La voz de una época: Marea verde y despenalización del aborto en Argentina

Los alrededores del Congreso en Buenos Aires, Argentina, se cubrieron nuevamente de verde y de calor este diciembre, en plena pandemia, para acompañar y para celebrar una decisión que nos concierne a todas, a todos, y a todes. Especialmente en Latinoamérica. .

Todo lo bueno y lo malo que pasa en el mundo y en sus alrededores (desde la humillación sufrida por el hazmerreir americano, hasta la llegada de otra misión científica china a nuestra Luna; desde la firma del acuerdo comercial más importante de la historia de la humanidad, hasta los coletazos de la crisis climática en todas partes) aparece cada día opacado por la pandemia. 

Pero a pesar de la velocidad inusitada con las que los temas llegan y se van en 2020, la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina, con ser algo que en apariencia afecta sólo a ese país, será un catalizador duradero de las luchas de las mujeres en todo el continente. Y (esperemos) anuncia el epílogo de la cohabitación perversa y escolar entre Iglesia y Estado que tanto mal ha hecho siempre.

Por eso y porque sólo cabe esperar que en la Cámara de senadores esta vez la posibilidad de abortar sin persecuciones, sin demonizaciones ni castigos, se haga Ley, hemos querido, mientras esperamos el resultado final, compartir el desahogo de la columnista de la lavaca.org, Claudia Acuña.

Claudia Acuña es periodista, docente y escritora. Fue la primera mujer en recibir el Premio Rey de España en la categoría mejor crónica publicada en Periodismo gráfico (1989) y primera periodista en recibir la Beca Guggheim (2011). Fundadora de: lavaca.org y la Red feminista de defensa de los derechos de las profesionales de la comunicación.

La voz de una época

Todo nos cuesta dos veces. Todo. Que la Cámara de Diputados apruebe esta ley, también.

Pero todo lo que se lucha dos veces cala más profundo y por eso mismo hoy escuchamos a muchas diputadas hablar con una convicción y un léxico que en la primera oportunidad ni se atrevían a usar y ni sabían hacerlo.

Aprendieron.

Y lo aprendieron por escuchar a la calle una y otra vez: dos veces.

Y por escuchar a lxs expertos, una y otra vez: dos veces.

Y por escucharnos a unos y otros diciendo lo mismo.

Lo que se repite no es redundante cuando se lo decimos al poder, pero solo en esta segunda oportunidad parece haber quedado en claro que de un lado suenan argumentos y del otro, amenazas. En sólo dos años esa diferencia es ahora percibida nítidamente, muy especialmente por legisladores del Norte, impregnados por la experiencia del golpe boliviano. A Latinoamérica también todo le cuesta dos veces y por eso no fue Dilma sino Evo quien finalmente los hizo ver la cruz del fascismo.

Todo nos cuesta dos veces. Sí.

Y por eso hoy las lágrimas tuvieron más rabia que emoción y por eso mismo también lo primero que se gritó fue dirigido al Senado. Primero como deseo y luego, como exigencia:

“Escúchennos”.

Esa voz no reclama oreja.

Exige derechos.

Esa voz no tiene género: es de las, los, les.

Tampoco edad: la gritaron las muy jóvenes, las no tanto y las más veteranas.

Esa voz es la voz de una época, que tras la pandemia, el aislamiento, las restricciones, la crisis económica y la de abrazos está pariendo lo que más necesitamos: futuro.

 

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