¿Nos vacunaremos sólo para protegernos o proteger a los demás? No. Lo haremos para posibilitar el futuro

Desde el comienzo de la pandemia han habido dudas sobre la seguridad y la eficacia que podrían tener las vacunas en desarrollo.

Esas dudas han existido siempre, desde que Edward Jenner descubriera en 1796 el modo de prevenir la viruela. Han sido reacciones basadas en la ignorancia y el desconocimiento no sólo de las ciencias sino fundamentalmente de la realidad.

Hoy, la situación no es diferente… Puede ser peor. .

En los 3 meses transcurridos desde nuestro nacimiento (y con el respaldo de Red Cross Canada), se publicaron en Diálogos 43 notas relacionadas con la Covid-19 y una serie de artículos dirigidos a crear conciencia acerca del valor que las vacunas han tenido en la historia de la humanidad. La idea ha sido conocer mejor todo lo relacionado Sars-c y comenzar a prepararnos para este “Año II” de la pandemia.

Hoy el mundo comienza una nueva etapa que Diálogos se esforzará en acompañar. El foco ahora es ¡Vacúnate! No sólo para protegerte y protegernos, sino para que el futuro no sea un mar de incertidumbres.

Sólo la vacuna contra la viruela ha evitado la muerte de 30.000.000 de personas, Pero si sumamos el impacto sanitario, social e incluso económico que las vacunas contra la poliomielitis, la difteria, el sarampión o la tuberculosis (por citar sólo algunas de las más conocidas) han tenido en nuestras sociedades, llegamos a la conclusión de que el mundo que conocemos fue posible, en gran medida, gracias a la aparición de las vacunas.

Esta vez, en cambio, se han sumado nuevos elementos que pueden alimentar cierto tipo de recelos.

Fue necesario acortar al máximo el tiempo que normalmente insume la aparición de una vacuna, pero además, encontrar una forma eficaz de combatir al nuevo virus se transformó en un objetivo político y geopolítico de primer orden y las ganancias en juego son de un orden difícil de cuantificar.

Frente a cada uno de esos elementos alguien podría dudar sobre si confiar o no en los resultados y eso es crucial ya que del éxito que tengan las campañas de vacunación dependerá si podremos volver a vivir con cierta normalidad sobre fin de este mismo año, o si la pandemia seguirá afectando nuestras vidas mucho tiempo más.

Se calcula que para que se alcance lo que se conocece como “inmunidad grupal”, será necesario que el 80% de la población o bien se vacune o bien se infecte (y se recupere).

Esas son las dos condiciones para que un persona se transforme en una barrera para la transmisión del virus (aunque aún no sea posible saber durante cuánto tiempo). Y eso quiere decir que cada persona que decidiera no vacunarse o no hacerlo cuando le sea posible, será un vehículo a través del cual el virus seguirá circulando. Un colaborador desprevenido, pero un colaborador al fin.

En síntesis, no nos vacunaremos “sólo” para combatir el virus hoy o, como habitualmente se dice, para proteger a las personas de edad que se han mostrado como las más vulnerables frente a él. Nos vacunaremos para no ser, nosotros mismos, vehículos de la ruina. Para que el futuro que deseamos no se demore de tal modo que termine siendo inalcanzable.

Nos vacunaremos para proteger a nuestras hijas e hijos y para asegurar su derecho a educarse con normalidad, en igualdad de condiciones, y sin estrés. Para que sea posible que los comercios de nuestro barrio vuelvan a abrir sus puertas y las calles no se transformen en fantasmas de lo que alguna vez fueron. Para no perder nuestros trabajos. Para que las desigualdades no se agiganten obcenamente como lo han hecho en 2020. Para que nuestra salud mental no se siga resintiendo por falta de contacto humano… y por todas las razones que se nos puedan ocurrir.

Quien no lo haga, debería poder explicarle a quienes lo/la rodean, que nada de eso le importa. Que su “libertad individual” entendida del modo más torpe imaginable, está por delante del bien común.

A partir de estos primeros días de enero, entonces, Diálogos comienza la publicación de una serie de notas pensadas para que podamos aconsejar y colaborar en la toma de decisiones de nuestros familiares y amigos, en un tema que quizás sea, junto a la crisis climática, el más acuciante de los que la humanidad ha conocido en más de un siglo.

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