Historias de virus y vacunas en nuestra historia (IV)

Los primeros indicios de la práctica de “variolización” se registran en China durante el siglo X,​ mientras que la primera práctica documentada se remonta al siglo XV. Sin embargo, la idea que había detrás de esa práctica no penetró en Europa hasta bien entrado el Siglo XVIII y lo hizo gracias a Lady Mary Wortley Montagu, con quien nos encontramos en nuestras dos historias anteriores. .

Lady Mary había contraido la viruela en 1715 y su hermano había muerto a causa de la enfermedad. En Turquía, en donde vivió algunos años, había hecho muchas amigas entre las mujeres musulmanas y con ellas conoció la costumbre de inocular con pus tomado de una persona que padecía una forma leve de la enfermedad a una persona sana como forma de inmunizarla. Presenció en 1817 ese proceso en casa de una de sus amigas, e inoculó en 1818 a su propios hijo, llevando luego la idea a Europa a su regreso.

En una carta dirigida a una amiga en Londres en la que le relataba la “variolización” de su hijo, le decía: “There is a set of old women [here], who make it their business to perform the operation, every autumn…when then great heat is abated…thousands undergo this operation…[and there] is not one example of anyone that has died in it.”

En abril de 1721, cuando una epidemia de viruela azotó Inglaterra, Maitland, el mismo médico que había inoculado a su hijo en la embajada en Turquía, inoculó a su hija y dio a conocer el evento. Esta fue la primera operación de este tipo realizada en Gran Bretaña, el procedimiento se popularizó rápidamente, en especial entre las clases altas, y se extendió por Europa. Sin embargo, la inoculación no siempre era un proceso seguro. Los inoculados desarrollaban un caso real de viruela y podían infectar a otros.

En 1796, durante el momento de mayor extensión del virus de la viruela en Europa, un médico rural de Inglaterra, Edward Jenner, observó que las ordeñadoras adquirían ocasionalmente una especie de viruela bovina por el contacto continuado con estos animales, y que luego quedaban a salvo de enfermar de viruela común.

Efectivamente se ha comprobado que esta viruela bovina es una variante leve de la mortífera viruela «humana». Trabajando sobre este caso de inoculación, Jenner tomó pus de viruela bovina de la mano de la granjera Sarah Nelmes e inoculó este fluido a través de inyección en el brazo de un niño de ocho años, James Phipps.

El pequeño (hijo de su jardinero) mostró síntomas de la infección de viruela bovina. Cuarenta y ocho días más tarde, después de que Phipps se hubiera recuperado completamente, el doctor Jenner le inyectó al niño virus de viruela humana, pero esta vez no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad.

Hoy nos llama la atención no sólo el hecho de que Jenner haya elegido un niño -y para colmo el hijo de un sirviente- para probar esa primera vacuna de la historia, sino que haya expuesto su vida una vez más inoculándole el virus de la enfermedad real para comprobar la eficacia de su creación.

Basta leer a Dickens para entender que los niños pobres, en aquella época de inicios de la Revolución Industrial, no tenían el valor que hoy les damos y carecían de derechos.

En nuestra próxima nota veremos a otros niños jugar un papel esesncial en el desarrollo de aquella primera vecuna, pero esa es otra historia…

 

 

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