia y lo que no lo es. Se trata de una zona amplia, lóbrega y pantanosa, que no separa sino que constriñe y asfixia.

Desde ese territorio de connivencia de los intereses más variados se juzga, se castiga o se perdona según convenga, se distorsiona lo real, se desinforma, se desestabiliza, se extrae, se estafa, se espía, se extorsiona, se condiciona toda posibilidad de dignidad futura, y se expande el odio desvergonzadamente.

Por eso hablábamos al inicio de esta nota de zarpazos amenazantes y utilizábamos la palabra terrorismo para referirnos a las fotos que circulaban en la prensa en el mismo momento en que nos llegó el documento de los 13 juristas canadienses.

Son fotos de bolsas mortuorias negras, depositadas frente a la Casa Rosada el 27 de febrero durante una marcha opositora de las incontables que han habido durante todo un año de angustia y de pandemia. Las hubo antes con horcas y con ahorcados. Las hubo con ropajes del KKK. Esta vez se prefirió utilizar bolsas que simulan contener cadáveres y que tienen nombres y apellidos propios. Una de ellas por ejemplo, lleva el de la Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, una mujer de 90 años que dedicó 50 a la búsqueda de niños y niñas secuestrados tras el asesinato de sus madres o padres durante el Terrorismo de Estado desatado por la última dictadura militar argentina.

Estamos en marzo, un mes en el que en todo el mundo se celebra a las mujeres y sus luchas. Pero además, se trata de un marzo especialmente significativo para la Argentina ya que se cumplen 45 años del inicio de uno de los episodios más canallescos y brutales de la historia del siglo en nuestro continente.

Quienes colocaron allí esas bolsas saben lo que hacen. Saben ellos y sus mandantes que con ese gesto no sólo recuerdan aquel terror sino que lo reviven y lo festejan. Y que con ese festejo amenazan, no sólo a los o las involucradas sino a un cuerpo social digno pero desgastado y vulnerable; reproducen simbólicamente el miedo y con esa reproducción ensanchan aún más el margen odioso en el que viven y medran.

Por esa razón no hemos querido que la información sobre el esfuerzo de los juristas canadienses para reclamar por la liberación de Milagro Sala estuviera desconectada de las bolsas negras del 27 de febrero y de su significado simbólico. Porque estamos en marzo y porque el odio, aunque parezca mentira, no termina.

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