La violeta – 1º de agosto – La temporalidad de las cosas

María Alegría Estrada, María Emilia Mieres y María Escobar Náñez son los nombres de quienes obtuvieron los 3 primeros premios en el certamen de relatos breves organizado por el Dpto. de Español y Portugués de la Universidad de Toronto y Latin@s en Toronto. .


 

Primer Premio: María Alegría Estrada

La violeta

 

El martes de camino a Dundas, Dorita encontró a Catalina.
– ¿Qué tienes? Luces terrible – comentó Dorita
– No sé, tengo varios días con calentura, voy al doctor, después nos vemos.
Respondió Catalina
– Ok asintió Dorita.

Para la noche del viernes, Dorita también se sentía bastante enferma.
¿Será que Catalina la contagió de algo? – se preguntó

Mientras regaba su violeta, pensó que lo mejor sería irse a la cama.

Lo extraño sucedió un día después, cuando el malestar desapareció por
completo. También notó que la violeta estaba toditita marchita.

Buscando en internet información sobre cómo revivirla, le salió al paso, un
texto titulado: “Simbología de las violetas.”

El texto decía:
“Para el folclor medieval las violetas fueron tomadas como amuleto
protector de la salud.”

Sintió correr un frío helado por todo su cuerpo. Nno se quedaría con la duda,
preguntaría por teléfono de qué había estado enferma su amiga Catalina.

Cuál sería su sorpresa cuando quien contestó, le dijo:
-Catalina tenía el virus, se agravó y falleció antier por la madrugada-.

¿Qué pasó entonces? ¿Dorita fue contagiada por Catalina y su violeta actuó como
amuleto protector?
Esto al parecer, siempre será un misterio.


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Segundo Premio: María Emilia Mieres

1º de Agosto

 

Julio empezó muy arriba para luego bajar. Julio fue mas bajo que alto. Julio fue
confirmar un pensamiento, fue un descubrimiento que desarmó una idea: una dinámica y toda una motivación.

Julio fue la destrucción del ser con el fin de prepararlo para una resurrección como alguien más fuerte, más sabio y menos ingenuo; un ser capaz de comprenderse a si mismo.

Se necesita un poco de caos para volver a estar bien. Julio fue todo eso: fue el
comienzo de un largo proceso, fue el sufrimiento que eventualmente desembocaría en la paz.

En julio me destruiste el alma, pero poco a poco me fui reconstruyendo de manera
diferente a todo lo que alguna vez había sido.

Hoy siendo las 10 am de un primero de agosto, soy una versión nunca-antes-vista de
mi misma. Me doy cuenta de que lo peor ya pasó;, de hoy en adelante solo queda levantarme y darle la bienvenida a lo que sea que esté por llegar.

Hoy, primero de agosto entendí que Julio fue un mal necesario.


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Tercer Premio: María Escobar Ñáñez

La Temporalidad de las cosas

 

A las cinco de la mañana del 25 de noviembre del 2005 me desperté sabiendo que mi abuela Clementina ya no estaba conmigo.

Y me sorprendió darme cuenta de que el mundo de las cosas no había cambiado.

Mi reloj seguía indicando la hora, el color rojo de mi taza era el mismo que ayer.

Sin embargo, el café de la mañana no sabía igual.

El 7 de octubre del 2014 sucedió lo mismo. Me desperté, nuevamente, a las cinco de la mañana.

Esta vez confrontada con el “hasta luego” de mi abuela Lucila. Y una vez más, la temporalidad de las cosas me quiso engañar.

El poste de luz que alumbra mi calle prendió su luz, como siempre, a
las seis de la tarde.

El teléfono de mi abuela sonaba exactamente igual que ayer, solo que esta vez
siguió sonando.

Mis abuelas me enseñaron a valorar el tiempo. A no dejarme engañar por el mundo de las cosas.


 

Menciones del Jurado

Ximena Bailly Alvarado, Jesús Porras Vielma, Corallys Cordero, y Margarita Cifuentes son los nombres de quienes obtuvieron las 4 menciones del jurado en el certamen de relatos breves organizado por el Dpto. de Español y Portugués de la Universidad de Toronto y Latin@s en Toronto. .


 

Egoísta

Ximena Bailly Alvarado

 

Aún siento sus abrazos por detrás, su perfume que se quedaba en mi blusa hasta cuando él no estaba ahí; lo extraño.

Seis meses desde que lo vi por última vez; tengo necesidad de buscar atención solamente de él, algo que hace mi vida, miles de kilometros lejos de él, mas complicada. Hasta cierto punto una obsesión.

Cuando cierro los ojos, siento cómo él me cambia por otra mujer, mas delgada y con características mas finas. Me siento impotente al no poder regresar a mi país, con personas a las que les importo.

A la misma vez me siento culpable, -“Qué egoísta tendré que ser para preocuparme por un chico si hay personas que han perdido su trabajo, con familiares muertos, patrañas Maria!”-

A veces me encierro bajo las cuatro paredes de mi habitación y me imagino estar con alguien que me quiera, palabras de una egoísta.

Estos sentimientos de ser amada me carcomen cada vez más. El día después de que encuentren la vacuna, voy a estar libre de mi propio hogar que se ha vuelto una prisión estos seis meses. Distraeré mis pensamientos masoquistas con acciones que de verdad importen, y reconstruiré mi autoestima al punto del derrumbe.


 

Diario personal

Jesús Porras Vielma

 

Mérida, 20 de septiembre de 2034.

Finalmente puedo volver a escribir. Estos últimos años han sido los más terribles de mi vida. Está claro que debo enfocar mi energía y mi mente en otras cosas, quizás debería volver a la iglesia o qué sé yo. Definitivamente, no puedo seguir luchando en contra de algo que lo controla todo.

La Comisión Internacional del Porvenir Humano es demasiado poderosa y lo sabe todo, lo destruye todo, inclusive a mí: dos años sin poder levantarme de esta cama y quién sabe cuantos más me quedarán.

Pero, al menos puedo escribir…

Ayer volvió Julio. Seguí fingiendo que no puedo hablar. No quiero hablarle, aún no puedo creer que sigua trabajando en esa maldita empresa que me hizo esto y que destruye todo lo que toca.

No han logrado nada más que acumular poder y dinero… el calor es insoportable, los aires acondicionados ya no son suficientes. La gente tiene que salir con las mascaritas de oxígeno. En China crearon unas con incrustaciones de diamantes y hasta Madonna, que esta más vieja que mi abuela, las usa con el sello de D&G…

Lo bueno de estar clavado en esta cama es no tener que salir a enfrentar al mundo. A enfrentar mi amor por Julio, a tratar de hacerle entender lo equivocado que está.


 

Todo once tiene su trece

Corallys Cordero

 

Amaneció de golpe. Parecía que la ira colectiva estaba buscando un cauce. Nos había cambiado el nombre, los símbolos y hasta los méritos.

Millones marchamos hasta el Palacio de Miraflores para exigirle la renuncia. «La cual aceptó», dijo un personaje gris de entonces de cuyo nombre no quiero acordarme.

El día siguiente a ese once de abril, hace casi veinte años, se sentía raro. El cielo estaba encapotado y quizá por eso el ánimo de la derrota acechaba. Se olía la falta de coherencia de quienes apenas unas horas antes habían prometido una cruzada libertaria. Los vimos alzando la mano derecha y jurando en el aire defender la República a la que, de nuevo, le cambiarían el nombre. Mintieron.

Luego, comiquitas se transmitían en la tele; música clásica, en la radio, y murmuraciones, en las esquinas.

Despuntó el día trece con la proclama del otro bando: «todo once tiene su trece», coreaban y aplaudían con entusiasmo a su ídolo, quien parecía asustado y llevaba entre las manos un crucifijo de madera.

Lo alzó frente a las cámaras y juró en su nombre garantizar el bienestar del pueblo. Mintió. Una vez más mintió.


 

Un Claro en el Bosque

Margarita Cifuentes

 

La luz del sol sobre mi rostro me trajo bruscamente a una realidad que me negaba a aceptar.

Nada había cambiado desde los momentos experimentados la noche anterior. Todavía estaba ante el reto de decidir qué hacer, por dónde comenzar, qué paso dar.  Quizá mudarme a otra ciudad, para escapar del juicio severo de mis padres, pero el precio de mi libertad aún no estaba a mi alcance.

Luego de muchas vueltas, con la certeza de encontrarme en un laberinto sin salida, me percaté de haber caído en un juego mental, planteado por la incertidumbre frente a mi futuro.

Sin embargo, estos pensamientos eran mucho más saludables que escapar; como lo hice ayer con mi grado, al cual no asistí.

Para disipar el asedio de estos devaneos, fui por un helado de avellanas. Mientras el dulce seducía mis labios, iban apareciendo imágenes de los edificios y los prados bien cuidados de aquella universidad donde había soñado alguna vez estar, no sé si estudiando, o enseñando, o simplemente disfrutando de los mágicos parajes que hoy me llamaban nuevamente, con la voz de una vieja campana que tañía, desde el más remoto rincón de ese bello lugar.

 

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